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Antoine Griezmann.
Antoine Griezmann. Captura #0.

Atlético

Griezmann hace historia y no es una buena noticia

Protagonizó ayer uno de los espectáculos más bochornosos que servidora ha presenciado. Asistimos a una nueva era del periodismo, al parecer.

Los jugadores han decidido que no necesitan a los medios de comunicación y prefieren vender; tal cual, vender, sus propias historias, desde su subjetividad. El pero es que hay que ser muy forofo para empatizar con un joven multimillonario que se hace tatuajes, se sube a su jet privado mientras una azafata le tapa con un paraguas para que no se moje, visita su cuadra de caballos, juega a la petanca y al baloncesto, se sienta en las escaleras de su casoplón y hasta hace pucheros porque no sabe qué hacer. La vida es tan jodida como quedarse en el Atlético que le ofrece más pasta o irse al Barça con la posibilidad de ganar más títulos. Un dilema tremendo, un drama, una tragedia, La decisión de Sophie, vamos. Un come-come, una angustia que no le deja vivir mientras medita ante la cámara: “Algo nos falta, no es mala suerte lo de las últimas Champions, algo nos ha faltado y también en Liga siempre quedamos segundos o terceros”. Y entonces se oye a su mujer, Erika, que le dice: “Si ganas la Champions allí serás uno más siempre; si la ganas aquí vas a entrar en la historia”. Es el 29 de abril, pero Griezmann aún no sabe qué hacer.

“La gente me dice, vete, vete, pero yo todavía estoy esperando algo del Atlético”, afirma el jugador mientras relame lo que queda del yogurt en una cucharilla de plástico. Y lo peor, claro, es que después de marcar dos goles en la final de la Europa League, en el último partido en el Wanda la afición le pita y se hunde. Al día siguiente Simeone llama a su puerta. “Tenía que venir Godín solo a mi casa y cuando bajé a abrir vi al Cholo. Venía a charlar un poquito. Como me vieron tan jodido vinieron a a darme ánimos y a hablar un poco. Me enfriaron porque estaba muy caliente. Por un lado puedo entenderlo porque no sé que voy a hacer. Voy a tomarme un tiempo, creo que me lo he ganado”. Sigue el dilema. Necesita pensar chupando la cuchara. O montando a caballo. O jugando a la petanca. O vaya usted a saber. Porque eso es justo lo que no cuenta el documental. De repente, al final, un día antes de irse con Francia al Mundial se hace la luz y habla por teléfono con un amigo que tampoco se sabe quién es y le dice: “Están haciendo todo lo posible para que el equipo siga creciendo. Es increíble. Están haciendo un montón de esfuerzos. No aguanto. Necesito decir a la gente que me quiero quedar”.

Es histórico, sí. Porque es la primera vez que se hace algo parecido en horario de máxima audiencia. Pero se ha sabido que hasta el último día, hasta la noche del miércoles, había dos versiones: una en la que se iba al Barça y otra que no. Y que en los dos meses que le siguieron las cámaras hay imágenes grabadas, según aseguraron en la Cadena Ser, en la que el futbolista se mofa después de conversar con Bartomeu o con el Atlético. La subasta estaba servida, pero el muchacho parece afectadísimo en todo momento. Al borde del abismo. Hasta que justo antes de irse al Mundial y superada ya la depre supo elegir los fotogramas precisos que a él le parecían mejores. Más auténticos.

El éxito de la producción es evidente. Felicidades. Igual les digo a los de Supervivientes, que lo están petando esta temporada, pero la imagen de Griezmann ha quedado tocada, que es justo lo que intentan controlar desde Powers to the Players. Porque resulta imposible no pensar, desde la simple vida de los demás que no somos multimillonarios, que el francés no tiene muchas luces si se ha dejado, y editado incluso, y queda retratado como un niñato malcriado. Y que lo que vimos ayer no es periodismo, es una película de propaganda, que encima ha sido producida por un compañero de profesión que es un asalariado del club que pretendía contratarle. Y que ha quedado, todo sea dicho, con el culo al aire. Que les aproveche el Power.

Periodista. Feminista. No me toques las palmas que me conozco. Optimista por obligación, sigo pensando que me tocará el Euromillón. 25 años de profesión. Empecé en Marca cubriendo el Madrid con Mendoza y me vine a Barcelona con el Barça de Laporta. He vivido más Copas de Europa que Gento. Y qué bien me lo paso aunque no haya visto nadar a Phelps o correr a Bolt en vivo y en directo. Canto fatal, pero no me rindo. Porque el que canta, su mal espanta.

5 Comments

5 Comments

  1. David

    14/06/2018 at 23:31

    Así no, Juanma.

    Tú verás a quién contratas, al fin y al cabo es tu medio, pero si la segunda palabra de una presentación -que también hace frase- es “feminista”, y dos renglones después dice que “ha vivido más copas de Europa que Gento”, creo que no hará falta que te diga que mejor vamos por otro camino. Juanma, así no.

    Y para ti, querida Gemma, ¿qué problema tienes con los multimillonarios jóvenes que montan a caballo y les gusta comer yogur? ¿Por qué no te haces un favor y te dedicas a escribir sobre otra cosa, cualquiera que te guste?

    Lo que vimos ayer no es periodismo. El mismo que tú encarnas llamando al jugador estrella del tercer mejor equipo español “niñato malcriado”, sencillamente por hacer uso de los medios de que hoy en día se disponen, sí, de esos mismos de los que tú también te sirves a diario. Por cierto, los dos últimos párrafos tienen varios errores de redacción, frases incompletas, etc.

    No sé cuál será el futuro de este medio, pero sé que no pasa por periodistas como tú escribiendo de temas que no le interesa y que, como haces aquí, desprecian.

    Ya sabes, es mejor mantener la boca cerrada en vez de abrirla y despejar todas las dudas…

    Un saludo

  2. jokin

    15/06/2018 at 07:58

    Amén con lo escrito en el artículo.

    Creo que gran culpa de todo esto lo tienen los clubes, o ponen el club por encima de ciertas cosas o pasa lo que pasa.

    En este caso, especialmente es sorprendente que no haya sido el Barça el que ante la falta de claridad del jugador haya salido a descartar su fichaje. Como bien dice el jugador, al final y al cabo iba a ser uno más, ¿hacía falta rebajarse tanto?

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