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Vuelta a España

De Gilbert a la Vaca Pasiega

El gran Philippe Gilbert venció en Bilbao, en vísperas de un nuevo examen para los favoritos: la subida a Los Machucos.

De entre los ciclistas habituados a ganar carreras (pocos), los hay que sienten predilección por ciertos paisajes y determinadas carreteras. Este es el caso de Philippe Gilbert, 37 años, los músculos enteros y la cara picada. El ciclista belga consiguió en Bilbao su sexto triunfo en la Vuelta, donde se estrenó hace nueve años. Entre medias ha ganado todo lo que se necesita para ser un clasicómano con estatua: Roubaix, Flandes, Lieja y Lombardía (dos). Sólo le falta triunfar en San Remo para añadir su nombre al de Merckx, De Vlaeminck y Van Looy (todos belgas, nótese), los únicos corredores que han conseguido vencer en los cinco Monumentos del ciclismo.

Terminada la etapa, Gilbert admitió que el paisaje le recordaba al de Flandes, cambien flamencos por vascos, y no hizo falta que explicara más. Cuando el trazado se convierte en una pista americana, hay pocos ciclistas mejores y, en este caso, solo él estaba libre de la vigilancia del pelotón. Se suele decir en victorias similares que el ganador tenía la etapa señalada en rojo, pero me gustaría pensar que utilizó otros colores, incluso que añadió viñetas o retratos al carboncillo. Sería un desconsuelo pensar que a los campeones les basta con subrayar una hoja del libro de ruta o con doblar una esquina de la página.

Tanto a Aranburu (Caja Rural) como a Barceló (Murias) les quedará el consuelo de haber sido vencidos por un ciclista enorme, y el hecho de que al cruzar la meta ambos le tocaran el lomo me hace pensar que la admiración es más poderosa que la derrota. Aranburu, por cierto, ya ha sido segundo en dos ocasiones, lo que debería valer por un ticket canjeable por un triunfo antes de final de año. Es una lástima que la suerte no premie la fidelidad al modo de los supermercados.

En el grupo de favoritos, Supermán aceleró el paso en el último muro y Roglic se adhirió a su rueda de inmediato. Se agradece el esfuerzo del Clark Kent colombiano, pero no es el terreno para poner en aprietos al líder. Para buscarle las cosquillas hacen falta montañas, a ser posible encadenadas, tal y como están dispuestas las que llevarán mañana a los ciclistas de Bilbao a Los Machucos. Allí, en el último puerto (6’8 km al 9’2%) se esperaba baile del bueno. En la cumbre hay premio para los valientes y un peculiar monumento a la Vaca Pasiega, inaugurado en 2010 y que a la semana fue mutilado por unos desalmados, probablemente cornudos por el modo en que se ensañaron con las ubres y la cornamenta de la vaca.

Un último apunte: en 2017 ganó en la cima de Los Machucos el austriaco Stefan Denifl, tiempo después desposeído por dopaje en beneficio de Alberto Contador. Conclusión: no hay nada que pueda sorprender ya a la Vaca Pasiega.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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