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Gianni Infantino, presidente de la FIFA. CORDON PRESS

Fútbol

El fútbol del futuro empieza a jugarse en Rusia

El congreso de la FIFA se reunirá en Moscú para tomar dos decisiones clave: adelantar o no la expansión a 48 equipos en Qatar y elegir la sede para 2026.

A pocos días de que comience el Mundial, el futuro de las estructuras organizativas y competitivas del deporte se encuentra en una encrucijada como pocas en su historia. En los últimos años la velocidad de los cambios en el mundo del fútbol se ha acelerado vertiginosamente. Ha habido cambios tecnológicos, por supuesto, pero la transformación económica y estructural que hemos vivido dio nacimiento a lo que muchos llaman, con algo de desdén, el “fútbol moderno”. En esta carrera hacia la comercialización y la profesionalización de sus estructuras, las luchas entre los clubes, ligas y federaciones por el dominio del poder político y económico han marcado el desarrollo del fútbol como industria.

El mundo del fútbol se encuentra en un frágil equilibrio en el que los próximos pasos son de vital importancia para saber cómo estará estructurado en la próxima década.

Justo un día antes de que el balón empiece a rodar en Rusia, el congreso de la FIFA se reúne en Moscú para tomar dos decisiones importantes: Primero, si adelantar la expansión del Mundial a 48 equipos en Qatar 2022, en vez de para la edición de 2026 como estaba inicialmente previsto; segundo, elegir la sede del citado Mundial de 2026.

La elección de la Copa del Mundo de 2026 es clave para el futuro de FIFA. Los asistentes al congreso tendrán que votar entre dos candidaturas que no pueden ser más diferentes. Por un lado, la presentada conjuntamente por Canadá, Estados Unidos y México. Por otro, la de Marruecos. El comité técnico que ha inspeccionado y evaluado ambas candidaturas presentó hace unos días su informe. Los norteamericanos obtuvieron una nota de 4 sobre 5, mientras que los africanos un 2,7. Ambos proyectos fueron considerados viables por los expertos, si bien la candidatura marroquí tenía muchos más aspectos considerados de “medio y alto riesgo” (13 en total, 3 de ellos de alto riesgo) que la norteamericana (tres, todos de medio riesgo).

La candidatura norteamericana se presenta como un salvavidas económico para FIFA, cuyas cuentas han registrado un déficit en los últimos tres años debido a la caída de los ingresos comerciales y los altos costes de los múltiples procesos legales en los que se ha visto envuelto el organismo. Los norteamericanos en su candidatura aseguran unos ingresos de 14.300 millones de dólares (12.194 millones de euros), lo que supondría un importante desahogo para FIFA. Además, la candidatura asegura un bonus de cerca de 400 millones de dólares (341 millones de euros) para FIFA como parte de la venta de los derechos de televisión del torneo. Por contra, Marruecos representa la candidatura del fútbol más modesto y el deporte en desarrollo. También proporcionaría importantes ingresos económicos, dado el nivel de desarrollo comercial de la Copa del Mundo, pero sus proyecciones no llegan a las de la candidatura norteamericana ni de lejos. En su plan de negocio calcula unos ingresos de 7.200 millones de dólares (6.140 millones de euros). La mitad que la candidatura norteamericana.

Con estos datos, y más tras el informe de la comisión de evaluación, el proyecto de Canadá, México y Estados Unidos parece partir como favorito. Sin embargo, en las últimas semanas llegan noticias de que fútbol africano y parte del asiático podrían estarse coaligando alrededor de la candidatura marroquí. La elección del Mundial de 2026 es la primera de una serie de decisiones que pueden marcar el futuro del fútbol a medio plazo. La cúpula de la FIFA está claramente interesada en que salga adelante el proyecto norteamericano por razones económicas para asegurar el futuro financiero de la FIFA como organización, pero la decisión está en manos del congreso.

Aunque está lejos de ser ruinosa, la situación económica de la FIFA se está debilitando ligeramente. Más aún cuando el potencial comercial de su principal activo, el Mundial de fútbol, parece tener algunos problemas. Así por ejemplo, varios de los mayores patrocinadores de la FIFA como Emirates, Continental o Samsung decidieron no renovar sus contratos en los últimos años. Y el comité organizador de Rusia 2018 está teniendo problemas para completar su cartera de patrocinio y así cumplir con los ingresos presupuestados. Sólo la llegada de nuevos socios comerciales asiáticos, la mayoría chinos, ha permitido a la FIFA y al comité organizador ruso salvar de momento las cuentas.

