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'La Casa junto al mar', de Robert Guédiguian.
Ariane Ascaride y Jean-Pierre Darrousin, en una escena de la película.

Cine

‘La casa junto al mar’, breve historia del tiempo

Un lúcido drama que retrata el desencanto del paso del tiempo con sencillez, poesía y humor

Desde la inmensa Marius y Jeannette (1997) y la lúcida La ciudad está tranquila (2000), parece que el director marsellés no había vuelto a acariciar el cielo cinematográfico, territorio que ha vuelto a conquistar con una película tan sencilla como llena de verdad. Guédiguian, en la madurez de su obra y con ese poso de conocimiento del que sabe de qué va la vida, regresa con su grupo de actores fetiche a hablarnos de esa apisonadora que es el paso del tiempo, pero con una mirada más profunda y precisa de lo que retrató Linklater con Boyhood: momentos de una vida (2014). Se podría decir que si Stephen Hawking consiguió a través de la ciencia desentrañar la verdadera naturaleza de la dimensión temporal con su obra Breve historia del tiempo, Guédiguian hace lo propio con la poesía de su cámara. La casa junto al mar es una película sencilla, rotunda, nostálgica, transcendente, llena de matices, inspiradísima, sin redundancias, sin virtuosismos ni moderneces, una cinta donde se habla de la vida y de la muerte sin aspavientos ni fuegos de artificio, como ejemplifica esa delicada secuencia inicial donde nos pone cara a cara con la‘parca.


Título: La Casa Junto al Mar
Dirección: Robert Guédiguian.
Reparto: Ariane Ascaride, Jean-Pierre Darroussin, Gérard Meylan, Jacques Boudet, Anaïs Demoustier, Robinson Stévenin.
País: Francia.
Duración: 107 min.


La película nos cuenta la historia de tres hermanos que se reúnen en la vieja casa de un pueblecito de la costa francesa ante la enfermedad terminal de su padre. Ellos son Armand (Gérard Meylan), que regenta el pequeño restaurante de precios populares que abrió su padre frecuentado por los cada vez más escasos lugareños; Angèle (Ariane Ascaride), que se marchó a París para triunfar como actriz y rompió con su familia tras la muerte de su hija; y Joseph (Jean-Pierre Darroussin), un aburguesado profesor de universidad que añora su época de joven revolucionario y tiene una relación condenada al fracaso con una joven ex alumna. A través de las conversaciones entre los tres hermanos vamos asistiendo al desencanto que provoca ver la desconexión entre lo que quisieron ser y en lo que se han convertido finalmente. Cabe destacar el acierto de ese flashback donde el director utiliza material real de otra película que rodó en los años 80 con los mismos protagonistas y en las mismas localizaciones.

Además, en el último tercio de la película se suma la presencia de tres niños inmigrantes que arriban en una patera al pueblo y a los que buscan militares franceses. Son tres hermanos, dos niños y una niña —como los protagonistas—, que son acogidos por éstos y en los que ven un extraño y esperanzador reflejo de lo que algún día fueron, ahora que la Francia que conocieron se diluye entre la imposición del neocapitalismo salvaje, las renacidas corrientes de ultraderecha y el desmoronamiento de la clase media. Lo mejor es que Guédiguian lo retrata todo con lucidez, con humor y sinceridad, con un estilo que para muchos pertenece a otra época, a un tipo de cine que ya no se hace, y quizá sus críticos tengan razón, porque la lucidez es lo que precisamente hoy escasea en el cine de nuestros días.


CERVEZA RECOMENDADA


Azimut Blanche Lime & Basilic. Alcohol: 4,8 %. Amargor: 18 IBU.

Azimut Blanche Lime & Basilic

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Hay que echarle narices para ponerse a elaborar cerveza en una tierra de tradición vinícola como Burdeos. Pues así lo hicieron Paul y Vincent, los dos emprendedores que abrieron esta sorprendente micro en diciembre de 2016. Sus jóvenes creaciones se basan sobre todo en híbridos sencillos de estilos clásicos, unas cervezas que aportan creatividad al emergente mercado de las crafts. Para acompañar esta sensible y mediterránea película francesa, proponemos esta cerveza blanca de trigo que incorpora dos sorprendentes aditivos, la lima y la albahaca.

Esta bière es de color pajizo con la turbiedad propia de las cervezas de trigo, acompañada también de su característica corona de espuma blanca persistente. Lo que más sorprende a la nariz es el golpe de aroma a albahaca que se desprende al servirla. En boca, la mezcla del trigo, junto con la suavidad de su adjunto de avena y la integración perfecta de la albahaca fresca y la ralladura de lima es magnífica, por extraña que parezca. Una cerveza ligera y refrescante que marida perfectamente con pescados y mariscos.

 

Tras unas gafas ‘Clark Kent style’ y junto a Luis ‘Peter Parker’ Cárcamo se inició en el heroico oficio del periodismo en la agencia Hero Press. Desde tiempos analógicos ha escrito sobre cine, sexo, drogas y rock & roll para medios como DT, Hablan, Grandes Viajes, GQ, Maxim… Ahora, cuando no está en el cine o en el bar, marida pelis y birras para A La Contra. No perdona una velada con Toro Salvaje en la pantalla y una buena pinta de cerveza Porter en la mano.

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