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C’est la vie!

Francia ganó la batalla en el centro del campo (tener a Kanté es hacer trampa) y la guerra se inclinó a su favor, jugarán la final del Mundial.

Os resumo todo lo que me dio tiempo a pensar mientras sonaba La Marsellesa: “Luto interrumpido. Cristiano Ronaldo tendrá que esperar. Mbappé a escena. ¿Lo estará viendo Florentino? Por supuesto que lo está viendo, qué cosas tienes”. También saltaba al césped Hazard, un muchacho que lleva años poniéndose un letrero luminoso sobre la cabeza que reza: “Mírame, papá. Mira lo que hago, quiéreme”. Su insistencia es admirable, pero es que su calidad es sobresaliente. El partido fue un perfecto ejemplo del fútbol de nuestro tiempo, de una versión mejorada y vertiginosa de un juego que ofrece cientos de alternativas si somos capaces de verlas venir. La clave es saber ponerse el mejor traje según la ocasión. Adaptarse o morir. Francia quiso marcar el terreno con su joven ruiseñor a la cabeza. Mbappé protagonizó una primera arrancada marca de la casa que, lejos de atemorizar a Bélgica, la estimuló. Desde esa jugada, Francia no olió la pelota, más bien corrió detrás de ella.

Un partido entre franceses y belgas es algo muy parecido a una guerra civil. No me sorprendería que algunos jugadores compartiesen antepasados. Para que se hagan una idea, esto es lo que puede leerse en la web France Diplomatie: “La vecindad geográfica, los factores históricos y culturales (el 40 % de los belgas habla francés), la fuerte interrelación de las dos economías y unos análisis que a menudo convergen, hacen que las relaciones franco-belgas sean especialmente estrechas y serenas”. Aunque no sé si utilizaría precisamente la palabra “serenidad” para describir lo vivido en San Petersburgo. El encuentro fue más bien de altos vuelos. Lo de Pogba en este Mundial es una rehabilitación en toda regla. Lo celebran en Francia y lo celebrarán en el United si mantiene la cabeza sobre los hombros. Lo de Hazard, en cambio, ya es costumbre. El primer tiempo fue un intercambio de golpes entretenido, pero educado. Los dos tuvieron sus opciones y ambos murieron en las manos de Courtois y Lloris.

Cuando Umtiti puso a Francia por delante nada más empezar la segunda parte, Bélgica tuvo que apretar los dientes, jugar con el corazón caliente y la cabeza fría. El gol del defensa del Barcelona para Francia suponía el primero que encajaba Bélgica de córner en un partido de la Copa del Mundo desde 1994. Mérito tiene. Le costó a Bélgica reponerse del golpe y en lo que tardó en pestañear, Mbappé empezó a crecer. Los jugadores belgas se miraban los unos a los otros sin encontrar respuesta alguna, porque tratar de frenar a ese mancebo debe de ser como querer coger el agua con las manos. Francia ganó la batalla en el centro del campo (tener a Kanté es hacer trampa) y la guerra se inclinó a su favor, jugarán la final del Mundial.

Bélgica se queda a las puertas del Olimpo, pero creo que han derribado sus propias inseguridades y han construido una idea que tiene mucho recorrido. Apuntaba de manera muy acertada el escritor canadiense Douglas Coupland, que hoy todo el mundo parece idéntico porque nadie tiene tiempo para diferenciarse, ni siquiera tiene tiempo para comprar. Pues bien, además de tener la nevera llena, Bélgica ha dado con la tecla, ya saben quiénes son, lo que quieren llegar a ser y de qué manera. Diferente, pero acertada, y cuentan con las ayuda de Roberto Martínez. No ha sido suficiente para jugar la final del Mundial, pero solo porque Francia ha ejecutado mejor su idea. Así es la vida, los hermanos mayores son más fuertes. De todas formas, oiremos hablar de ellos a corto plazo.  Os resumo todo lo que me dio tiempo a pensar mientras esperaba el pitido final: “Luto reactivado. Cristiano Ronaldo ya no está. Mbappé y Hazard me gustan. ¿Los habrá visto Florentino? Por supuesto que los ha visto, qué cosas tienes”.

 

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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