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Diego Costa levanta la Copa de campeón junto a Diego Godín. CORDON PRESS

Fútbol

Ganó el Atlético, cambió el viento

El simbolismo vale más que el trofeo y tendrá un efecto más duradero. El Atleti se ha quitado un peso de encima, porque no hay nada tan pesado como los complejos.

Para tener la importancia que corresponde a su nombre, la Supercopa debería disputarse una semana después de la final de la Champions, como fin de fiesta y último gran combate de las competiciones europeas (eso sí: haría falta añadir días al calendario Gregoriano). Está bien demostrado que programada como inicio de la temporada siguiente la importancia de la Supercopa se difumina y se relativiza a gusto del consumidor. Quien la gana la incorpora orgullosamente a su palmarés, en especial si las últimas cosechas han sido escuálidas. Quien la pierde se la toma como la versión avanzada de un torneo de verano y quien no la juega la ignora por completo.

El Atlético está en su pleno derecho de sentirse como el campeón de los campeones, porque con esa intención fue creado el trofeo en 1972, gracias a la ocurrencia del periodista holandés Anton Witkamp en los tiempos del fútbol total. Sin embargo, esa proclamación durará apenas esta noche, si acaso un par de días más. En cuanto comience la Liga el torneo se archivará con los partidos de pretemporada y ya no quedará rastro de él cuando toque hacer balance del curso que ahora empieza. Y es una lástima.

Por fortuna, lo de menos en este caso era la copa, cinco kilos de plata que amarilleará como todas. Lo que se dirimía es la propiedad de Europa, tierras altas. Para el Real Madrid es un coto privado de caza y se pasea por él con la escopeta al hombro, tan atento a las liebres como a los intrusos. Para el Atlético, su último desafío como club no es conquistar Europa como concepto global (ya tiene parcela), sino concretamente la Europa que pisa el Real Madrid. Y ha empezado a conseguirlo. Hasta el momento, el Atleti no había superado ningún cruce con el Madrid en competiciones europeas, incluidas dos finales de Champions. De hecho, desde 2013, el Real Madrid era el único equipo capaz de ganar a los rojiblancos en Europa. Terminó la racha. O la maldición. 

El simbolismo vale más que el trofeo y tendrá un efecto más duradero. El Atleti se ha quitado un peso de encima, porque no hay nada tan pesado como los complejos. De haber perdido otra vez, le hubiera sido muy difícil mantener la fe. El sufrimiento que entrañó la conquista, construida en la prórroga, fortalecerá los ánimos de un equipo al que no le faltaba nada y solo le sobraba un fantasma. También agranda la inconmensurable figura de Simeone. En los últimos minutos de un partido igualadísimo y agotador, el Cholo dio entrada a Thomas y lo colocó en la mediapunta. Carecía de sentido, eso pensamos, hasta que el ghanés robó la pelota a Varane en la frontal del área y asistió a Saúl, que marcó con una volea lujuriosa. Cinco minutos más tarde, y con el Madrid aturdido, sentenció Koke.

Hará falta tiempo para saber si en ese instante asistimos a un giro del partido o de la historia. Quién lo sabe. Han cambiado muchas cosas (Cristiano, Zidane) y también podría haber cambiado el viento de la fortuna. Era Napoleón quien reclamaba generales con suerte y es posible que tal condición se haya despreciado cuando se planificó una renovación deportiva que se llevó por delante al entrenador. El Real Madrid no perdía una final internacional desde que cayó contra Boca en la final de la Intercontinental de 2001.

No es buen consejo hacer leña del árbol caído, porque ninguno hay en el suelo; tampoco se aconseja lanzar las campanas al vuelo. La Supercopa no es un trofeo contra el que se pueda estrellar un proyecto, ni que pueda dispararlo, pero permanece la sensación de que al Atlético, últimamente, todo le sale bien, no tanto a su eterno rival. Ha fichado bien, ha retenido a sus estrellas y ha ganado, por fin, al Madrid en Europa.

Referidos al juego, poco nuevo que destacar. Fue uno de tantos duelos entre los mismos protagonistas, una pelea casi medieval, plagada de alternativas; marcó al minuto Diego Costa y respondió Benzema a los 26. Luego Ramos adelantó a su equipo de penalti y después igualó Diego Costa, inmenso como suele, incisivo y desquiciante. El partido cambiaba de manos sin que nadie fuera capaz de agarrarlo. En otro momento, en todos los momentos anteriores, hubiera ganado el Madrid, pero en esta ocasión venció el Atlético. No creo que el destino, a estas alturas, permita que sea una anécdota. 

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

5 Comments

5 Comments

  1. Pingback: El Atleti tricampeón de la Supercopa de Europa. Revista de prensa (II) - Actualidad

  2. Francisco Pedrajas Raya

    16/08/2018 at 16:18

    Por un partido perdido en prorroga..cambia el viento? El juego fue parejo, el del Atleti el de siempre mejorado por los fichajes, buena defensa, mejor portero, pero yo no los note superiores en juego.Veremos en capítulos siguientes.

  3. Francisco Pedrajas Raya

    16/08/2018 at 16:22

    Tambien podías haberlo titulado » Fin de ciclo», que gusta mucho

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