En esta situación se entiende mucho mejor la prisa que tenía el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, porque su consejo directivo aprobase una propuesta para reformar el Mundial de Clubes y crear un nuevo torneo internacional, la Liga de Naciones. Según Infantino estas dos ideas venían avaladas por un acuerdo comercial con un inversor (cuyo nombre no reveló por razones de confidencialidad) que prometía pagar 25.000 millones de dólares. Sin embargo, los planes de Infantino acabaron en vía muerta debido principalmente a la oposición europea. El Comité Estratégico de Fútbol Profesional de la UEFA emitió un duro comunicado criticando la falta de diálogo y de transparencia de la FIFA en estos planes. Infantino se encontró también con la oposición de otros miembros de su consejo directivo que pedían, como mínimo, más tiempo y más claridad para estudiar las propuestas.

Así pues, la FIFA de Gianni Infantino ha llegado a una situación en que su dependencia del éxito de la candidatura norteamericana para el Mundial de 2026 es aún mayor. Sobre todo si tenemos en cuenta que el Mundial de Rusia está teniendo problemas para generar ingresos comerciales y que el de Qatar 2022 es, en sí mismo, una gran duda a día de hoy. Más aún dada la situación geopolítica del Golfo Pérsico y el enfrentamiento de Qatar con Arabia Saudita y sus aliados en la región. Si el congreso de la FIFA decide votar por Marruecos, la federación internacional se verá en una delicada situación a medio plazo. Y la presidencia de Gianni Infantino podría peligrar si no es capaz de cumplir las promesas económicas con las que fue elegido.

En este contexto de reformas y conflictos, el fútbol europeo inicia también una etapa desconocida. En septiembre dará inicio una nueva etapa de la Liga de Campeones cuya composición y reparto económico de ingresos comerciales y premios beneficia a las grandes ligas y a los grandes clubes. Es el primer paso que tomó la UEFA para evitar la tentación de una competición alternativa organizada por los grandes de Europa. Sin embargo, no está claro hasta cuándo podrá resistir la UEFA sin una transformación aún mayor. El presidente de la Juventus (y también de la Asociación Europea de Clubes), Andrea Agnelli, dejó claro recientemente sus planes de futuro para el balompié profesional en Europa en una entrevista concedida a The Guardian. Agnelli quiere que se jueguen más partidos en la Liga de Campeones y menos en las ligas nacionales. Su propuesta usa la composición actual de 32 equipos en la fase de grupos de la Liga de Campeones. Para Agnelli, dicha fase debe estructurarse en 4 grupos de 8 equipos para jugar una liguilla a doble vuelta, lo que doblaría el número de partidos y, por supuesto, aumentaría los ingresos comerciales. Para acomodar esta nueva liga europea, Agnelli opina que las ligas nacionales deben reducir el número de equipos, incluso el de divisiones. En otras palabras, Andrea Agnelli propone que el fútbol europeo siga la estela de las estructuras ideadas por la Euroliga de Baloncesto y su CEO, Jordi Bertomeu.

El fútbol se encuentra en una etapa de movimiento y redefinición. Hay propuestas de todos los actores, muchas de ellas irreconciliables entre sí. Sería muy difícil cuadrar el nuevo calendario que quiere la FIFA, con un Mundialito de Clubes y la Liga de Naciones, con las propuestas de Andrea Agnelli. Por supuesto, más complicado aún puede ser que las ligas europeas acepten ver su competición reducida. En todo este panorama de propuestas y contrapropuestas quizás lo peor es que las organizaciones no hablan entre sí. Sin un diálogo estratégico y estructurado lo más normal es que lleguemos a un conflicto duro entre todas las partes. Así las cosas, esa votación del congreso de la FIFA de aquí a una semana para elegir la sede del Mundial de 2026 podría ser decisiva. Si se elige Norteamérica, las altas esferas de la FIFA respirarán un poco más tranquilas. Pero si Marruecos da la sorpresa FIFA seguramente acelerará sus planes para conseguir más ingresos económicos, lo que podría pasar por revivir el plan del nuevo Mundial de Clubes y la Liga de Naciones, con el consiguiente conflicto con los grandes clubes europeos. El fútbol y su organización se encuentran en una encrucijada que empieza a jugarse este verano en Rusia. Es muy probable que vivamos cambios drásticos en la próxima década.

Periodista de vocación hasta que decidió que prefería tener los fines de semana libres para ir al fútbol. Trabajó para la cadena SER y el Diario AS. Tuvo el privilegio de vivir y contar en directo el Mundial juvenil de fútbol de Nigeria como enviado especial. Hace años decidió cambiar el mundo informativo por el académico. Ahora es profesor de universidad y se dedica a investigar y explicar los entresijos de la gestión y del negocio del deporte en una universidad del centro de Inglaterra. Y a seguir las desventuras del Nottingham Forest.

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