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Laurent Blanc Barcelona.
Laurent Blanc, como jugador del FC Barcelona.

Barcelona

Un club afrancesado

Desde que Laurent Blanc fichara por el Barça en 1996, hasta 16 futbolistas franceses se han vestido de azulgrana. Todibo será el último de ellos

Jean-Clair Todibo será el último de los futbolistas franceses en vestirse de azulgrana. Lo hará la próxima temporada, cuando se incorpore a coste cero al Barça. Novias no le faltaban al joven central de 19 años. Todibo había impactado a Europa por su rendimiento inmediato en las filas del Toulouse. Contundencia en el área y buena salida de balón, Éric Abidal ha logrado convencer a su compatriota de que el Camp Nou era la mejor opción. La dirección deportiva culé ha vuelto a pescar en aguas francesas. Y ya van unas cuantas.

 

 

Todibo será el 24º francés en enfundarse la camiseta azulgrana. Lo más llamativo es que, desde que Laurent Blanc fichó por el Barça en 1996, el caudal de futbolistas galos que han pasado por la capital catalana ha subido como la espuma del mejor champagne francés. Hasta 16 jugadores en concreto. Blanc supuso un antes y un después. La experiencia del entonces central en el Barça fue tan breve como prolífica. Ganó tres títulos, pero sufrió varias lesiones y nunca logró afianzarse en el once titular de Bobby Robson. Al término de esa temporada, regresó a la Ligue 1 para enrolarse en las filas del Olympique de Marsella.

De Blanc se pasó a Christophe Dugarry, que no era defensa, sino delantero. La experiencia de Dugarry en el Barça fue aún más breve que la de su compatriota. En su caso, fue sólo media temporada en la que apenas jugó y no anotó ningún gol. La dirección deportiva culé volvió a apostar por un central francés en 1999. Frédéric Déhu venía de ganar una Ligue 1 con el Lens y era un jugador muy codiciado en Europa. Sin embargo, su rendimiento nunca convenció a Louis Van Gaal y fichó por el PSG al finalizar la temporada. Ese Barça de finales de siglo, un poco como el de ahora con los franceses, se caracterizó por la presencia masiva de futbolistas holandeses. Llegaron a ser ocho, sin contar al entrenador.

El verano del 2000 fue traumático para todos los aficionados culés. El ídolo del barcelonismo, Luis Figo, se marchó al eterno rival después de que Florentino Pérez, que acababa de ser elegido presidente del Real Madrid, pagara su cláusula de rescisión de 10.000 millones de pesetas. Curiosamente, ese mismo verano también se produjeron elecciones en Can Barça. El vencedor fue Joan Gaspart, que aparte de jurársela de por vida a Florentino, invirtió el dinero de Figo en varios jugadores, entre ellos todo un campeón del mundo. El paso de Emmanuel Petit por el Camp Nou puede resumirse con el título del capítulo que le dedicó al Barça en su autobiografía: Barcelona, para mi desgracia. El centrocampista confesó en ese libro que “lo único” de lo que me arrepentía en su vida había sido “cambiar el Arsenal por el Barcelona”.

Petit Barcelona.

Los futbolistas franceses no funcionaban vestidos de azulgrana y Petit no fue la excepción. Lo mismo pasó con Richard Dutruel. Su fichaje por el Barça coincidió con el de Petit, sólo que fue menos doloroso porque Dutruel vino a coste cero y no por 2.600 millones de pesetas. Tampoco era campeón del mundo ni jugaba en el Arsenal, pero venía siendo uno de los mejores porteros de la Liga con el Celta de Vigo. El guardameta galo se alternó la titularidad con Pepe Reina en su primer año y fue suplente de Roberto Bonano en el segundo. En 2001, el Barça anunció el fichaje de otro futbolista francés. Philippe Christanval era un defensa muy del gusto de Carles Rexach. El entonces director deportivo culé debió de llevarse un chasco grande cuando vio como su apuesta personal pasaba con más pena que gloria por el Camp Nou. Actualmente, Christanval regenta una tienda de joyas, su otra pasión, en el centro de Londres.

La historia volvía a repetirse. Parecía que al Barça le perseguía una maldición proveniente de la vieja Galia. Todos los futbolistas franceses que aterrizaban en la capital catalana dejaban más sombras que luces. Hasta la llegada de Ludovic Giuly, que fue el jugador que vino a demostrar que el FC Barcelona y Francia eran dos entes que podían llevarse bien. El extremo lionés se ganó el cariño de todo el barcelonismo en las tres temporadas que se enfundó la azulgrana. Clave para Rijkaard, ganó dos Ligas y la Champions de París. Especialmente recordado fue su decisivo gol al Milán en las semifinales de esa Copa de Europa.

Giuly Barcelona.

En 2005, un año después del fichaje de Giuly, otro Ludovic llegó al vestuario del Camp Nou. El caso de Ludovic Silvestre es particular, pues es el único de los futbolistas franceses que ha jugado para el Barça siendo canterano del propio club. Silvestre, actual internacional por Guadalupe, logró dar el salto de La Masía al primer equipo. Su experiencia, eso sí, fue efímera. El joven centrocampista apenas disputó dos encuentros el año en el que los azulgranas ganaron Liga, Champions y Supercopa de España, lo que le valió para que su nombre quedase registrado como uno de los campeones de aquel equipo de leyenda. Que le quiten lo bailao.

