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Mundial Rusia 2018

Todo llega, Gascoigne, todo llega

Las lágrimas de Gazza ya tienen 28 años de antigüedad persiguiendo una tanda de penaltis como la de anoche frente a Colombia.

Hoy voy a escribir como si fuese Paul Gascoigne. A su lado, voy a regresar al verano de 1990, al Mundial de Italia, a esa inolvidable semifinal frente Alemania en el estadio Delle Alpi en la que uno nunca se olvidará de él. No era uno más. Era el mejor. Tenía esos maravillosos 23 años con esa cara y esa pinta arriesgada que parecía la de Ponyboy en Rebeldes, la película de Coppola. Sin embargo, con la pelota era un primor capaz de cruzar calles hasta que llegó el minuto 100. El maldito minuto 100 en el que el árbitro le enseñó una tarjeta que le impediría jugar la final y él, Paul Gascoigne, se puso a llorar como sólo lloran los niños. Y como no pudo ser de otra manera Inglaterra perdió en la tanda de penaltis.

Desde entonces, han pasado 28 años. No hace falta que les recuerde lo que fue de la vida de Gascoigne, sumamente agredido por el alcohol y por la ruina. Pero también puedo contarles que hoy, a los 52 años, Gascoigne es un hombre que transmite mensajes de paz en las redes sociales que, aunque parezca mentira, invitan a creer en él. Así que imagino que anoche vería el partido y tal vez regresaría al verano del 90 y a esa semifinal frente a Alemania, la última gran oportunidad de Inglaterra en un Mundial con toda esa gente como él, como Gary Lineker, como David Platt, como Chris Waddle que hizo soñar al país. Quizá por eso nunca es tarde para volver a ese niño de 23 años, a esas lágrimas que explicaban lo que es un Mundial, virtudes y defectos.

Las lágrimas de Gascoigne ya tienen 28 años de antigüedad. En el viaje han pasado magníficas generaciones de futbolistas (Shearer, Gerard, Lampard, Rooney…) qué no pudieron hacer nada para librar esa cuenta pendiente de Inglaterra en los Mundiales. Pero anoche no sólo Pickford traicionó esa mala reputación que persigue a los porteros ingleses desde que lo dejó Peter Shilton. Dier también tuvo la sangre fría para marcar el penalti que nadie marcó en la Inglaterra de Paul Gascoigne. Y por eso yo me acuerdo de él y lo celebro con él, 28 años después, en los que esta Inglaterra, la Inglaterra de Harry Kane, apunta tan fuerte como aquella de Italia 90.

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