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Diario de la Bastilla

Un paseo para recordar

Esta Francia sideral se chupa los dedos pensando en sí misma.

No hay nada más francés que el orgullo. Y la puesta en escena en el Parque de los Príncipes de este Mundial sirve para admirar a nuestros vecinos, e incluso, para desearles suerte, dado que nuestras posibilidades de bailar en la azotea de la Torre Eiffel son, de momento, demasiado inocentes. Esta Francia sideral se chupa los dedos pensando en sí misma. La coreografía con la que las jugadoras francesas celebraron cada uno de los cuatro goles que le hicieron a Corea del Sur no deja de ser una declaración de intenciones. En su Mundial, Francia va a poner la alfombra roja, la música, el banquete y la intención de bajar a Estados Unidos de las alturas para que el mundo entero vea que son mortales y vulnerables.

Para eso, todavía faltan unos cuantos cabezazos de por medio de Wendie Renard. La central del Lyon fue ayer una esfinge, con cabeza y pecho de mujer, pero con cuerpo de leona. Imperturbable para reinar en la retaguardia francesa y con una testa privilegiada, Renard enarbola la bandera de la revolución. 186 centímetros de acero que las coreanas admiraron con sus diminutos pies pegados al suelo, y que nunca pretendieron defender por tener la sensación de estar frente a frente ante la defensa más poderosa de Europa. El miedo estimula, pero la admiración paraliza.

Francia es una fascinante novela coral que tiene en Amandine Henry a una editora de alta cuna. La manecilla que marca las horas en el Lyon, dirige a las bleues sin levantar la voz. Ajusta los espacios, borra lo que sobra y añade hasta puntos suspensivos cuando arma la pierna y deja volar la imaginación. A la portera coreana, que tuvo que intentar interponerse en el camino de un disparo de dudosas intenciones con su bienestar bajo los palos, solo le quedó disfrutar del espectáculo. Su primera clase magistral en este Mundial merecía un final a cámara lenta, como la parábola que dibujó ese balón antes de tocar la red.

Francia se paseó silbando con las manos en los bolsillos por los Campos Elíseos, mientras Corea aplaudía el honor de haber sido avasallada con tanta elegancia. En las gradas, los franceses perdían la compostura ante un equipo que puede servirles en bandeja un doblete histórico para un país que siempre mira desconfiado y de reojo al resto del mundo, aunque tengan u ostenten el poder en cualquier disciplina. El ambiente en el Parque de los Príncipes invita a pensar que el fútbol femenino ya sueña despierto, que Francia es un monstruo de varias cabezas y que a esta bestia no se la apaciguará con música.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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