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Frontera verde: todo parecía bonito

La calificaremos amablemente de prescindible, aunque lo peor es que parece que hay segunda temporada…

Todo parecía bonito. La fotografía, la temática, el entorno e incluso el tráiler, pero tras ver los 8 capítulos debo decir que esa selva me dejó tan frío como si en vez de estar rodada en la Amazonia se hubiese rodado en la Antártida y hubiese versado sobre la vida de Amundsen. Yo soy de Netflix y confío en sus producciones así que al ver el estreno de “Frontera Verde” decidí subirme al carro sin pensarlo. La historia en sí ya es un poco manida: agente de la policía de ciudad que va a una zona rural a resolver un crimen, dándose el caso de que es su pueblo natal. Ya la hemos visto muchas veces, pero no por ello me desanimé. El entorno selvático y el asesinato de un grupo de religiosas, que es de lo que trata, intuía que daba para una serie entretenida, máxime cuando los personajes policiales eran muy creibles, en especial Reynaldo, el policía local que ayuda a la detective Helena Poveda en su cometido, y el subcomisario de policía, que parece sacado de cualquier comisaría perdida de cualquier pueblo de Sudamérica con su barriga y sus modales. Entre los tres, prestaban un realismo sobre el que se podría mantener la serie, pero para mi asombro esa credibilidad desaparecía por completo cuando los protagonistas indígenas Yua y Ushe tomaban la iniciativa.

Y si bien el inicio es muy realista, luego se pierde sin entrar en cosas que hubiesen podido dar mucho juego, porque una de las cosas que más me atraía era ver cómo se desarrollaba una historia en torno a una mujer en un mundo marcadamente machista. Pero conforme avanzaban los capítulos todo iba deviniendo en una atmósfera tan onírica como poco creíble intentando alargar algo que no es posible, pasando por momentos que no se entendían, de tan misteriosa como querían hacerla. La comunión de los indígenas con la selva, que debería haber sido natural y hermosa, es artificiosa. Entiendo por una parte que por la nula credibilidad de los personajes principales, pero por otro por la inexplicable realización, solo salvándose la serie a ratos por la química existente entre Reynaldo y la detective, cada uno con su historia a cuestas.

Decía la canción del peruano Abanto Morales que “¿No dicen ustedes que el cholo es sin alma y que es como piedra, sin voz, sin palabra…?”, pero es que la inexpresividad de los personajes indígenas exaspera y escuchar un monólogo de Yua, el varón, es para echar una cabezada. Toda esta mística para finalmente plantear un final bastante absurdo, porque en esa selva de natural hay muchos malos, madereros, buscadores de oro, narcotraficantes, proxenetas, guerrilleros, militares y políticos corruptos y, sin embargo, se rebusca para intentar dar un salto mortal, consiguiendo solo una caída aparatosa y eso sin entrar a valorar las escenas de la batalla, por llamarla de alguna manera. Será que acabo de terminar de ver “Vikingos” o que me gusta mucho Tarantino, pero he visto competiciones de cromos con más tensión.

En fin, la calificaremos amablemente de prescindible, aunque lo peor es que parece que hay segunda temporada…

 

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