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Harry Kane celebra su primer gol del partido I CORDON PRESS

Crónicas Matrioskas

God save Harry Kane

Un doblete del delantero del Tottenham le da la victoria (2-1) a Inglaterra frente a Túnez en su debut en el Mundial.

A David Beckham le dolerá el tupé, pero hoy en día, Inglaterra le pertenece a Harry Kane. Lo dice un brazalete diseñado para darle confianza y galones. Es complicado llegar a una cita como el Mundial, y cumplir con todas las expectativas que se han generado a tu alrededor, gracias a una temporada espectacular que, básicamente, consiste en meter muchos goles y sonar para el Real Madrid. Cuanto menos, se necesita una gran dosis de personalidad y de afán de protagonismo del bueno.

En su partido de debut ante Túnez (un equipo que puso a España con los balones de corbata hace no tanto), Inglaterra necesitaba a Kane. Por su impecable movilidad fuera del área, el delantero del Tottenham era el elegido para desquiciar con buenas maneras a la defensa tunecina. Por su fiabilidad dentro de ella, le correspondía la responsabilidad de encargarse del tanteo. Se lo tomó en serio, tiene cara de muchacho aplicado. De la sociedad que forme con Sterling dependerá, en gran medida, el miedo en el cuerpo que Inglaterra les pueda meter a sus rivales. Tardó doce minutos en cazar la primera. Su instinto es una de esas cosas que bien valen todo el oro de Moscú.

Empató Túnez de penalti, gracias a un regalo en forma de manotazo en la cara dentro del área de Walker, y a Inglaterra le tocó remar. Viendo cómo se manejan en la barca los muchachos de Oxford y Cambridge, la misión sobre el papel no parecía complicada. Y mucho menos, cuando Harry Kane decidió convertirse en el contraalmirante sir John Franklin, capitanear el Terror, y encontrar un paso noroccidental a través del mar de Túnez. Y esta vez, la historia tuvo un final diferente, los ingleses sobrevivieron. Les costó, porque durante un rato a Inglaterra le faltó un responsable para la sala máquinas, que volverá a echar de menos si nadie decide coger la batuta y da un paso hacia adelante que nutra de buenos balones a Kane. Sin embargo, me atrevería a decir que tampoco lo necesita. Está siempre en el lugar adecuado en el momento preciso, lo demostró con su segundo gol. Es la única certeza que tiene esta Inglaterra y a la que se agarra como a un clavo ardiendo para alejarse de otro posible fracaso.

Por cierto, el partido se jugó en Volgogrado, una ciudad donde hay pocos hooligans, pero muchísimas moscas. Sí, moscas. Una cita anual con el Volga de los insectos en cuanto suben las temperaturas ha provocado una gran invasión de la que los pocos aficionados ingleses que han llegado al lugar no han podido librarse. De hecho, han estado más pendientes de ellas que de beber cerveza. Imagínense la cantidad de bichitos que se necesitan para provocar semejante atrocidad. Ni las diez plagas de Egipto. Sin hooligans, pero con moscas y con Harry Kane. Inglaterra sale ganando.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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