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‘Un gángster para un milagro’, ser buena persona sin ser un pringado

Imagínense este mundo en un quirófano. Extírpenle todo lo que tenga de malo y corrosivo. Inyecten una dosis de personajes honestos, ingenuos e incorruptibles. Bienvenidos al mundo de Capra

Mañana me gustaría despertar en una película de Frank Capra. Aunque, ¿y a quién no? Imagínense este mundo en un quirófano. Extírpenle todo lo que tenga de malo y corrosivo. Inyecten una dosis de personajes honestos, ingenuos e incorruptibles. Y, por último, suturen las heridas con buena suerte. Et voilà! Bienvenidos al mundo de Capra.

Quizá el hecho de que fuera un inmigrante que no tuvo nada fácil en la vida influyera en su ansia por encontrarle el punto de vista positivo a la realidad. Su filmografía está llena de odas maniqueístas que vienen muy bien para apaciguar el corazón en días de rencor contra la humanidad.

Personajes como Mr. Smith en Caballero sin espada (1939) o Mr. Deeds en El secreto de vivir (1936) representan esa bondad inocente que uno encuentra de vez en cuando entre los miembros de su familia, los niños o en amigos que se cuentan con la mitad de los dedos de una mano. Sin embargo, en la última película que nos legó, Un gángster para un milagro (1961), Capra quiso demostrar que se puede ser buena persona sin ser un pringado.

Es el ejemplo que nos lega para el futuro el mafioso Dave ‘El Dandy’, un contrabandista de alcohol en la época de la Ley Seca que pondrá en riesgo todo su negocio para ayudar a una mendiga, Annie Manzanas. Durante años, Annie ha mantenido la farsa ante su hija, que vive en Italia (en España en la versión original), de que es una reconocida dama que vive en uno de los más lujosos hoteles de la ciudad.

Su coartada corre peligro cuando su hija le anuncia que viajará a Nueva York con el hijo de un conde con el que está ennoviada. Sin embargo, ‘El Dandy’ no permitirá que la mentira de Annie sea descubierta y le brinda su ayuda hasta el final para conseguir que así sea. Al principio lo hace porque necesita las manzanas que le compra a la mendiga, ya que le dan buena suerte. Aunque al final su motivación es “hacer algo por los demás de forma desinteresada por primera vez en la vida”.

Un gángster para un milagro.

Cartel original de la película ‘Un gángster para un milagro’.

La película consigue llegar al corazón del espectador gracias a un perfecto manejo del ritmo y a la construcción de unos personajes con alma. Además, consigue mezclar con éxito dos géneros a priori tan distantes como el cine negro y la comedia y lo consigue con gran éxito.

Al comprobar el resultado final, parece imposible creer el mal ambiente que se vivió durante el rodaje. Los actores protagonistas, Glenn Ford (Dave) y Bette Davis (Annie), se llevaban a matar y las peleas eran constantes. Capra se hace eco de este mal ambiente en su biografía. Además, Ford no había sido el actor que el director había elegido en primera instancia, pues este prefería a Frank Sinatra o Dean Martin.

Por otra parte, el papel de Queenie, la novia de ‘El Dandy’, tampoco fue interpretado por quien prefería Capra, la actriz Shirley Jones, sino que fue a parar a Hope Lange, la novia por aquel entonces del propio Glenn Ford. A pesar de estas vicisitudes, no tan raras de encontrar en Hollywood, la película transmite un mensaje de esperanza como no podía ser de otra forma en el cine de este director.

Una de las escenas que mejor definen al ser humano es aquella en la que la banda de Dave está practicando los papeles de personas de sociedad que deben interpretar ante el conde en la recepción que ha montado en el hotel para anunciar el casamiento de su hija. Cuando el plan se cancela, uno de los personajes lamenta: “Me hubiera gustado ser alguien importante por un día”.

Y en eso consiste el cine de Capra, en la posibilidad de ser lo que no se es, aunque sea por un día, o más bien, durante las horas que dure la película. Un gángster para un milagro también demuestra que la bondad tiene muchos colores y que para hacer el bien hay que hacer a veces cosas que pueden ser tachadas de poco éticas como mentir o secuestrar periodistas, como hace el propio Dave. Batman daría like a esta frase y Kant a dislike.

En definitiva, se puede ser buena persona sin ser un pringado, aunque no hace falta llegar al extremo de convertirse en un gángster e ir amenazando a la gente por ahí con una banda. Mal que le pese al filósofo alemán o a los personajes de otras películas de Capra, la vida a veces demanda un puñetazo sobre la mesa que haga justicia.

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