Cuando la Juventus de Turín descendió a la Serie B por el recordado calciopoli, varios clubes europeos fijaron su atención en algunos de los muchos futbolistas apetecibles que tenía aquella Vecchia SignoraPor decirlo de alguna forma, fue como dejar una bolsa de caramelos frente a un colegio: Ibrahimovic y Vieira se marcharon al Inter, Emerson y Cannavaro al Madrid, Mutu a la Fiorentina y Zambrotta y Thuram al Barça. El defensa francés fue uno de los grandes centrales de su generación. Desafortunadamente, en España se vio una versión apagada de Thuram, muy condicionada por las lesiones. En 2008, colgó las botas por culpa de una malformación coronaria que le descubrieron cuando estaba a un paso de cerrar su fichaje por el PSG.

El fichaje estrella del verano de 2007 fue el de Thierry Henry por el Barça. En el Camp Nou “lo vivió todo”, como el mismo reconoció. Fueron tres años en los que el delantero francés formó parte del mejor Barça de la historia, conquistó siete títulos y cumplió su sueño de levantar una Champions. Pep Guardiola lo reinventó escorándolo a una banda y el ex del Arsenal respondió haciendo valer su infinita calidad. De todos los franceses que se han vestido de azulgrana, ninguno ha tenido la clase de Tití.

Henry Barcelona.

Henry no aterrizó sólo en Barcelona. Ese mismo verano, el Barça pescó por dos en el mercado francés. Éric Abidal pasaba por un completo desconocido al lado de su compatriota. La dirección deportiva de Txiki Beguiristain se había fijado en él después de sus tres ligas consecutivas con el Olympique de Lyon. Imprescindible para Guardiola, que lo utilizó indistintamente de lateral y central, la imagen que mejor resume la huella que dejó Abidal en el barcelonismo la encontramos inmediatamente después de la final de Champions de 2011. El Barça acababa de hacer historia ganando su segunda Orejona en tres años y el capitán del equipo, Carles Puyol, le cedió al defensor francés el trofeo para que fuera él quien lo levantara. Abidal acababa de superar un tumor en el hígado, lo que no le impidió disputar los 90 minutos de la final al máximo nivel. Ese fue su mayor título: caer y volver a levantarse.

Jeremy Mathieu fue una petición expresa de Luis Enrique. El técnico asturiano vio en el defensor francés a su Abidal particular. Es verdad que Mathieu se había desempeñado como central y lateral en el Valencia, como también lo es que no salía bien parado de la comparación. Siempre en el ojo de huracán por los 20 millones de euros que costó, Mathieu se despidió del Barça tras tres temporadas en las que su rendimiento fue de más a menos. Tan trastocada quedó su imagen después de su paso por el Camp Nou, que el Sporting de Portugal, antes de ficharlo, le sometió a un periodo de prueba.

Desde la retirada de Puyol y hasta la llegada de Umtiti, el Barça llevaba varios intentos descabezados por encontrarle un acompañante en condiciones a Piqué. Vermaelen y el propio Mathieu, por no remontarnos a los tiempos de Chygrynskiy, habían contribuido a acrecentar esa leyenda negra sobre la figura del defensor central. Umtiti, criado en la prolífica cantera del Olympique de Lyon, espantó todos los fantasmas desvelándose como la pareja de baile perfecta para Gerard Piqué. Campeón del mundo con Francia el pasado verano, el central de origen camerunés ha hecho de los 25 millones de euros que pagaron por él en 2016 una auténtica ganga. Junto a Umtiti, el Barça fichó a otro defensa francés. Con la diferencia de que Lucas Digne no venía para ser titular, sino para darle descanso a Jordi Alba. De Digne poco más se puede decir aparte de que cumplió cuando se le requirió. Este verano se marchó al Everton después de dos años a la sombra del lateral español.

Ousmane Dembélé ostenta el honor de ser el futbolista francés más caro de la historia del Barça. 105 millones de euros, sin tener en cuenta las variables, fue lo que le pagó la dirección deportiva culé al Borussia Dortmund para sustituir a Neymar. El primer año de Dembélé en el Camp Nou estuvo condicionado por la grave lesión que sufrió en el campo del Getafe y que lo mantuvo tres meses en el dique seco. Esta temporada, la versión del extremo galo es mucho más afinada. Que se lo digan a Coutinho, suplente por culpa de su compañero.

Hasta la llegada de Todibo, Clément Lenglet había sido el último fichaje francés del Barça. El conjunto azulgrana pagó este verano la cláusula de rescisión de 35 millones de euros que lo ligaba al Sevilla. Descubierto por Monchi, Lenglet está aprovechando las lesiones de su compatriota Umtiti para colarse junto a Piqué en el centro de la zaga azulgrana.

Si el Barça no le busca ninguna cesión a Todibo y decide incorporarlo al primer equipo de forma inmediata, tres de los presumiblemente cuatro centrales de la defensa culé de la próxima temporada hablarían la misma lengua. Por si fuera poco, todo hace indicar que Rabiot también se unirá a ellos. Junto a Dembélé, ya serían cinco futbolistas de nacionalidad francesa en el vestuario del Camp Nou. El Barça se está afrancesando y mucho tiene que ver en ese proceso el papel de su director deportivo, Éric Abidal, que ya firmó en verano a Malcom, que es brasileño pero jugaba en el Girondins de Burdeos. En señal de gratitud, tal vez el Barça debería plantearse incrustar en su bandera una franja blanca entre la azul y la grana. El resultado les sería conocido.

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