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Gattuso, entrenador del Milan, y Ancelotti, del Nápoles, se fundieron en un abrazo | CORDON PRESS

Fútbol

Gattuso no superó a su maestro

Ancelotti y Gattuso se volvieron a ver las caras, cada uno en un banquillo distinto. Ambos protagonizaron uno de los mejores Milán de la historia.

Sobre el césped fuiste mi guerrero. Ni una sola vez te he visto rendirte, ni una sola vez te he visto con la camiseta limpia. Siempre lo he admirado de ti: la capacidad de conseguir la meta a pesar de que la naturaleza no te haya dotado de grandes dotes técnicas. Porque, ¿por qué no decirlo? tus pies no son propios del máximo nivel…”.

Con Carlo Ancelotti en el banquillo y Gennaro Gattuso en el campo, San Siro disfrutó de una de las épocas más doradas de su historia. El día en que el tosco centrocampista calabrés cumplió 40 años, su buen amigo y exentrenador le regaló una emocionante carta en honor al “alma de aquel Milan”. Este fin de semana, en el partido de la jornada en el Calcio, maestro y alumno se enfrentaron por primera vez.

El Nápoles se estrenaba en San Paolo y el Milan en la Serie A 2018. El conjunto del sur de Italia venía de remontarle a la Lazio en el Olímpico de Roma, mientras que el debut de los rossoneri frente al Genoa tuvo que ser aplazado por el desgraciado derrumbamiento del puente Morandi.

Las miradas estaban puestas en los banquillos y el reencuentro entre dos viejos conocidos, no tanto en las estrellas sobre el verde. Gattuso, con una camisa negra remangada hasta los codos, y Ancelotti, de punta en blanco con un elegante traje (nada que ver con los chándales de Sarri). Ambos se fundieron en un abrazo que se alargó por varios segundos. Las cámaras captaron cómo ambas figuras bromeaban, probablemente sobre cómo después de tantas aventuras juntos el destino los había puesto, durante 90 minutos, frente a frente.

Ancelotti dirigió por ocho temporadas a Gattuso en uno de los mejores Milán de la historia. En ese tiempo, ambos conquistaron un Scudetto, una Copa, una Supercopa de Italia, dos Champions League, dos Supercopas de Europa y un Mundial de Clubes. El actual entrenador rossonero jugó un rol capital escoltando a Andrea Pirlo, Clarence Seedorf y el joven Kaká en aquel rombo espectacular que actuaba por detrás de Shevchenko e Inzaghi.

De todos los grandes momentos que vivió el público de San Siro entre los años 2001 y 2009, destacan las dos Champions League. Ante la Juventus en 2003, por penaltis en un duelo épico entre Dida y Buffon, y ante el Liverpool en 2007, en la que el Milán consumó su vendetta levantando al cielo de Atenas la orejona, después de que, dos años antes, los reds les hubieran remontado un 3-0 a favor tras el descanso, en lo que fue una humillación histórica.

Ese equipo de Ancelotti y Gattuso, que infundía pánico en Europa, se quedó con la espinita clavada de no haber trasladado tal dominio continental al Calcio. Solo se hicieron con un Scudetto, de ocho posibles. Fue en 2004, eso sí, de forma brillante, tras perder únicamente dos partidos en toda la temporada.

Cuando, a finales de noviembre de 2017, Vincenzo Montella fue destituido de su cargo como entrenador del Milán, el nombre de Ancelotti sonó con mucha fuerza para aterrizar de nuevo en el banquillo rossoneri. Por equis motivos la operación nunca se llegó a concretar y la dirección deportiva apostó por Gattuso, que estaba entrenando a un equipo de la cantera.

El pasional carácter del centrocampista, que se desgañita recorriendo de arriba a abajo el área técnica cual Jorge Sampaoli, despertó a unos jugadores que empezaron dormidos y terminaron el curso en plazas europeas, después de perder una final de Copa ante la poderosa Juventus. A principios de junio, Aurelio De Laurentiis, presidente del Nápoles, anunció un bombazo: Ancelotti, que regresaba al Calcio casi diez años después, sería el sustituto de Sarri en San Paolo.

Ancelotti y Gattuso se dieron dos besos y cada uno se marchó a su respectivo banquillo. El Milán se fue al descanso con un golazo a favor de Bonaventura y tras la reanudación, Calabria aumentó la ventaja. Un solo partido en el feudo partenopeo ha sido suficiente para que Carletto descubra que en el sur de Italia lo imposible es más posible que en otros lugares. Tres tantos, dos de Zielinski y uno de Mertens, en menos de 30 minutos obraron la remontada del Nápoles y dejaron con las ganas a Gattuso. Esta vez, el alumno no superó al maestro.

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