¡Síguenos!
Salah celebra el gol del Liverpool en la final de Champions. ZUMAPRESS.com / Cordon Press

Champions

El Liverpool gana su sexta Copa de Europa

El Liverpool venció al Tottenham en la final de Champions (0-2) gracias a un gol de penalti de Salah, en el minuto 2 del encuentro y otro de Origi en el 87′.

Es difícil escribir contra la alegría de los aficionados del Liverpool, gente apasionada y que canta muy bien. Sin embargo, sin negar los méritos contraídos hasta el último partido, la verdad es que la final la ganaron los de rojo por un penalti que muy probablemente no lo era, o que no debería haber sido pitado, porque no era suficiente, y porque un partido tan grande no puede decidirlo algo tan vulgar como una axila, concretamente la oscura e insondable axila de Sissoko, que, por cierto, entró en el área como si estuviera espantando palomas.

Esta noche, y escribo mientras escucho el Never walk alone coreado por varios miles de aficionados, el Liverpool hubiera merecido ganar antes Eurovisión que la Copa de Europa.

Ese penalti a los 26 segundos del inicio condicionó por completo el juego y nunca sabremos cómo habría evolucionado ese partido sin penalti. Queremos pensar que esa otra posibilidad nos habría deparado un duelo excitante, tanto como las semifinales. Desde que vimos remontar al Liverpool y al Tottenham creíamos, inocentes, que el fútbol sería así a partir de ahora. Pues no. Aquello fue uno de esos cometas que pasan cada cien años.

Así que no salimos de nuestro asombro al asistir a una disputa meramente especulativa, y a ratos descorazonadora, porque sin la pasión como ingrediente descubrimos que los finalistas no son equipos especialmente dotados técnicamente, al menos en la zona de creación. El resumen es que al Liverpool ya le valía y al Tottenham no le alcanzaba. Ni un solo futbolista mejoró a la streaper que interrumpió el juego.

Por si no fueran bastantes los problemas de Pochettino, Kane no estaba al cien por cien, quedó claro muy pronto, y Eriksen apenas entró en contacto con el balón en los primeros 45 minutos. Demasiadas desgracias juntas.

En la segunda parte fue el vértigo (a ganar y a perder) lo que aceleró el partido. El Tottenham se acercó más al gol con Lucas Moura sobre el campo, pero entonces surgió la figura de Allison Becker, la corrección del destino a las calamidades de Karius. Ante un portero tan bueno no se puede llegar de cualquier manera y así es como llegó el Tottenham. Tampoco el árbitro era partidario del milagro. Lo poco que pudo barrer lo escondió bajo la alfombra del Liverpool. No había escapatoria. La final era roja y Origi, falso torpe, sentenció el asunto con un tiro que solo hubiera podido desviar Allison.

Ahí terminó. Y la única opción fue alegrarse por los cantantes de rojo, por su sexta Copa de Europa, por esa alegría desbordada que todo lo oculta y todo lo hace olvidar, hasta que el origen de la felicidad fue una axila negra e insondable.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Champions

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies