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Tupac Pinilla, Kelvis Ochoa, Jorge Yadier Pérez y Dayron Robles.

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Habana Blues: Jorgito, la felicidad y el Real Madrid

Dayron Robles, Kelvis Ochoa y Tupac Pinilla, visitaron, como socios de la Peña del Real Madrid de La Habana, a un niño de nombre Jorge, enfermo, como ellos, de madridismo y alguna cosa más. Así lo relató Tupac Pinilla

Habana Blues: Jorgito, la felicidad y el Real Madrid

En fecha reciente, el atleta Dayron Robles, campeón Olímpico de 110 metros vallas en Pekín 2008 y récordman mundial de la especialidad durante cuatro años, el cantante Kelvis Ochoa, ganador de un Goya por la banda sonora de la película Habana Blues y el intelectual Tupac Pinilla visitaron, en calidad de socios de la Peña Madridista de La Habana, a un niño cubano de 13 años aquejado de una terrible enfermedad, cuya gran pasión es el Real Madrid. La idea fue de Tupac Pinilla, quien padece del mismo mal, cuando descubrió por casualidad, leyendo un periódico local, la historia de Jorge Yadier Pérez. Dayron y Kelvis demostraron su inmensa calidad humana, pues no dudaron un segundo en sumarse a la iniciativa. Llevaron al niño un carnet de socio honorífico de nuestra Peña, amén de diversos regalos: bufandas, pins, llaveros; todo del Real Madrid. A Kelvis le acompañó su guitarra, con la que cantó, en primicia, un himno madridista/latino que ha compuesto y pronto grabará. Fue una tarde inolvidable para todos ellos e, indudablemente, uno de los momentos más gratificantes de la vida de esta Peña. Pedí a Tupac Pinilla que describiera la experiencia por escrito y éste es el resultado:

“Una de esas tardes en que deshojamos la ansiedad en algún periódico, no importa cuál, sin leer y con la cabeza en otro sitio, saltó la foto que detuvo mi ritual: era yo mismo, sonriente desde el suelo de mi infancia. Narciso curioso, repatrié mi conciencia peregrina para dilucidar cuál porqué estampaba mi pasado en esa página, pero el texto desmentía al retrato: aquel niño no era yo.

Jorge Yadier Pérez Álvarez es un muchachito de 13 años que comparte conmigo, además de un singularísimo fenotipo, la impronunciable enfermedad que lo determina: una atrofia muscular espinal, congénita y progresiva. En su caso, mucho más severo que el mío, no solo restringe su locomoción y validismo, sino que lo obliga a depender del respirador artificial que lo confina, desde hace una década, al universo de un cubículo de Cuidados Intensivos en un hospital pediátrico habanero. Y quizás la misma aberración cromosómica que nos hizo a su imagen y semejanza sea, también, culpable de que Jorgito y yo comulguemos en igual y paradójica pasión: vivimos el futbol, morimos por el Real Madrid.

Aquella información desató una sucesión de resonancias: al socio de la Peña Madridista de La Habana que soy se le ocurrió hacerle el cuento a nuestro presidente y proponerle que, si la familia de Jorgito accedía, lo acogiéramos en la nuestra. Álvaro, entusiasta de atar y solidario de altar, dobló mi apuesta: lo haríamos miembro, claro, pero el carnet que lo acredita se lo entregaría alguna pareja de ilustres peñistas. Con idéntica ilusión acogieron la idea la madre del niño, una joven animosa y tenaz, y un par de nuestros famosos: el sí enfático del campeón olímpico y recordista mundial Dayron Robles tardó menos que él mismo superando las vallas en la pista de Ostrava; la adhesión del cantautor Kelvis Ochoa tuvo aún más ritmo y sabor que una reinvención del sucusucu.

Pocos días después, una tarde casi fría de febrero, llegamos al concentrado universo de Jorgito. Nos esperaba risueño, escoltado por madre y abuela, y vestido con su uniforme blanco y sus amuletos madridistas como polvo estelar repartido por todo el espacio. Dayron le entregó el carnet y algunos souvenires de la Peña, Kelvis le regaló su música y el preestreno del himno que tendremos, y todos hablamos ese otro lenguaje universal que es el futbol, conjugando al Madrid en subjuntivo: del pretérito perfecto al futuro como ley. La densidad de energía (léase como magnitud cuantificable de la felicidad) tendía al infinito, y aunque en aquel cosmos en expansión acelerada se advertían conocidas formaciones galácticas, Jorgito irradiaba como la estrella naciente que absorbía cualquier singularidad gravitatoria”.

Tupac Pinilla, Doctor en Ciencias Psicológicas, es editor literario, periodista, guionista y realizador de audiovisuales.

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