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Silvia Abril y Andreu Buenafuente fueron los presentadores de los 33ª edición de los premios Goya. Foto: Cordon Press

Cine

Unos Goya con muchos campeones

Prefiero las tablas de Silvia y Andreu a Muchachada Nui. Y una actuación de Rosalía a una de Álex O’Dogherty. Cambios como estos aumentan el nivel, siempre suman y no restan, por mucho que se prolongue.

Costó abrir los sobres de los ganadores, pegados con Super Glue 3, como dijo Javier Fesser, y, en algunos casos, también fue difícil digerir el vencedor. Digo yo que podían haberlos abierto antes, por arañar unos segundos al cronómetro. No estaban corruptos, porque si no, hubiera ganado El reino, que arrasó con siete galardones, pero no logró hacerse con el definitivo y definitorio. La primera sorpresa llegó pronto. Concretamente, en el primer premio. Carolina Yuste, la única actriz profesional de Carmen y Lola, adelantó por la derecha a Anna Castillo y se proclamó la mejor actriz de reparto. El arranque de la gala era prometedor.

La ceremonia el año pasado fue un suspenso y la de este un notable, con más ritmo que sus predecesoras. La Academia debería de ofrecer un cheque en blanco y un contrato vitalicio a Silvia Abril y Andreu Buenafuente. Sobre el escenario, fueron un auténtico matrimonio, como en la vida real. Sobrados de complicidad, divertidos en tiempos de lo políticamente correcto. Se unieron a la causa e hicieron todo lo posible por dignificar todos los premios, grandes y pequeños. Hasta se desnudaron para entregar uno, el de mejor vestuario, claro. Fueron más los aciertos que los errores, pero nadie es perfecto. Cuando menos fueron cuestionables los números de sus amigos y humoristas David Broncano y Berto Romero o la batucada previa a la entrega del premio de mejor cortometraje que solucionó su emisor el exministro Màxim Huerta. “No se preocupen, que yo soy breve”, dijo. Viva el humor.

Prefiero las tablas de Silvia y Andreu a Muchachada Nui. Y una actuación de Rosalía a una de Álex O’Dogherty. Cambios como estos aumentan el nivel, siempre suman y no restan, por mucho que se prolongue. De todas formas, si tanto les molesta que una ceremonia de entrega de premios dure tres horas igual no deberían ver una ceremonia de entrega de premios. Aun así, las galas no son largas por los agradecimientos, sean buenos o malos, en todo caso, lo serán por los chistes. Recuerden que los premiados son los verdaderos protagonistas.


Pero es necesario reírse, obligatorio hacerlo de uno mismo. Eso decidieron hacer los presentadores, que, antes de empezar, ya estaban preparados para las críticas de después. Por mi parte, no serán. “¿Por qué no dejamos al humor un poco tranquilo? Es una de las cosas que nos une y nos hace libres, como el cine”, suplicó Buenafuente para concluir la gala. Ambos reprocharon el precio de las entradas, solicitaron más trabajo para las mujeres de mediana edad y pidieron calma a partidos políticos como Podemos o al feminismo mediático de Leticia Dolera. Y qué decir de los momentos de crítica social protagonizados por Groucho Marx o la resurrección de Fernando Fernán Gómez, que vino de la tumba reencarnado en el monologuista Raúl Pérez para hacer balance. No daba crédito. Cuánto hemos cambiado desde su ausencia.

El resto de las reivindicaciones, de todo tipo, corrieron a cargo de los premiados. La primera en hacerlo fue Eva Llorach, nombrada la actriz revelación pese a llevar media vida trabajando. Se puso en modo Frances McDormand en los últimos Óscar e invitó a levantarse a todas las mujeres presentes en la sala para dedicarles el premio: “El cine puede cambiar las cosas”. También la forma de ver la vida, que se lo digan a Chicho Ibáñez Serrador. Lo mejor del Goya de honor fue que no lo entregara solo una persona, sino muchas. Porque, al fin y al cabo, todos le debemos mucho a nuestros mayores. Con Chicho, la televisión empezó a hacer cine.

Precisamente, Mariano Barroso, en su discurso como presidente de la Academia, rompió fronteras entre una pantalla y otra. Porque no solo hay una, las hay de todos los tamaños. Además, esta fue la gala de los Goya en la que más veces se escuchó la palabra Netflix (Roma, La enfermedad del domingo…).

No obstante, el discurso más emotivo estuvo firmado por el mejor actor revelación, Jesús Vidal, de Campeones, quien pese a tener solo un diez por ciento de visión nunca perdió de vista sus sueños. Estuvo ejemplar, agradecido y tierno. No se olvidó absolutamente de nadie, mucho menos de sus acompañantes, que lo celebraron como lo que son: compañeros de equipo. “A mí sí me gustaría tener un hijo como yo”, concluyó. Se hizo hasta corto.


Jesús tiene los ojos en el corazón y Susi Sánchez solo los tenía para su Goya a mejor actriz protagonista. Normal, eso sucede cuando no te lo esperas. Antonio de la Torre, por su parte, ya no es que confiase, lo llevaba ansiando diez años, los que han pasado desde su primera nominación a mejor interpretación masculina. Cómo no, se lo dedicó a los políticos, aunque solo a aquellos que quieren cambiar el mundo. Como Arantxa Echevarría, la mejor dirección novel del año, con su Carmen y Lola, dando visibilidad a mujeres, lesbianas y gitanas. Lo suyo más que un alegato fue, literalmente, un grito de liberación, pero también de insatisfacción. Ojalá la apoyen a ella, a Celia Rico, a Andrea Jaurrieta y a los hermanos Alenda en una segunda película. Se necesita esa confianza para que salgan directores y colegas de profesión como Rodrigo Sorogoyen, que al recoger el premio a mejor director mencionó a Isaki Lacuesta, “que ha hecho la mejor peli de este año”. Si no me lo hacen caso a mí, háganselo a él, que dentro de tres semanas puede ganar un Óscar.

Finalmente, la mejor no fue ni El reino ni Entre dos aguas, sino Campeones, todos. El cine español.

 

Lista completa de galardonados en los premios Goya 2019

Periodista vigués. No trabaja en el Daily Planet, ha estado en el decano de la prensa nacional y ahora va A la Contra, buscando siempre la mejor opción. Colabora con Radio Marca. Su debilidad no es la kryptonita, sino la Cultura y el Deporte, pero en el buen sentido. No vive en Smallville. Su nombre no es Clark Kent, tampoco es Superman, solo es periodista.

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