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Eric Gerets pelea el balón a Karl-Heinz Rummenigge.
Eric Gerets pelea un balón con el alemán Karl-Heinz Rummenigge. CORDON PRESS

Mundial Rusia 2018

El barbudo Eric Gerets

La nueva Bélgica rinde culto a su maravillosa selección de los ochenta liderada por aquel tipo con tantas agallas: Eric Gerets.

Siempre asociaré a Bélgica a los años ochenta. A ese portero Jean Marie Pfaff que lo paraba todo. A esos nombres de Vercauteren o Van der Bergh infinitamente más difíciles de pronunciar que los nuestros. A ese número 11, Jan Ceulemans, rubiales y con cara de mala uva, capaz de pegar al balón y mandarlo a Siberia. O a ese jovencisimo Enzo Scifo, engominado como los actores de las películas en blanco y negro y que con la pelota parecía un violinista. Pero, sobre todo, recuerdo a Gerets, Eric Gerets, el barbudo lateral derecho. El hombre que nos dejaba sin palabras. El hombre que no se cansaba de subir y bajar la banda. El mismo que no tenía un gran estilo pero que salía vivo de casi todos los regates. Incluso nos enseñó algo especial con lo que no contábamos en aquellos años: los laterales también podían ganar partidos, comportarse como verdaderos extremos, vivir y morir en la banda.

Todo eso era Bélgica en aquellos años ochenta. Un equipo temible, casi una gran potencia. Un equipo que podía ganar a todo el mundo. No tenían a Maradona pero tenían a Gerets para meter miedo y para correr más que los demás. Hasta su entrenador Guy This representaba al antihéroe, el hombre que sabía vivir a la sombra de los demás. Porque en aquel tiempo era así. Excepto Menotti, capaz de tirarse día y noche hablando, ningún entrenador era más popular que sus futbolistas. Y en ese sentido Bélgica era un representante genuino, un equipo nacido y criado en el Viejo Continente que entonces nos quedaba tan lejos que casi nos daba miedo. De niño uno escuchaba Bruselas y le parecía que nunca tendría un billete de avión para viajar hasta allí.

Quizás por eso Bélgica nos parecía mejor de lo que, en realidad, era. No solo por el miedo que daba la barba de Gerets que parecía la de los profesores con la tiza al lado del encerado. No sólo por eso. También por el gol de Van der Bergh a Argentina en la inauguración del Mundial de España 82 o por el penalti que le paró Pfaff a Eloy en el de México 86 y que nos impidió pisar las semifinales. Pero un día todos esos futbolistas se marcharon y Bélgica perdió a sus Rolling Stones, a sus diablos rojos. No volvimos a ver una barba como la de Gerets y cuando volvimos a ver a Scifo en el Mundial de EEUU 94 ya no era ni sombra de lo que fue. Había perdido hasta el pelo.

Así que Bélgica perdió demasiada reputación en el fútbol moderno. Los billetes low cost nos acercaron a Bruselas y nos dimos cuenta de que todo el pánico que nos inspiraba viajar a Bruselas en los ochenta no tenía razón de ser. Los belgas eran como nosotros. Incluso mucho peores futbolistas que nosotros hasta que llegó un entrenador español, Roberto Martínez. Y entonces no se sabe si ha sido culpa suya o de la paciencia. Pero Bélgica ha encontrado una generación liderada por Hazard, De Bruyne, Lukaku, Courtois…, que nos traslada a esos maravillosos años ochenta. Mientras la nostalgia pide permiso ya solo nos falta averiguar quién de los de ahora será Eric Gerets. Un tipo con esas agallas capaz de cruzarse a nado el río Mississippi por la banda derecha. Cosas mías o de los recuerdos que, al final, no se crean que son tan embusteros. Yo diría que casi siempre dicen la verdad.

1 Comment

1 Comment

  1. Manitu69

    20/06/2018 at 16:01

    Pues yo ucreo que aquella seleccion estaba liderada por Jan Ceulemans y sobre todo Jean-Marie Pfaff pero bueno cado loco con su tema.

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