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El Atlético quiere 200 millones por Griezmann, no 120

El club rojiblanco entiende que el acuerdo entre el futbolista y el Barcelona se hizo antes de que la cláusula se rebajara.

La secuela de La decisión ha tenido un desenlace diferente al de la primera cinta. El giro dramático ha sido de 180 grados, pero no ha pillado por sorpresa a ningún aficionado. Un año después de escoger al Atlético y rechazar al Barça, Antoine Griezmann ha emprendido el camino exactamente contrario. El delantero francés ya es a todas luces futbolista azulgrana. En la mañana de hoy, uno de sus abogados abonó en las oficinas de LaLiga la cláusula de rescisión de 120 millones de euros que lo vinculaba al equipo colchonero. Griezmann firma por cinco años, hasta 2024, tendrá una cláusula de 800 millones y el lunes arrancará la pretemporada junto al resto de sus nuevos compañeros. A la espera de conocer la reacción de los seguidores culés, su presentación se realizará este domingo a puerta cerrada por obras en el Camp Nou.

Sin embargo, el culebrón no ha terminado. El Atlético ha emitido un comunicado en el que reclama al Barcelona 200 millones al Barcelona. «El Atlético de Madrid considera que la cantidad depositada es insuficiente para hacer frente a su cláusula de rescisión, puesto que es obvio que el compromiso del jugador y del Fútbol Club Barcelona se cerró antes de que la citada cláusula se redujera de 200 a 120 millones de euros. También fue anterior a la fecha en la que se produjo la modificación de la cláusula la comunicación que el jugador realizó el 14 de mayo anunciando su desvinculación del club».

«El Atlético de Madrid cree —prosigue la nota— que la extinción del contrato se produjo antes de la finalización de la pasada temporada por hechos, actos y manifestaciones realizadas por el jugador y por ello ha iniciado ya los procedimientos que ha considerado oportunos para la defensa de sus derechos e intereses legítimos».

Y es cierto que el fichaje de Griezmann por el Barça era un secreto a voces que hoy ha dejado de serlo. A mediados de mayo, el futbolista galo hizo público que abandonaría el Atlético tras cinco cursos de rojiblanco. El anuncio fue a través de un vídeo sencillo, de poco más de dos minutos, con una pared blanca de fondo y un único plano del protagonista mirando a cámara. Nada que ver con lo espectacular que fue el documental con el que comunicó que se quedaba. Griezmann explicó que había tomado “la decisión de irse, ver otras cosas, tener otros desafíos. Me ha costado coger este camino, pero es lo que siento y necesito”. Aunque no confirmó la dirección del camino, todos los focos apuntaron a Barcelona. Hubo un momento en el se especuló sobre el interés de clubes como Madrid, City o PSG. Sin embargo, toda la rumorología terminó en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid. El consejero delegado del Atlético, Miguel Ángel Gil Marín, confesó delante del micrófono de Movistar Plus que tenía “muy claro dónde va a jugar Griezmann, se sabe desde marzo. En el Barcelona”. La declaración sorprendió por su rotundidad… y por el lugar.

Tanto Griezmann como el Barça jugaron al despiste. El delantero francés sí reconoció que ya sabía “dónde voy a jugar la próxima temporada y los sacrificios que tengo que hacer para llegar allí”. De nuevo se reservó el destino, pero el paso de los días fue haciendo todavía más evidente que se trataba del Camp Nou. Una hora antes de la presentación de Frenkie De Jong, Josep María Bartomeu compareció en solitario ante los medios de comunicación. El presidente azulgrana confirmó una reunión previa con Gil Marín para negociar las condiciones de la incorporación de Griezmann. El Atlético no negó el encuentro, pero emitió un comunicado muy duro a las pocas horas: “Evidentemente la respuesta del Atlético de Madrid fue negativa, entendiendo tanto que el Fútbol Club Barcelona como el jugador han faltado al respeto al Atlético de Madrid y a todos sus aficionados”.

La respuesta negativa del equipo colchonero se debió, según el comunicado, a la petición del Barça de “un aplazamiento del pago del referido importe de la cláusula vigente a partir del 1 de julio”. A la espera de que se resolviese su futuro, el Atlético también instó a Griezmann a incorporarse de forma inmediata a los entrenamientos del Cholo Simeone. El delantero francés alegó que le correspondía un mes de vacaciones, de acuerdo con el convenio colectivo firmado entre LaLiga y la AFE. Esos 30 días desde su último partido, con la selección francesa en Andorra, llegaron a su fin justo hoy. Mientras el Barça buscaba fórmulas para acometer el pago de la cláusula, el jugador aguardaba desde un yate en Ibiza la resolución definitiva de la operación.

Griezmann llega a un club herido por las dos últimas eliminaciones en Champions League. Paradójicamente, la traumática remontada del Liverpool en Anfield ha terminado jugando un papel positivo en el cambio de percepción de una parte importante de los aficionados culés con respecto a su fichaje. El campeón del mundo viene al Barça para serlo también de Europa. La copa con forma de orejona, tan linda y deseada por Messi, es el objetivo marcado en rojo para la próxima temporada. Griezmann compartirá vestuario con sus compatriotas Samuel Umtiti, Jean-Clair Todibo, Clement Lenglet y su buen amigo Ousmane Dembélé.

También con Gerard Piqué, el productor del documental en el que un año atrás anunció que rechazaba jugar en el Camp Nou… De todos es conocida la simpatía que el delantero francés siente hacia Uruguay. Desde la Real Sociedad, pasando por el Atlético de Madrid, siempre ha habido al menos un charrúa a su lado. El de esta nueva etapa en la Ciudad Condal será Luis Suárez, quien se encargó de recordarle en el pasado Mundial de Rusia que “por más que diga que es medio uruguayo, es francés y no sabe lo que es el sentimiento uruguayo”.

Con la incorporación de Griezmann, el Barça completa un tridente de ensueño junto a Suárez y Leo Messi. Definitivamente, el futbolista galo podrá decir que comparte mesa junto al cinco veces Balón de Oro… al menos la del comedor de la ciudad deportiva azulgrana. La MSG ya es una realidad. El tiempo dirá si a estas tres letras se añade una cuarta. En concreto, la N de Neymar. El caso Griezmann ha puesto de manifiesto que dar calabazas al Barça no te cierra las puertas del Camp Nou. El francés tardó un año en dar marcha atrás a su decisión inicial, el brasileño espera hacer lo mismo en dos… aunque ese es otro culebrón con un final menos predecible.

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