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Pinot lució en el Giro de Lombardía, como en la Milán-Turín, un inmaculado estado de forma. CORDON PRESS

Clásicas

Monumento lombardo a Pinot

El francés consiguió la victoria de su vida en el ‘la clásica de las hojas muertas‘ y Valverde pagó el cansancio de su inolvidable 2018.

Tiene un aroma especial el Giro de Lombardía, convertido en Il Lombardia por esa fama tan joven de cambiar de nombre a las cosas. Es la única clásica de otoño, se corre en la preciosa región de Lombardía (Italia), pone el punto y final a las grandes carreras de la temporada y siempre se la ha conocido como ‘la clásica de las hojas muertas’, pues el otoño tiene esa virtud de llenar de hojas caducas estas estrechas carreteras. Y fue aquí, mirando siempre de reojo a ese inmortal arcoíris vestido por Alejandro Valverde, donde Thibaut Pinot logró la mejor victoria de su vida luciendo un inmaculado estado de forma y derrotando a ese tiburón imperial que se apellida Nibali.

Fue una edición vibrante, marcada por un retoque en la parte final del recorrido y que obligaba a los corredores a ser valientes antes de hora. Así es como el Muro de Sormano, la subida más dura de la prueba, decidió esta vez Lombardía. Prendió la mecha el eslovaco Primoz Roglic, con un ataque a casi 50 de meta que fue contestado minutos después por el italiano Nibali, campeón dos veces, y por el francés Pinot, uno de los dos grandes favoritos. El otro era Valverde, que nunca tuvo piernas y pasó bastante descolgado por una cima de Sormano en la que dos coches totalmente cruzados pudieron costar una desgracia.


Carrera rota a 50 de meta


Con las piernas destrozadas por los esfuerzos del día y de la temporada y con los gregarios echando el aliento en cada pedalada, al trío de cabeza solo fue capaz de llegar el joven colombiano Egan Bernal, que se jugó la carrera y la vida en el descenso. Cuando para la bandera a cuadros quedaban cuarenta kilómetros ni había pelotón ni nada que se le pareciera. Pinot, Nibali, Roglic y Bernal relevaban a fuego, mientras por detrás Education First hacía un esfuerzo en vano por meter a Michael Woods y Rigoberto Urán en acción.

Con las diferencias mantenidas entre ambos grupos, Civiglio volvió a sentenciar la carrera. Roglic y Bernal tiraron la toalla en la primera rampa y Nibali, todo pundonor, clase y pasión, resistió cada embestida del fenomenal francés hasta que faltaron 700 metros. Una mirada del corredor de Groupama le sirvió para entender que lo llevaba muerto y ahí lanzó su mordisco letal. Arrancó a fuego sin mirar atrás y el Tiburón se inclinó y dobló la rodilla. Ni siquiera el descenso le valió al fabuloso transalpino para volver a meterse en carrera.


Valverde, sin fuerzas


Por detrás, Valverde flaqueó ante los movimientos buscando el podio del mencionado Urán, de Dan Martin o de Rafal Majka. Todos ellos demostraron tener piernas, pero solo les quedó el premio de jugarse el tercer puesto del podio. Y eso que cazaron a Nibali a tres de meta, pero este, listo y estratega como ningún otro, aprovechó un microsegundo de parón para saltar por el córner y hacer buena la presencia de sus compañeros Pozzovivo y Ion Izagirre, que fue el mejor español haciendo sexto en un sprint por el bronce que se llevó Dylan Teuns.

 

50 segundos antes, feliz, radiante y saludando al público, había cruzado la meta el genial Pinot, que sigue forjándose un palmarés más que brillante. Ha tenido un final de temporada formidable, con dos triunfos de etapa en la Vuelta, con un gran Mundial y con dos victorias de gran prestigio en la Milán-Turín y en este último monumento del año. El paso de los años le ha servido para identificarse como corredor, para saber fijar objetivos y para ir labrándose un currículum del que ya puede presumir.

También satisfecho y orgulloso cierra la carpeta el murciano Valverde, que tuvo el arrojo de esprintar para ser undécimo. “Sabía que esto podía pasar. No he estado tan lejos”, explicó en meta el de Movistar, que se quedó sin equipo muy pronto y que no tuvo las piernas de otras veces para pelear el triunfo. Aún así, cada vez que el próximo año lo veamos con ese arcoíris en la espalda recordaremos su increíble hazaña de Innsbruck.

Y ahora todos a disfrutar de un más que merecido descanso. Tomen esta noche una copa de vino a la salud del ciclismo.

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