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Paula Badosa, en una imagen de archivo. Foto: Cordon Press

Tenis

Promesas que todavía lo son

Las joyas del tenis femenino español son las mismas que en 2015. Cuatro años después, se espera que alcancen ya la élite, especialmente Paula Badosa

El 2018 fue un año irregular, por no decir nefasto, para las expectativas de la número uno del tenis femenino español Garbiñe Muguruza y, por tanto, también para los intereses nacionales. Lo empezó como segunda mejor jugadora del mundo y lo terminó en el puesto 18, algo que no le ocurría desde 2014. La debilidad mental, los problemas con su entrenador Sam Sumyk y las lesiones dieron lugar a su peor temporada desde que se convirtió en profesional y, consecuentemente, al descalabro de su juego, completamente irregular, más aún de lo normal. Otros años, un buen resultado en un torneo Gran Slam, de los cuales ya posee dos (Roland Garros en 2016 y Wimbledon en 2017) y en donde casi siempre ha mostrado su mejor tenis, habría salvado la temporada, pero 2018 ha sido un año prácticamente en blanco (solo ganó en Monterrey). En 2019, debe reencontrar su mejor versión y por falta de cualidades no será, pero…

Ante la posibilidad de que la estrella de Garbiñe sea menguante y las batallas constantes de Carla Suárez, satisfactorias, pero al mismo tiempo insuficientes, lleguen tarde o temprano a su fin, el aficionado español al tenis mira de reojo, o directamente, inevitablemente y deseoso el porvenir. Con ayuda de los expertos, analistas y periodistas especializados, especula con quién o quiénes pueden liderar el futuro en la disciplina tenística, femenina en el caso que nos concierne aquí.

España, recordarán algunos, fue una referencia del tenis femenino mundial. Ganó cinco Copa Federación en ocho años (entre 1991 y 1998), tres de ellas de forma consecutiva; sin embargo, tras perder la final contra Rusia en Madrid en 2008, su trayectoria ha sido desde entonces bastante irregular, cayendo incluso al Grupo Mundial II. También a nivel individual, con salvedad de los tremendos oasis de felicidad proporcionados por Garbiñe Muguruza ya mencionados. Hace tiempo que dijimos adiós, profesionalmente, a Arantxa Sánchez Vicario (en 2002) y a Conchita Martínez (en 2006), las máximas exponentes de aquella ilustre Armada.

Los éxitos colectivos vienen precedidos en muchos casos de los individuales, más aún en un deporte principalmente singular, quitando los dobles, como es el tenis. Ganar un torneo WTA Premier o Grand Slam o llegar a ocupar el primer puesto del ranking está al alcance de muy pocas. De hecho, es habitual fracasar en el intento, porque desde 1975, solo 25 tenistas han sido número uno. Únicamente dos españolas lo han conseguido: Arantxa y Garbiñe, durante dos y cuatro semanas respectivamente.

El paso de la categoría junior a profesional es la prueba más dura, o cuando menos una de las más costosas. Ganar siendo una niña o una adolescente no es sinónimo de hacer lo mismo como adulta. En este sentido, el tiempo parece haberse detenido, casi literalmente, porque las joyas del tenis femenino español en 2019 son las mismas que en 2015: Sara Sorribes (22 años), Paula Badosa y Aliona Bolsova (21 años cada una). Entonces, la primera con 18 años estaba situada en el puesto 226 del ranking y, al mismo tiempo, era campeona del mundo junior; la segunda con 17, en el puesto 677, había caído en cuartos de final junior de Australia y la tercera, la número 454 del mundo, también a la edad de 17, era subcampeona de España en categoría absoluta. Hace cuatro años nos dijeron que anotáramos sus nombres, pero hoy, 1.460 días después, siguen en el mismo papel, en el de promesas que quizá este año alcancen el top 50 o el top 100. Sorribes, en el puesto número 87, fue la única de las tres que terminó 2018 en la élite del tenis femenino. Por su parte, Badosa terminó el año en 143º lugar y Bolsova veinte escalones por debajo, 163.

Poco a poco, han ido escalando posiciones, aunque quizá no al ritmo que se esperaba. Por ejemplo, Muguruza en su primera aparición en un torneo WTA, en 2012, con 19 años, venció a la entonces número 2 del mundo Vera Zvonariova y a Flavia Penneta (que alcanzó el puesto 6 antes de retirarse). Su explosión fue tal que, desde su primera aparición en el circuito profesional a la consecución de Roland Garros, en 2016, pasaron solo cuatro años, los mismos que han transcurrido ahora desde su debut para Sorribes, Bolsova y Badosa, probablemente el caso más llamativo de los tres por haber sido la segunda española en haber ganado Roland Garros junior. La primera fue la pontevedresa Lourdes Domínguez en 1999, quien tras convertirse en profesional no fue capaz de superar la barrera de la tercera ronda en París (2005 y 2009), su mejor resultado en un Grand Slam junto con los dieciseisavos alcanzados en 2010 en el US Open. Domínguez, la primera gallega en clasificarse entre las 50 mejores jugadoras del mundo (40ª fue su mejor ranking), se retiró en 2016 sin posiblemente haber cumplido todas las expectativas que tuvo de joven, temor que en estos tiempos acecha a Paula Badosa y a sus compañeras de promoción (el mejor resultado de la catalana en un torneo WTA es el que cosechó el mayo pasado en Rabat en el Grand Prix Lalla Meryem: cuartos de final, tras ganar a la eslovena Polona Hercog en segunda ronda).

