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Fútbol

Fútbol y sindicalismo

Estamos acostumbrados a que el fútbol funcione con parámetros distintos, que sea un microcosmos, un pequeño oasis, un punto y aparte en el mundo empresarial.

Una vez más, creo que voy a ser impopular en mi tesis. Pero ¿y si hiciéramos nosotros, simples trabajadores, lo mismo que pretenden hacer ellos, trabajadores no tan simples, en nuestras empresas? Igual la relación causa- efecto entre lo decidido y lo demandado no es tan directa. Igual admite más lecturas. Con permiso… doy la mía.

No me identifico con el estilo Tebas. Ni su supuesta cercanía, ni su chusca manera de decir las cosas. Es un representante institucional lo suficientemente importante como para exigirle más mesura, más análisis previo sobre cómo lanzar sus mensajes. Conozco a mucha de la gente que tiene en el departamento de comunicación. Son profesionales competentes, pero, sospecho, con escaso margen de acción ante semejante derroche de verborrea de su presidente. Sinceramente, no imagino al presidente de la CEOE expresándose en los términos en los que lo hace Tebas. Pero como es fútbol, todo vale. Total…

Ahora bien: una cosa son los hábitos y usos del representante de la patronal y otro su auténtico rol. Él es el «comisionado» de los clubes de nuestra Liga. Es su portavoz. Su facto-factorum. Si algo tan obvio es asumido por los futbolistas ¿qué es lo que exigen exactamente? ¿ Una consulta previa sobre las decisiones que toman sus clubes, a la postre, sus empresas? Si es así, vamos a estar todos de acuerdo. Pero conste que es un puro formalismo no vinculante. Porque las decisiones, en primera y en última instancia, corresponden a las empresas. En todo el mundo. Éstas pueden exponer a sus trabajadores los planes de futuro. Pero la estructura empresarial nunca pone en sus manos el sí o el no a una inversión de futuro o una acción de marketing. Si te gusta bien y si no…

Si lo analizamos con frialdad es como si hace unos años nos hubieran hablado de las pretemporadas en China. Nos hubiéramos echado las manos a la cabeza. Pero pasó. Como en su día dijo Guardiola: «Hoy ya no hay pretemporadas, hay minigiras de verano». Y acatamos. Todos. Dinero manda. Sé que no es lo mismo, pero es muy parecido.

Estamos acostumbrados a que el fútbol funcione con parámetros distintos, que sea un microcosmos, un pequeño oasis, un punto y aparte en el mundo empresarial. Por eso, los futbolistas se pasan por el forro los contratos que firman, con el aplauso y el anuencia generalizada porque, claro, hemos interiorizado que esto es así y que, sin ellos, no hay negocio. Pues bien, ese  negocio hay que mantenerlo, hay que pagarlo y representa el 80% del presupuesto de la mayoría de los clubes españoles. Y ¿ de dónde se saca ese dinero?. De la tele, la publicidad… y también, desde ahora, de los acuerdos con otras empresas para explotar su trabajo en EEUU. Así es. Así de sencillo y de complicado a la vez. Lícito. Raro. Bienvenidos al nuevo orden empresarial. A mí me choca, lo reconozco. Pero igual si me pongo en otra piel…

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