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Hazard celebra su gol, el segundo del Real Madrid. EFE

Liga Santander

Doctor Jekyll y Míster Madrid

Después de una gran primera parte, el Real Madrid se vio contra las cuerdas en la segunda. Una vez más, fue capaz de lo mejor y de lo peor. El Granada defendió su honor y su fama.

Comprobado que las explicaciones futbolísticas son de todo punto insuficientes, es hora de que recurramos a los clásicos. Para entender la dramática alteración en la personalidad que experimenta el Real Madrid se hace necesario acudir a la obra maestra del trastorno disociativo: El extraño caso del Doctor Jekyll y Míster Hyde. Tal y como nos mostró Stevenson, los hombres (y por supuesto las mujeres) somos una cuerda estirada hasta el límite por dos fuerzas opuestas: la civilización y el instinto animal. Quien gana se apodera de nuestra voluntad. Y el combate está reñido en el Real Madrid. Después de una primera parte notable, sino sobresaliente, el equipo se vio vencido por el caos que le ataca al doblar cualquier esquina. Hacía allá se dirigió el amable y apuesto Doctor Jekyll y de allí salió en esta ocasión el repulsivo y abyecto Míster Hyde.

Cuando ya habíamos escrito un párrafo del elogio que merecía el Madrid, el Granada nos sugirió una pausa. El partido no estaba resuelto a pesar del tercer gol madridista, un espléndido chutazo de Modric que entró por la escuadra. Mantengo que goles así son tan curativos como una sesión de psicoanálisis, pero tal vez exagere. Porque lo cierto es que al Real Madrid no le curó de nada. Al contrario, esa fue la esquina por la que desapareció el encantador Doctor Jekyll.

Lo que ocurrió luego fue un estropicio semejante al de una enorme librería que se desmorona. Sin entender la razón, el equipo feliz comenzó a dar pasos hacia el abismo. El primero fue Areola, con un penalti torpe que dio vida al Granada, que necesita muy poco para animarse. El segundo tanto de los granadinos vino de una jugada a balón parado. Es difícil decir qué le aterrorizó más al Bernabéu, si el marcador (3-2) o el tiempo trancurrido (77’), quizá el que quedaba por transcurrir.

Pero el fútbol es una novela imprevisible. Cuando imaginábamos un asedio agónico, el Granada se vio devorado por su propia ansiedad. Quiso actuar tan rápido, empatar tan rápido y celebrar tan rápido, que la precipitación le bloqueó por completo. En concidencia con ese momento, o quizá porque Jekyll pasaba por allí, el Madrid se encontró a sí mismo favorecido por la entrada al campo de James, autor de un gol (882 días después) con poderes curativos, al menos en la colonia colombiana.

La victoria y el confeti del final feliz hacen complicado añadir otros análisis. Pero para el madridismo hay otras noticias igual de buenas. Mientras discutimos si será mejor Vinicius o Rodrygo (pulso la opción B), el uruguayo Federico Valverde demostró que es la más firme de las promesas que se crían en el Real Madrid. La distracción se entiende. Cuando buscamos una esperanza solemos mirar a los delanteros que vienen. Sin embargo, es muy posible que la estrella se localice en otra constelación y no brille tanto como imaginábamos, o lo haga de manera distinta. Valverde es cemento, no purpurina. Y creo que el Bernabéu, superado el desconcierto inicial, ha comenzado a apreciarlo. Además, siempre gustaron los chicos abnegados y con peinado clásico. Valverde cada vez está más próximo a la mejor de las comparaciones posibles: ser Steven Gerrard.

Tampoco fue mala noticia el gol de Hazard, excelente el golpeo, y seguramente liberador para el futbolista. El Madrid no puede vivir de la pólvora de Benzema, a no ser que el gato se haya transformado en tigre (ya suma seis goles en Liga) en otro prodigioso caso de transfiguración de la personalidad.

Entretanto, el madridismo tendrá que convivir con esta peculiar identidad disociativa. Si el equipo se somete a las reglas de la sociedad y del fútbol (orden, disciplina), puede acometer cualquier desafío. Si se deja llevar por los instintos más básicos (la pereza el primero de todos), no habrá tardes apacibles. El ejemplo de Jekyll y Hyde está escrito hace casi 140 años y es un aviso para navegantes. Conviene pasear atado al animal que llevamos dentro. Y tener paciencia. Quien dispara contra su yo salvaje corre el riesgo de matar al hombre civilizado.

4 – Real Madrid: Areola; Odriozola, Sergio Ramos, Varane, Carvajal; Casemiro, Valverde, Kroos (Modric, m.38); Hazard (Isco, m.69), Bale (James, m.83) y Benzema.

2 – Granada: Rui Silva; Víctor Diaz, Domingos Duarte, Germán Sánchez, Neva; Azeez (Vadillo, m.51), Yangel Herrera, Montoro (Gonalons, m.6), Antonio Puertas; Machís y Soldado (Carlos Fernández, m.64).

Goles: 1-0, m.2: Benzema. 2-0, m.45: Hazard. 3-0, m.61: Modric. 3-1, m.69: Machís. 3-2, m.77: Duarte. 4-2, m.92: James.

Árbitro: Santiago Jaime Latre (Colegio aragonés). Amonestó a Casemiro (43), Carvajal (54), Modric (61), Areola (67) y James (92) por el Real Madrid; y a Germán Sánchez (54), Soldado (56), Herrera (72) y Duarte (74) por el Granada.

Incidencias: encuentro correspondiente a la octava jornada de LaLiga Santander, disputado ante 70.315 espectadores.

Periodista, ciclista en sueños, cronista de variedades y cinéfilo (sector La La Land). Capitán del equipo para que le dejen jugar. Después de tantos años, sigue pensando que lo contrario del buenismo es el malismo. Fue subdirector del diario AS y colabora con El Transistor de Onda Cero. Ahora se lanza a esta aventura de 'A la Contra' porque cree que hay que hacer cosas. Y esta tiene buena pinta y le apetece mucho.

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