Como Bolsova, de origen moldavo, a quien precisamente ganó en la final del último torneo ITF de Valencia (30 de septiembre de 2017), Badosa, nacida en Nueva York (15 de noviembre de 1997), también es otro caso Muguruza, aunque puede que eso sea mucho decir, pues la hispanovenelozana con apenas 25 años y un currículo a la altura de las mejores tenistas españolas de la historia todavía tiene mucho bueno o malo por hacer. Al igual que Garbiñe, que en 2014 eligió representar a España en vez de a Venezuela, Badosa se decidió por la misma bandera cuando podría haber escogido la estadounidense. Al principio, de hecho, tuvo dudas y denegó la llamada de la capitana Conchita Martínez, precisamente en 2015 (“Tenía bastante claro lo que quería, pero Estados Unidos es un país muy grande donde te pueden ofrecer cosas muy buenas. Le dije que prefería esperar”).

Sus padres, Josep Badosa y Mireia Gibert, que son modelos de profesión y trabajaron durante 13 años en la Gran Manzana, donde nació Paula, decidieron anotarla a clases de tenis durante el verano de 2005, cuando estaban de vuelta en Cataluña. Así que, a pesar de no tener precedentes en la familia, comenzó a practicar tenis a los siete años en Platja d’Aro (Girona). No obstante, su primer contacto con el tenis no fue ese; se produjo gracias al trabajo de sus padres, a través del cual pudo conocer a personalidades como Leo Messi (Paula es culé confesa), Armani o las mismísimas hermanas Williams durante una sesión de fotos. Cuando el encuentro se llevó a cabo, Paula tenía cinco años y ni siquiera sabía lo que era una raqueta. Por descontado, tampoco sabía quiénes eran ellas.

Cosas de la vida, años más tarde, su referente no acabó siendo ni Venus ni Serena, sino María Sharapova, con quien guarda un cierto parecido físico y hasta tenístico (“Soy un poco diferente a las jugadoras españolas. Me gusta más el juego agresivo, los puntos rápidos; cuanto más rápidos, mejor”). Sus rasgos (rubia y de ojos claros), su estatura de 1,80 metros, ocho centímetros menos que la rusa, su poderosa derecha y su consistente revés facilitaron después la comparación. “Gestionar eso es difícil porque la gente habla mucho y tiene expectativas”, dijo la catalana de adopción tras ganar Ronald Garros con 17 años, una etiqueta que efectivamente la persigue. La precocidad, las esperanzas puestas en ella o los símiles no han ayudado a su progresión. Puede que los periodistas en nuestro continuo afán de encontrar herederos, heredera en este caso, o incluso la propia Paula tampoco hayamos cooperado.

2015 fue su mejor año a nivel deportivo y por aquel entonces Badosa acaparó titulares que le auguraban un porvenir de oro. Esa misma temporada, aparte del ya citado título en Roland Garros, alcanzó tercera ronda en Miami y superó la fase previa del Madrid Open, del que tuvo que retirarse por lesión, un leitmotiv que la asedió durante los dos próximos años, especialmente entre septiembre de 2016 y enero de 2017; estuvo cuatro meses parada. Esa situación le generó nervios e impotencia y tuvo problemas de ansiedad. La juventud no es el mejor momento para alcanzar la tan codiciada regularidad, porque en esa etapa la cabeza, por norma general, pues siempre hay excepciones, es acelerada, impulsiva, y los resultados en el tenis dependen en un alto porcentaje (70 u 80) del estado emocional, el apartado psicológico o mental.

Para mejorar ese aspecto, la que tuvo como mentor a Albert Molina (el mismo de David Ferrer), el pasado 31 de julio, volvió a contar con los servicios de Xavier Budó, el técnico que trabajó hasta hace poco con Carla Suárez y que la llevó a lo más alto de ranking WTA (6ª, 26 de febrero de 2016) y quien anteriormente ya había sido su profesor. Una (Carla) es la calma y la otra (Paula) es el torbellino de la tormenta.

En la actualidad, supera rondas de la fase previa del Open de Australia, con fecha de inicio el 14 de enero, al mismo ritmo que Bolsova; ambas están llamadas a ser dos grandes referentes del tenis femenino en España. ¿Cumplirá en 2019 el sueño de alcanzar el top 100, el mismo que objetivo que ya tenía en 2016? Paula Badosa finalizó 2018 como la sexta mejor española del ranking, por detrás de Muguruza (18), Suárez (23), Lara Arruabarrena (82), Sorribes (87) y Georgina García Pérez (131); todavía es una promesa y el futuro más próximo del tenis español, así que solo podemos esperar (y desear) que suceda.

 

 

Periodista vigués. No trabaja en el Daily Planet, ha estado en el decano de la prensa nacional y ahora va A la Contra, buscando siempre la mejor opción. Colabora con Radio Marca. Su debilidad no es la kryptonita, sino la Cultura y el Deporte, pero en el buen sentido. No vive en Smallville. Su nombre no es Clark Kent, tampoco es Superman, solo es periodista. Le tiene mucho respeto al crío que fue y no le piensa defraudar.

1 Comment

1 Comment

  1. Antonio Lopez Lobeto

    08/01/2019 at 20:01

    Buen repaso al tenis femenino español.Aciertas de pleno en las expectativas de las mejores promesas y haces un muy buen estudio de la Muguruza que entrno mi hijo Alberto que están de profesor en la Bruguera.Muy buen trabajo Marcos.

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