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Padres

¡Hagan juego, señoritos!

Uno de cada cuatro adolescentes ha jugado alguna vez a las apuestas deportivas en salones, apuestas online, tragaperras, póker o ruleta.

Es la hora del recreo.

Un grupo de chicos de primero de Bachillerato se dirige con paso decidido al local de siempre. Recorren apenas 500 metros desde su instituto. Van bromeando. Es la misma rutina de todos los días.

Al llegar, sacan sus carteras. Toman 5, 10, 20 euros en la mano… Y apuestan.

En el derby del domingo, en el partido de cricket de los colistas de la Liga Inglesa, en el próximo combate de sumo de un país que no saben situar en el mapa, en el color de la indumentaria del segundo portero de un equipo de Tercera Regional…

Qué más da.

Lo que cuenta es dejarse llevar por el latigazo de sensaciones que conlleva la incertidumbre, el azar y la buena (o mala) suerte.

Si usted, lector, tiene hijos mayores de 14 años, sabrá muy probablemente de lo que hablo. Si sus niños son pequeños, póngase en oración para que en unos años la ley haya regulado esta realidad que crece como la espuma de una cerveza mal tirada.

Porque sí, es cierto que en España el juego se acota para los mayores de edad. Pero también lo es que puede utilizarse un DNI ajeno para acceder a las casas físicas de apuestas. Y que resulta insultantemente sencillo darse de alta en las páginas de juego online con los datos de un adulto.

La realidad es que hay adolescentes totalmente enganchados al juego. Si el azar no les ha sonreído, y han encadenado pérdidas, probablemente han dejado pronto de verle la gracia a poner en la cuerda floja la paga del mes. Pero si la mala suerte no se ha cebado con ellos, y han ganado algunos premios (50, 100, 300 euros…), puede que ellos y sus padres estén ante un verdadero y todavía silenciado problema. Una bola de nieve que puede arrastrarlos hasta lo más profundo.

Por supuesto que hay empresas del sector en las que no se permite entrar a  menores y en las que se comprueba exhaustivamente que ese chaval dice ser quien es y tiene la edad que asegura. Pero en muchas más ocasiones de las que podemos imaginar la historia se escribe con tinta invisible.

Si nadie le pone remedio, con leyes que impidan la ubicación de estos locales cerca de centros escolares, o exigiendo unos registros mucho más fiables en las apuestas online, dentro de unos años nos acordaremos de este humilde artículo.

Porque en las asociaciones que tratan la adicción al juego patológico acuden cada vez más adolescentes y jóvenes, que están dibujando un nuevo perfil en el prototipo de ludópata.

Por si a estas alturas piensa que exagero y que los míos son desvelos paranoicos de una madre sobreprotectora, ahí van unos datos. Según un estudio de la Universidad Miguel Hernández, de Alicante, uno de cada cuatro adolescentes ha jugado alguna vez a las apuestas deportivas en salones, las apuestas deportivas online, las tragaperras, el póker o la ruleta.

De estos jovencitos de entre 13 y 17 años, un 4,9% eran ya jugadores de riesgo y un 1,2% cumplía los criterios para ser considerado jugador problemático.

¿Alarmismo innecesario?

Al margen de las conversaciones pendientes que cada uno decida llevar a cabo con sus hijos, urge hacer otro tipo de análisis y de intervención. A través de la ley y apoyándose en la ética.

¿Es razonable que deportistas de primer nivel a los que les costaría demasiado recordar el número de ceros de su cuenta corriente decidan promocionar este tipo de servicios? Ídolos que son capaces de convencer de que es de noche cuando luce el sol. Personajes mediáticos que arrastran una admiración popular tan grande como la ausencia de crítica hacia sus actos…

Yo tengo mi respuesta inequívoca.

Por desgracia, para nuestros jóvenes, hay amenazas mucho más grandes que la del uso continuo del móvil.  

Por eso, no lo hagan. No hagan juego, señoritos.

Al menos hasta que cumplan la mayoría de edad y puedan discernir cuál es la mejor manera de tomar las riendas de su propia vida.

Consejo de madre (que nunca falla).

Terry Gragera es periodista especializada en salud y maternidad. Tiene tres hijos con los que ha descubierto que es posible correr un maratón diario sin darse ni cuenta. Desde muy pequeña decidió que es mucho mejor ir "A LA CONTRA".

3 Comments

3 Comments

  1. Ana Bonilla Rodriguez

    13/01/2018 at 14:58

    Buenísimo, como siempre..una redactora impecable

  2. ROSA MARIA cuesta guerrero

    13/01/2018 at 16:49

    Empiezan como un juego de risas y adrenalina entre los amigos y luego les come… El dicho.. Empiezan con un euro an la máquina y al final va el sueldo… Hay que controlar más la publicidad y la ley.. Se nos van de las manos
    Excelente texto.. Como siempre Terry

  3. Carmen María

    14/01/2018 at 23:36

    Estoy totalmente de acuerdo con tu artículo. Muchas gracias porque es bueno recordarlo.

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