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Atlético

Griezmann, fin de año

De confirmarse que firmó su contrato en vísperas del partido de Turín alguien debería lanzar una propuesta para que su nombre desaparezca de todo lo que tiene ver con el Atlético de Madrid.

Cuando era pequeño me resultaba muy difícil entender que los años empezaran en enero. Si el colegio, la liga o las clases de judo comenzaban al finalizar el verano, no entendía por qué el calendario no seguía una lógica parecida. Ya no soy pequeño, pero sigo pensando igual. Para mí los años son temporadas que empiezan y acaban en agosto. Por eso soy reacio ahora mismo a hacer cábalas sobre la próxima temporada. Eso son cosas que suelo hacer con el bañador puesto y, desgraciadamente, todavía no es el caso.

Pero es complicado abstraerse. Mientras el futuro se manifiesta ya, con una fuerza arrolladora, en forma de muchacho portugués con pinta de tener la cabeza bien amueblada, el pasado, en forma de personaje con la cabeza amueblada de forma regular, se resiste a marcharse. Del primero me temo que hablaremos largo y tendido el año que viene. Paciencia. Del segundo espero no tener que hacerlo nunca más.

Si quitamos los análisis engolados, los cantos de sirena, y la poesía de mercadillo, la realidad es que sólo existen dos formas para que un equipo fiche a un jugador con contrato en vigor: por las buenas (negociando con el club que tiene la ficha) o por las malas (pagando la cláusula de rescisión del contrato). No hay más. El resto es postureo o negociación. Cargado todo de hipocresía, sí, pero, como decía Nietzsche, no hay nada más hipócrita que pretender eliminar la hipocresía.

El Barcelona ya intentó fichar a Griezmann el año pasado. Gracias a ello tuvimos que asistir a un lamentable culebrón radiofónico que acabó con un presunto vídeo Dogma que hoy, visto en perspectiva, podría calificarse tranquilamente de estupidez. Antes de eso, sin atisbo de humildad y sin el más mínimo respeto por el Atlético de Madrid, el entorno mediático del Barcelona estuvo fardando durante meses de la supuesta nueva vedette blaugrana (que todavía no lo era). Algún directivo del club, aupado en una imprudente soberbia que no sé de dónde salía, también se subió al carro. El aficionado rojiblanco, aunque no se lo crean, salió dolido de todo aquello. No por la posibilidad de perder un jugador (que desgraciadamente no es algo nuevo) sino por lo que dijo Torres hace bien poco: el colchonero lo perdona todo menos la falta de respeto.

Aquella farsa terminó con Griezmann en el Atleti cobrando un sueldo por encima de sus posibilidades (y de las del Atleti), además de una extraña cláusula de geometría variable que, misteriosamente, se reducía doce meses después. No parecía una apuesta de futuro, ni tampoco una muestra de fidelidad, pero aceptamos la estafa como ingenuos aficionados al fútbol que somos (yo el primero). Hay quien dice que aquello no fue más que el primer capítulo de lo que estamos viviendo ahora. Que el Barça no tenía dinero entonces y que todos, incluido el Atleti, estuvieron de acuerdo en retrasar el paripé. No tengo la más remota idea de si es cierto o no. Lo verdaderamente triste es que resulte creíble.

Doce meses después, a través de un vídeo más propio de un YouTuber caprichoso que de un multimillonario francés, Griezmann dijo que se largaba del Atleti. Así, como el que dice que se va al Decathlon a comprarse unos calcetines. El Atleti, sorprendentemente, actuó bien a partir de ese momento. No sé lo que pasaría en la trastienda (ni tengo por qué saberlo), pero lo que ha llegado a la opinión pública parece un sensato ejercicio de coherencia. Sin aspavientos, y sin decir una palabra de Griezmann, el club se dedicó a firmar a un jugador en esa misma posición. Ya está. Sólo faltaba esperar al 1 de julio y que el FC Barcelona (todos sabíamos que era el FC Barcelona) pagase la cláusula.

Según la versión oficial, el problema surge ahí, cuando el mismo equipo cuyo poderío le permitía no tener que rebajarse a negociar con nadie propone entonces negociar la cláusula. Pues mira, no. El Atleti, por una vez, decidió tirar de orgullo y plantarse públicamente. Eso ha provocado que, en un sorprendente giro de los acontecimientos, el entorno blaugrana parezca ofendido y que a Griezmann, ese gran profesional, le entre un fuerte estrés emocional que lo tiene retenido en la azotea de un yate de Ibiza y no le permite ir a trabajar. Discúlpenme que me sea imposible reprimir las carcajadas. A partir de ahí todo es ya especulación. ¿El Atleti estaba ya negociado la cláusula y lo de ahora es postureo? Puede ser. ¿Y qué? ¿Qué cambia eso? ¿Con qué verdad debe quedarse la opinión pública: la que es o la que le llega?

Puede que el Barça no tenga liquidez para hacer el pago, dicen. Ni lo sé ni me importa. Eso sí, tendría gracia que fuese así, escuchando hablar a los que caminan por el mundo con la soberbia del que cree merecerlo todo. ¿El Atleti no negocia con el Barça por manía o celos? Valiente chorrada. Es mucho más sencillo. El Bayern de Múnich y el City tampoco negociaron. Pagaron las cláusulas (íntegras) sin sentir la necesidad de insultar, menospreciar, ofender, tirar de soberbia, televisar sus reuniones ilegales o llenar de artículos incendiaros (y patéticos) sus diarios corifeos. Ahora bien, que el Atleti no va a denunciar a nadie lo intuye hasta Indi. Sus dirigentes parecen más preocupados por el dinero que por la gloria.

El tema, que evidentemente no es más que un problema de peculio, se arreglará en breve. Si no son los 120 millones será Semedo y si no, vete tú a saber. El caso es que Griezmann saldrá del Atleti y ahí terminará para siempre mi interés por esta decepcionante saga de ciencia ficción. Bueno, no. Me quedará la duda de saber si es verdad eso que dicen de que el francés firmó su nuevo contrato en vísperas de la eliminatoria de Turín. De confirmarse, alguien debería lanzar una propuesta para que el nombre de Griezmann desaparezca de todo lo que tenga que ver con el Atlético de Madrid. Sería lo mínimo.

Dicho lo cual, cierro la persiana y me dispongo a terminar la temporada de la mejor forma posible. Tirándome a la piscina, tomando cerveza y pensando en el Atleti que viene mientras luzco una camiseta que diga: «Soy del equipo del pueblo». Es broma. O no.

Sean felices y cojan fuerzas para lo que se avecina. Harán falta. Espero que volvamos a encontrarnos entonces.

Se hace llamar "escritor intruso", pero ya se está convirtiendo en escritor de cabecera. Alimentó un blog en torno al Atleti (“Y los sueños, sueños son”) desde 2007 a 2017 así como otros blogs clandestinos sobre música, cine, series y política. Además, es compositor, cantante, guitarrista y teclista de los 'Happy Losers'. También ha publicado discos en solitario bajo el pseudónimo de Lukah Boo. Entre otras rarezas tiene un título de Ingeniero Industrial firmado por el Rey.

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