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Jordan Spieth se enfunda la chaqueta verde en 2015 asistido por Bubba Watson.
Jordan Spieth se enfunda la chaqueta verde en 2015 asistido por Bubba Watson.

Masters de Augusta

La nueva o la vieja guardia

La próxima edición del Masters parece destinada a resolver esta sucesión, pues enfrenta a dos grandes generaciones de jugadores

Entrar en la década de los 40, en lo que se refiere a golf profesional, es sinónimo de decadencia, la primera prueba de que todo lo que pueda llegar a partir de ese momento es una buena sorpresa. No llegar a los 25 era muestra de inmadurez e inestabilidad y ganar es más un golpe de fortuna que una característica. Al menos, eso era así, pues pocos golfistas se salían de ese guion tan estrictamente definido.

En el año 2018, en los albores de la primera tempestad de la temporada, la que sucede en Augusta con el inicio de cada primavera, el golf mundial asistirá a una de las grandes batallas que el deporte lleva años reclamando: el traspaso definitivo del testigo de poder. El eterno debate del aficionado: mantener una devoción a nuestros ídolos o empezar a pulir nuestra admiración y preferencia por los que vendrán.

Algunos pensarán que esta transición es un hecho desde hace un lustro. No falta razón, cuando varios de los jugadores más jóvenes del mundo ya han subido a lo más alto del escalafón. Sin embargo, ¿por qué, entonces, seguimos esperando que golfistas como Henrik Stenson, Phil Mickelson, Tiger Woods o aquellos que se encuentran al borde de la cuarentena sigan dominando? ¿Por qué siguen siendo nombres capaces de ganar un major sin que a nadie le extrañe? ¿Por calidad? Sin duda. Pero, sobre todo, porque no queremos que desaparezcan. Es la historia de la trilogía de Cars.

La edición del Masters parece destinada a resolver esta sucesión, pues enfrenta a dos grandes generaciones de jugadores que dificultan hasta el extremo la elección de un ganador. Imaginen dos equipos. En un lado del ring, un conjunto de veteranos y laureados jugadores: los mencionados Mickelson, Woods y Stenson, además de Justin Rose, Lee Westwood, Adam Scott, Bubba Watson y Paul Casey, entre otros; al otro, una hornada de ambiciosos bombarderos que, ansiosos, ya han elegido el oro con el que revestir sus coronas: Dustin Johnson, Rory McIlroy, Jordan Spieth, Justin Thomas, Tommy Fleetwood, Rickie Fowler y Jason Day, también entre una infinita potencial selección. Y, entre medias, nuestros golfistas españoles, también ejemplo de esa supuesta transición.

¿Con quién se quedan? Elijan, pero deben saber que la vieja guardia siempre gana su último combate.

No nací un bunker, pero sé bien, o eso creo, qué hacer para no pasarme la vida dentro de uno de ellos. Me gusta el golf hasta el punto de dormir en la misma habitación que mis palos, de hablarles durante la vuelta para que se sientan cómodos y de no meter una caja de bolas en la bolsa el mismo día que voy a jugar porque creo que no les ha dado tiempo a confraternizar con los hierros. Lo dicho, un friqui del golf.

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