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Real Madrid

La obsesión por Pogba y la sombra del galacticidio

Zidane, un técnico mucho más italiano de lo que se quiere reconocer, vivió en primera persona el galacticidio. Por eso busca un coloso que corra y abarque.

La historia se construye en torno a consensos. Hubo una época en que todo el mundo estaba convencido de que, para ganar, resultaba imprescindible la inclusión de mediocentros físicos en los equipos. Potencia, músculo, fuerza. A principios de la década de los dos mil —mucho más ominosa que la de Fernando VII—, miles de niños y adolescentes madridistas, traumatizados por el derrumbe del Madrid galáctico, fuimos aleccionados acerca de la importancia de aquel rol, encarnado circunstancialmente en la figura de Claude Makelele. Según los expertos, era el tapón de la bañera que sujetaba aquel baño de espuma tan plácido, cuya ausencia lo arrastró por el sumidero, para nuestra desgracia.

Un vestigio de esta creencia podría explicar la obsesión actual por Paul Pogba. El futbolista francés tiene planta y calidad, de esto no cabe duda. Pero acaso la insistencia tan pertinaz por su fichaje tenga ecos de aquella obsesión. Al fin y al cabo, Zidane, un técnico mucho más italiano de lo que se quiere reconocer, vivió en primera persona el galacticidio. De ahí la preferencia hacia un coloso que corra y abarque, y las sospechas ante jugadores algo más discontinuos, menos dependientes de su físico que de su técnica. Podrían ser los casos de Ceballos, inexplicablemente descartado desde el minuto cero, o Fabián, inexplicablemente fuera de las quinielas en la lista de futuribles mediocampistas blancos. Ambos, cada uno con sus especificidades, son representantes paradigmáticos de lo que podríamos llamar “jugador andaluz”.

El jugador andaluz no tiene por qué cumplir con las características que se atribuyen de manera tópica a la región, pero de alguna manera comparte una cosmovisión, en mi opinión más cercana al entendimiento del fútbol como un juego antes que como una profesión. Lo que no quiere decir que frivolice: nadie juega con más seriedad que un niño del sur. Tampoco es inmune a la disciplina, pero intentará enmarcarla en las dimensiones que su intuición original le señala. Su fuerte puede ser el arabesco, la finta, el regate, el pase, la jerarquía o el disparo, resulta irrelevante: lo llamativo consiste en esa pátina de determinación, un punto primitiva, con que se obstina en llevar lo aprendido en la calle al campo. Además de una inteligencia, o más correctamente astucia, para desenvolverse en escenarios peliagudos. Por otro lado, casi siempre, el jugador andaluz es capitán independientemente de portar o no el brazalete. Muchas veces sin saberlo.

Uno echa mano de los libros de historia, y en todos los grandes Real Madrid ha habido al menos un jugador andaluz. Santisteban, Pineda, Juanito, Gordillo, Hierro, Sergio Ramos, Isco. Zidane quiere a Pogba, y yo no le afeo el gusto, pero la historia, también la de cada club, se construye en torno a consensos. Conviene recordarlo.

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