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Halterofilia

Entrevistas

«En halterofilia por fin podemos ganar los limpios»

Francisco Mateos es una leyenda de la halterofilia española que estuvo en Múnich 1972 y Montreal 1976. El COE le acaba de reconocer otros, México 1968.

Francisco de Asís Mateos Ángel (Sevilla, 04-04-47), la leyenda de la halterofilia española de todos los tiempos, firmó dos participaciones materiales en Juegos Olímpicos (1972, Múnich; 1976, Montreal)… y el Comité Olímpico Español (COE) le acaba de reconocer, con diploma oficial, una tercera, en 1968, en México, adonde Mateos, con la mínima conseguida, no pudo viajar, «seamos sinceros, porque no había dinero para llevar a uno de halterofiliia, no lo sacaron, punto y no lo han reconocido hasta ahora mismo», afirma hoy el formidable levantador del Club Natación Sevilla.

Además, Mateos compitió en cuatro Mundiales —siempre en categorías hasta 69 kilogramos, décimo en 1969, en Alemania— y fue quinto de Europa en 67,5 kilos. Logró 92 récords entre absolutos y júniors y fue 14 veces campeón de España. A LA CONTRA entrevistó a Paco Mateos, establecido en pleno corazón de Triana, en la calle Pagés del Corro, para conocer sus impresiones sobre el boom de la halterofilia española, ahora convertida en toda una potencia europea.

Mateos, capataz de cofradías y aficionado a los toros, con abono de Sombra en la Plaza de la Real Maestranza, también vivió una aventura extraordinaria: en 1972, en Múnich, prácticamente compartía apartamento y vivía en el mismo bloque de la Connollystrasse, en la Villa Olímpica de la Oberwiesenfeld muniquesa… donde un comando de Septiembre Negro secuestró y acabó matando a once deportistas de la delegación de Israel: precisamente, en la República Federal de Alemania…

—La primera pregunta es cómo se le ocurre a un chaval sevillano de los años 60 y de la calle Marqués de Paradas meterse en el tema de las pesas o de la halterofilia, que era entonces algo tan exótico… como si un ruso se pone a torear.

—Es verdad que eso a la gente no le cabía en la cabeza. Pero yo, que había sido un niño canijo y enfermito, de chico, fui al Club Natación, a la calle Trastamara, para que me metieran en unos cursillos de natación. Lorenzo Muñoz Izal, que fue periodista y era el jefe del equipo de natación, como me vio tan canijo… me echó para atrás. Después, mi hermano mayor, Isaac, me puso en contacto con Pepe Gordillo, que ya estaba y que fue uno de los mejores levantadores españoles de todos los tiempos. Gordillo se fijó en que yo era rápido y tenía fuerza en las piernas. Así que me olvidé de la natación. En halterofilia empecé en 56 kilos y terminé en 67,5, en Montreal, ya en peso ligero. Lorenzo Muñoz siempre dijo que conmigo le había fallado el ojo.

—Y por ahí se iban ustedes, los levantadores sevillanos, por esa Europa de finales de los 60 y los 70…

—Lo nunca visto, a la gente eso no le entraba en la cabeza. Viajábamos por ahí Gordillo, yo, otro de Zaragoza que se llamaba Almáu y a veces nos encontrábamos con otro sevillano, Antonio Tabares, que fue juez internacional, y también fue mi padrino y mi entrenador. Tenía 18 años, en 1965, cuando la Federación de Polonia me ofreció una beca para quedarme allí a entrenar, pero allí sí que no me iba a quedar con 18 añitos. Los polacos decían que, por mi fuerza de piernas, yo era uno de los mejores levantadores del Oeste.

—Y después movió cargas de entrenamiento… como si fuera un polaco.

—Verdad, hijo. No pensaba que después, en el apogeo de todo, iba a estar haciendo entrenamiento de 50.000 o 60.000 kilos diarios. Como no tomaba cosas raras para recuperar, en lo único que pensaba era en dormir. Siempre reventado. Y eso, sin ver un duro. Éramos total y absolutamente amateurs.

—Luego nos cuenta otras cosas de aquellos Juegos y aquellos años, pero ahora, ¿cómo ve lo que están haciendo los levantadores españoles, los éxitos de Lydia Valentín, de Josué Brachi, Andrés Mata…

—Pues sólo cabe decir que después de la desaparición del doping en aquellos países que fueron de la órbita comunista y socialista, los rusos, polacos y búlgaros… por fin podemos ganar y tenemos un beneficio los que llevamos a buenos levantadores limpios. Nosotros siempre supimos que los del Este tomaban cosas raras, pero a ver quién y cómo podía demostrarlo. Se nos controlaba constantemente en todos los Campeonatos, por puesto (cinco primeros) y por sorteo. Pero no era con la perfección de estos tiempos, claro que no. Sabíamos que los del Este tenían que tomar cosas extrañas, porque sus marcas eran imposibles, eran como de otro mundo. Nosotros íbamos con Cocacolas y vitaminas. Ahora se ve la realidad de las cosas. Ya no hay polacos, rusos, búlgaros… ni siquiera los turcos. Y se ve que también llegan otros países que con la situación anterior nunca fueron nada: los italianos, los griegos…

—Tras retirarse de la competición, en 1976, usted pasó a ser entrenador y Director Técnico del Natación Sevilla. Como técnico, ¿por qué son tan buenos Brachi, Valentín, Mata…?

