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Presentación oficial del Giro 2019 I CORDON PRESS

Giro de Italia

El Giro redime los pecados del ciclismo

Entre Bolonia y Verona, la Corsa Rossa homenajeará a la sociedad y la cultura italianas, al tiempo que cita a los corredores con una alta montaña terrorífica.

Mientras el Tour de Francia ha tomado el camino de derribar la ilusión de los aficionados con recorridos infames, el Giro empieza a desmarcarse de esa moda tan millenial y este año vuelve a la carga con un recorrido a la altura de lo que debe ser una gran carrera de tres semanas. Y lo hace a lo grande, con una montaña infernal ubicada en los diez días finales, con tres contrarrelojes insuficientes pero que capean temporales anteriores y con una serie de homenajes a ilustres personajes transalpinos como el artista Leonardo Da Vinci, el historiador Indro Montanelli o el compositor Gioacchino Rossini.


Guiño a contrarrelojistas


La carrera arrancará en Bolonia por segunda vez el próximo 11 de mayo, evitando esas salidas inhóspitas en que sirven para hacer caja pero que apenas ofrecen un mínimo de interés deportivo. Durante tres semanas, hasta el 2 de junio en Verona, los corredores afrontarán trampas y emboscadas en cada esquina y en cada rincón. No habrá apenas tiempo de pestañear y eso es algo que hay que poner en el haber de un Giro de Italia que guiña el ojo con su recorrido a las grandes estrellas del pelotón. Entre ellas a contrarrelojistas como Tom Dumoulin o Primoz Roglic y al último campeón, Chris Froome.

Entre los destinatarios de este trazado también están Alejandro Valverde y Peter Sagan, a quien se espera con los brazos abiertos, pues todavía no ha debutado en la carrera rosa. Para él y para corredores de sus capacidades está diseñada una primera semana que, a falta de detalles concretos, apunta a tener varios finales complicados, más estilo Vuelta que estilo Giro. Será el caso de etapas como la segunda, camino de Fucecchio, donde recibirá cumplido homenaje el periodista, escritor e historiador Indro Montanelli, 110 años después de su nacimiento; la sexta, camino de San Giovanni Rotonda y la séptima, con final en L’Aquila en el décimo aniversario del devastador terremoto que asoló parte de la zona.

Antes de todo eso, en el estreno en Bolonia habrá tiempo de una disciplina casi novedosa en el ciclismo mundial, un prólogo a modo de cronoescalada de poco más de ocho kilómetros, con los dos últimos a casi el 10% de media. Esa será la primera de las tres peleas contra el reloj; la segunda llegará en la novena etapa, en San Marino, y será de 34 kilómetros y medio, una distancia más que decente para los tiempos que corren. La última servirá como guinda a la carrera el día final, en la ciudad donde se amaron eternamente Romeo y Julieta, Verona, que correrá el telón del Giro y olvidará homenajes a campeones más propios de los Campos Eliseos y la Castellana.


La alta montaña, más dura que nunca


Pero el meollo de la cuestión estará en la alta montaña, tan temible como bien diseñada. Una bestialidad a la altura de lo que siempre es el Giro. Entre la etapa 12 y la 17 se pueden vivir los seis días más duros en la historia de las grandes vueltas. La primera irá de Cuneo a Pinerolo y se rendirá homenaje al legendario Fausto Coppi, con la subida al exigente Montoso a poco más de treinta kilómetros a meta. Será como un entremés, como un simple aperitivo para lo que vendrá poco después.

La decimotercera es altamente atractiva por el esperado estreno de uno de esos puertos que están en boca de todos desde hace años (algo así como lo que ocurre en España como el Veleta). Se trata del Nivolet, con final en el Lago Serrù, tras veinte kilómetros de ascensión, por encima de los 2.000 metros y con los últimos siete siempre por encima del 8 y del 9%. La siguiente será terrible con el final en Courmayeur, en un día corto pero intenso, donde el protagonismo recae en el impresionante Colle San Carlo (más de 10 kilómetros al 10.5%) en un día clásico de Giro donde también se pasará por otros tres duros pasos y con un final en rampa al que se llegará de uno en uno.

Y en la carrera de los homenajes no podía faltar un guiño al Giro de Lombardía, algo que llegará en la decimoquinta etapa con el final en Como, pasando por Sormano (sin el famoso muro), pero donde los últimos cincuenta kilómetros coincidirán con los de la clásica de las hojas muertas, incluyendo Madonna del Ghisallo y Civiglio.


El Gavia y el Mortirolo, juntos


No nos equivocamos por mucho si apuntamos a la etapa 16 como una de las más duras que se han diseñado en el ciclismo mundial, con 226 kilómetros y las subidas infernales al Gavia -cima Coppi de la edición- y al Mortirolo, antes de terminar en la suave llegada a Ponte di Legno, donde los ciclistas llegarán arrastrándose por los suelos, con las piernas tiritando por la dureza acumulada durante la carrera y durante un día terrorífico.

El doblete final también rinde a la perfección en 2019. Mientras en la decimonovena jornada se llegará de forma más suave a San Martino de Castrozza, la última gran jornada de alta montaña volverá a ser platónica para los aficionados, con casi 200 kilómetros y con el durísimo Passo Manghen en mitad del recorrido, antes del Passo Rolle y del exigente final en el Monte Avena. Un último día para echar el resto, para jugar a ser valiente. Quien diga que no tuvo tiempo o terreno habrá perdido la cabeza.

Dicho todo lo anterior, sí tenemos un problema. Y es bastante grave. Aún faltan 190 días para que arranque.

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