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Soldado, en el partido ante el Sevilla. Carlos Gil / SOPA Images/Sipa US / Cordon Press

Liga Santander

Granada vuelve a estar en Primera

Que la ciudad acompañe con su atmósfera habitual puede parecer un detalle menor en el césped, pero uno debe estar presentable hasta para morir.

Granada en agosto es una ciudad añorante. El curso universitario, indiscutible eje vertebrador de la economía y vida granadinas, no comienza hasta septiembre y los regueros de turistas que se esparcen medio derretidos por las calles constituyen apenas un sucedáneo del ambiente que se respira en los meses lectivos. Sin embargo, el fútbol no espera a nadie, tampoco en la capital de provincia española que más Erasmus acoge.

Hubo un tiempo en que la plantilla del Granada CF también podía describirse -y de manera solo parcialmente alegórica- como una amalgama de Erasmus. El crisol de nacionalidades que componía las convocatorias daba lugar a numerosos chascarrillos acerca de la ONU y algún malintencionado aficionado rival utilizó esta circunstancia para reprochar falta de arraigo. Ataque del todo absurdo, por otro lado. Cualquiera que haya pisado Granada sabe que uno ya puede haber nacido en Kuala Lumpur, que bastará una breve estancia a los pies de la Alhambra para sentirse más oriundo que Lorca. En cualquier caso, el once que ayer estrenó el conjunto nazarí en su retorno a Primera División se hallaba repleto de españoles: el bloque que Diego Martínez comandó hasta lograr el ansiado ascenso se ha ganado la continuidad.

El encuentro comenzó con unos minutos de tanteo, con el Sevilla buscando mediante paredes la espalda de los laterales rojiblancos. La defensa granadinista es el talón de Aquiles del equipo, y Lopetegui intentó aprovecharlo mandando a sus hombres a una presión alta que forzase el error. El Granada recurrió entonces al juego directo más como resignación que como propuesta, y en uno de los muchos balones divididos el lateral Víctor Ruiz impactó involuntariamente en la testa de Reguilón, quien acabó conmocionado y llorando, como si fuera un estudiante en Pedro Antonio de Alarcón a las seis de la mañana. Su sustituto, Escudero, puso a prueba los reflejos de Rui Silva con algún buen disparo desde fuera del área.

El Granada se encontró más cómodo a medida que pasaban los minutos, con un Soldado que hacía honor a su apellido en su guerra con los centrales hispalenses. Mas faltaba la mordiente necesaria para inquietar verdaderamente la portería de Vaclik. Vadillo, encargado de la fantasía y el último pase, se perdía en arabescos de futbito y desperdiciaba un córner tras otro sacándolos en corto. Tras el descanso, el decorado apenas varió, con el equipo de Andalucía Oriental estirándose sobre el de Andalucía Occidental hasta que una jugada aislada rompió el guion del partido. Un despeje sin excesiva intención fue reorientado a medias entre Nolito y Jordán, y, en apenas tres pases, el holandés De Jong se vio solo contra el portero. El delantero ofreció una lamentable exhibición de lentitud, y cayó apenas pisó el área granaína, como un caballo derrengado antes de llegar a la posada. No obstante, su ineptitud se vio disimulada por la blandura de los centrales, que dejaron el balón muerto para que Jordán lo remachase, en premio al acompañamiento de la jugada.

A partir del 0-1 el Sevilla redobló su propuesta defensiva, dejando a Banega en el banco para la inclusión de Gudelj. El Granada continuó estrellándose contra una pared en oleadas de una impotencia cada vez mayor, y de nada sirvió la agitación que Martínez introdujo con las entradas de Machís y Carlos Fernández. Los sevillistas defendieron por amontonamiento, confiados en acertar en un segundo contragolpe. No les hizo falta. Sánchez Martínez decretó el final y el derby se marchó camino de la capital andaluza por la A-92.

El próximo encuentro en Los Cármenes se jugará en septiembre, con el grueso estudiantil ya reincorporado a la rutina. Que la ciudad acompañe con su atmósfera habitual puede parecer un detalle menor en el césped, pero uno debe estar presentable hasta para morir. Algo que resultará más complicado, a poco que el caudal de vitalidad que inunda las calles hasta junio se contagie al verde. Así sea.

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