—Técnicamente, en España siempre hemos tenido buenos levantadores por dimensiones y fuerza, no sé si habrá algo de genética. Rápidos, con piernas y con la coordinación y concentración que este deporte exige, que es máxima. Brachi, al que conozco mejor, tiene todo eso: muy buena técnica y siempre muy concentrado. Manuel Bermejo, en Sevilla, y Matías Fernández, en Madrid, han hecho un gran trabajo con él. De Lydia Valentín se puede decir tres cuartos de lo mismo, como de Mata. Pero siempre han sido igual de buenos. Tampoco es que las marcas se hayan mejorado espectacularmente: lo que pasa es que la gente se da cuenta ahora, cuando han desaparecido los del doping y se ha podido ver, por fin, las posibilidades que teníamos algunos otros países. Creo que en Tokio 2020 los vamos a ver a todos en el podio, si siguen así.

—Bueno, no sólo era doping, ¿no? Los soviéticos tenían algunos especímenes humanos impresionantes en los grandes pesos, como Vassili Alexeiev o Leonid Zhabotinsky…

—Leonid Zhabotinsky, ja, ja… vaya memoria. Con los dos he estado yo en Campeonatos. Y cada uno de ellos pesaba más de 160 kilos. Pues Alexeiev (N: el primer hombre en rebasar en clean jerk las 500 libras o 226,8 kilos) era ingeniero civil en Rusia… en aquella Rusia. No se me olvidará: Alexeiev se comía antes de competir una docena de huevos crudos, y se bebía tres botellas de Agua de Vichy: eso, como primer plato. Después del entremés de los huevos y el agua, se comía tres o cuatro chuletones de un kilo cada uno, tres o cuatro kilos de carne. Todo, antes de competir. Lo que no tenían en su casa, claro.

—¿Y ustedes?

—Nosotros, a dieta: para dar el peso.

—Los Juegos Olímpicos. Paso a paso…

—A mí me habían quitado de ir a México en 1968, después de tres medallas en los Juegos del Mediterráneo de 1967, en Túnez, tres bronces. Dijeron que era un problema burocrático (Halterofilia era entonces un departamento adscrito a Gimnasia), pero la única realidad es que se quedaron sin dinero, cuando yo me había ganado la plaza. Ahora me lo han reconocido oficialmente desde el COE, con un diploma de participación en México.

—Cuatro años después, en Múnich le pasaron algunas cosas. Exactamente, el 5 de septiembre de 1972. Un Septiembre Negro, para ser exactos…

—En Múnich… pues yo tomaba café y jugaba al billar cada tarde con los del equipo israelí de halterofilia. Vivíamos en bloques enfrentados, en la Villa Olímpica, prácticamente casi al lado (N: en Connollystrasse). Total, aquella tarde, tras el billar, me despedí de uno de mis amigos, Yossef Romano, el de peso medio (75 kgs.) y nos dijimos ‘hasta mañana’. Habíamos terminado de competir y él, que estaba lesionado, ya se iba. Pero por la mañana del día cinco, Antonio Tabares y yo nos vimos rodeados de policías alemanes, cuando nos despertamos. A las 11:00 nos reunió Anselmo López, que era nuestro Jefe de Misión del COE y conmigo siempre fue un monstruo. Anselmo nos dijo que había habido un ataque con rehenes, que estábamos incomunicados y que el que saliera de allí, que se atuviera a las consecuencias. Decían que el objetivo real del comando era Mark Spitz, que si habían llenado de cargas de dinamita el Estadio Olímpico. En fin…

Romano levantando a otra persona.

—En fin…

—A Romano lo mataron el primero o el segundo, según creo. De un tiro con una metralleta. Entraron allí, en la Villa, como Pedro por su casa. Con Romano, ya mataron a un entrenador (Moshe Weinberg). Y luego tomaron esos otros nueve rehenes —que murieron todos—, con varios de halterofilia entre ellos (N: Ze’ev Friedman, David Berger, Yakov Springer), fíjese lo cerca que estábamos. Hasta que todo pasó, estuvimos al menos tres días incomunicados, sin salir del bloque y sin teléfono. Mi mujer, Sol, no podía comunicarse conmigo. Los Juegos se suspendieron por un día… y después siguieron. Ya sabe que hicieron películas y todo eso.
(«Con lo de Múnich vivimos un calvario, el corazón en vilo», apostilla Soledad Blanco, la esposa de Francisco Mateos).

—Y la carrera olímpica de Paco Mateos concluyó cuatro años después, en Montreal 76…

—Había sido decimocuarto en aquella competición. Pero después, al volver, me dolía todo, unos dolores tremendos, por todas partes. Al final resultó que tenía una hernia de disco en lumbares. Y ahí se terminó la historia y me dediqué a mi trabajo (fisioterapia de rehabilitación). Las metas se consiguen con trabajo. Y con sacrificio. Tienes que competir en todo lo que haces en la vida, ir superando metas, una tras otra. Esa es la verdadera mentalidad de alta competición. Y todo eso solo se consigue con sacrificio. Pero mi cuerpo ya no daba para más, eso lo tuve claro después de venir de Montreal.

—Un resumen…

—Jajaja: usted ya lo sabe. Pues que Sevilla lo tiene todo: Sevilla es como Múnich… pero mejor, mucho mejor.

Un periodista enciclopédico que conoce el deporte de alta competición como pocos. Sus crónicas de tenis, NBA, boxeo e incluso fútbol, en su versión más sevillana, han glosado páginas históricas en El Mundo y el diario AS durante las últimas décadas. Un yankee nacido en Coria del Río que igual entrevista a Kobe Bryant que visita a Joe Frazier o conversa con Rafael Nadal. Un periodista 24 horas al día.

1 Comment

1 Comment

  1. José Miguel Navarro Barrera

    03/04/2018 at 09:51

    Una vez más, espectacular. No cuenta una historia mala ni queriendo. El mejor periodista deportivo del sur de Europa y de los mejores en lengua española.

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