¡Síguenos!

Cine

El Gordo y El Flaco, los inseparables

Una película muy bonita y necesaria para capitular esta agridulce historia de una de las grandes leyendas del cine

Junto a Charles Chaplin, Buster Keaton y Harold Lloyd, esta legendaria pareja propagó el humor de tortazos, caídas, muecas y golpes con tanto éxito que llegaron a ser conocidos por todo el mundo. Al menos así fue hasta 1937, cuando desaparecieron por completo de la plana mayor.

El Gordo y el Flaco relata la historia de los inseparables Stan Laurel y Oliver Hardy en los años cincuenta, que buscan algún hueco en el mundo del espectáculo tras su retirada forzada del cine. Cruzándose Inglaterra con cierta edad, van de teatro en teatro sin hacer demasiado ruido hasta que vuelven a tener su oportunidad.

A través de una historia realmente entrañable nos demuestran como su humor es tan disparatado como el de los hermanos Marx, pero con el toque de ternura que les hacía únicos, como los gestos de Stan o la timidez de Ollie con las chicas. Todo ello incluido en gags continuos que no cesaban ni en la vida real cuando eran sorprendidos por periodistas.

El genio creador de Stan Laurel, que nunca cesaba, es uno de los puntos más relevantes e interesantes de la película. No sólo era un excelente actor, sino que además escribía constantemente con múltiples ideas. Inevitablemente a la sombra de Chaplin, es trágico ver a alguien de tanto talento luchar frente a la codicia de los productores americanos que los relegaron a teatros de poca monta donde todos les conocían pero nadie les veía.

Sin embargo, tanto en la película como en la actualidad, su leyenda es tan grande que a pesar de llevar tantos años fuera de las cámaras, la gente los sigue reconociendo y disfrutando. La rencilla pasada que los pone a prueba es un conflicto muy emocional, porque relata de forma excepcional lo bonito y sencillo que es ver a dos grandes amigos unidos por el arte.

El trabajo de los actores Steve Coogan y John C. Reilly es prodigioso. No sólo en la forma de interpretar de los propios Stan y Ollie, sino en la mímica dentro y fuera de escena, sumado al logrado trabajo de maquillaje los hacen prácticamente idénticos. Una película muy bonita y necesaria para capitular esta agridulce historia de una de las grandes leyendas del cine.

Un desastre curioso que trata de expresar lo que el arte le hace a su cabeza, a veces sobre los escenarios, a veces sobre el papel.

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Cine

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies