¡Síguenos!

Cine

Green Book: un cuento necesario

Como ya demostró Intocable, y a diferencia de la vida real, se gana más con una palabra amable que con una pistola.

Cuando las cosas van mal, es público y notorio que el mundo del entretenimiento se transforma. Si la gente lo que pide es reírse y olvidarse de su realidad, muchas comedias aparecen en cartel. Hay otras, sin embargo, que son un éxito asegurado salga el sol, llueva o truene. Como Green Book.

No es precisamente una caja de sorpresas, pero todo el mundo sale con buenas vibraciones, que no es poco. Con un panorama como el de los afroamericanos en los años sesenta, sólo cabría esperar una historia truculenta llena de denuncia social y resentimiento, pero como ya demostró Intocable y a diferencia de la vida real, se gana más con una palabra amable que con una pistola.

En pleno auge de la corrección política, la fórmula funciona. Dirigiéndose a ti, espectador que quieres reafirmar tus nobles convicciones, contando una historia de amistad rodeada de adversidades que florece sin mucha pretensión de ser rompedora. El director Peter Farrelly nos muestra con detalle cómo hemos cambiado en sesenta años (¿o quizá no tanto?) a través del italo-americano más castizo de todo Brooklyn: Tony Lip. Pero lo realmente interesante es que no se nos presenta un conflicto entre dos mundos como cabría esperar. El elegante y virtuoso pianista afroamericano esconde su homosexualidad y su alcoholismo de tal forma que lo aísla hasta de “los suyos”. Es a través de ésta soledad, que la empatía de Tony Lip rompe las irracionales barreras del racismo.

Éste matiz no podría haber funcionado sin la maravillosa actuación de Mahersala Ali, que está que se sale últimamente. Una perfecta rigidez que acentúa todavía más la distancia que ya marca de por sí su actitud. Los detalles de Viggo son un lujo para cualquier director no sólo con la preparación física, sino también con la voz y ése acento paleto tan marcado que solo un políglota como él podría hacer.

El espíritu de tender puentes y tirar muros es siempre sano, aunque sólo sea para romper tópicos y descubrir que un italo-americano puede ser más negro que cualquier otro negro. Conoces la historia, pero conviene recordarla, porque la historia no se repite, pero rima.

Un desastre curioso que trata de expresar lo que el arte le hace a su cabeza, a veces sobre los escenarios, a veces sobre el papel.

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Cine

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies