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Bale
Gareth Bale I CORDON PRESS

Real Madrid

Gales, golf, Madrid

Este hombre se ha convertido en el verdadero príncipe de Gales del fútbol.

Cuenta la leyenda que a finales del siglo XIII, Eduardo I, después de conquistar Gales, reunió a sus nobles, y en una opipara  cena, les preguntó que quién querrían que les gobernase. Le respondieron que alguien de sangre real, nacido en Gales, que no hablase inglés y que les permitiese vivir con independencia. Eduardo les miró fríamente a los ojos, mandó traer a su hijo recién nacido y les contestó con un…

– ¡Ahí tenéis a vuestro príncipe!

Efectivamente, el vástago del rey era de sangre real por los cuatro costados, vino al mundo mientras su madre (Leonor de Castilla) acompañaba al monarca en la campaña de Gales y aún era pronto para que hablase ningún idioma. Lo de la independencia lo cumplió, pero llenando de ingleses ese país y dándoles los mejores territorios del mismo. No ha habido conquistador sin su sombrero de trucos. Desde entonces, el heredero a la corona británica lleva el título de “Príncipe de Gales”. Parece que hasta la nobleza necesita currículo.

Particularmente, cuando pienso en ese país, me vienen al cerebro imágenes de montañas con verdes laderas, sinuosos lagos de agua cristalina y ovejas de cara negra. Desde hace unas horas, también veo un campo de fútbol con pancartas con el lema “Gales, Golf y Madrid”. En otro tiempo hubiera pensado que eso era el reclamo publicitario del Club de Golf de la Moraleja. Ahora sé que es el cántico viral de miles de aficionados al fútbol para ensalzar a su héroe, el ínclito Gareth Bale.

Este hombre se ha convertido en el verdadero príncipe de Gales del fútbol. Mucho más autóctono que cualquier aspirante inglés a la Corona y que cumple el deseo de los antiguos nobles galeses, le cuesta horrores aprender otro idioma. No obstante, creo firmemente que Bale no quería hacer de menos al Madrid cuando declaró ser más feliz jugando con su selección y volviendo a repetir lo mucho que le gusta el golf. Tanto que ya habla en argot. Si algo le sale bien dice “he conseguido un birdie”. Si consigue algo extraordinario es porque “pilla un albatros». Y si tiene problemas, según su magnitud, les denomina “triples, dobles o bogeys a secas».

Bien es cierto que tampoco los aficionados necesitamos que los futbolistas se besen el escudo o profesen públicamente la religión de sus clubes… Nos conformamos con que jueguen bien al fútbol y sean profesionales. Al menos tanto como corresponde al mucho dinero que perciben. El problema es que Bale gana mucho y cada curso arranca buena parte de las expectativas que se pusieron en él. Con esto del príncipe de Gales, me declaro republicano del todo.

Si Bale no se va en invierno, debería cumplir eso de que se entrega al 100% y devolver con buen juego y mejor actitud cada día de los que le queden vistiendo la camiseta merengue. El perdón se obtiene en el campo. No hay opinión que se resista a un buen chorro de goles. Y si se va (quizá la mejor solución para todos), sea a China, Inglaterra, Alemania o a cualquier sitio donde quieran, y paguen, a este señor, que tanta paz deje como descanso tengamos con su ausencia. Si no cambia él, al menos lo harán los cánticos y pancartas de sus compatriotas. “Gales, golf… (y pongan el club de destino)”. Traspasaremos al jugador, y de paso, la sorna.

Hay quien quiere jugar al fútbol y no sabe. Quien sabe y no puede. Y quien sabe, puede, y no quiere. Pongan a Gareth en el lugar que le corresponde en estas afirmaciones. Ese gran futbolista que un día soñó ser Tiger Woods, cuando todos le pedíamos que fuese el sucesor de Cristiano Ronaldo.

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