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Messi celebra el primer gol del Barça. / Cordón Press

Champions

Harakiri de la Roma (4-1)

Dos autogoles de los italianos abrieron el partido con una Roma indolente en punta que presionó muy arriba y poco más. Valverde apostó por volantes y posesión ante el sudoku de Di Francesco.

Acabará la temporada y no sabremos si el Barcelona es carnívoro o vegetariano. Valverde ha diversificado tanto su fútbol que cuando uno se sienta a ver los partidos del Barça duda entre poner cuchara o tenedor, si toca asado o tabule de quinoa. Lo único seguro es la presencia del omnívoro Messi y del caníbal Suárez.

Para medirse a la correosa Roma, que tenía al Txingurri con las orejas tiesas, el técnico aparcó la electricidad de Dembelé y apostó por el conductivismo de La Masia con una medular con Busquets, Iniesta, Sergi Roberto y Rakitic, otro pelotero. Volantes en lugar de extremos, asociación interior antes que desborde exterior. Más amor que sexo. Más caricias que mordiscos. Las bandas las abrió a los laterales, donde apareció insospechadamente el portugués Semedo, productivo llegador y lateral vulnerable.

Tenía más problemas la Roma, que pese a las notables bajas del ninja Nainggolan y del turco Ünder, salió a apretar muy arriba. Di Francesco, una suerte de Paco Jémez italiano, sacó la defensa 30 metros fuera del área de Allison Becker, y mandó a sus delanteros a presionar a Piqué y Umtiti. El Camp Nou era más largo que ancho. Valverde acertó apostando por ‘tejedores’ de fútbol para descifrar el sudoku romano.

Pasada la media hora el partido era incómodo para el Barça, de los que obligan a pensar para sortear las variopintas trampas tácticas del rival. Cortejo azulgrana con el balón en los pies. Rakitic mandó al palo un balón perdido y Allison sacó un disparo de Suárez, mientras que un piscinazo de Dzeko ante Semedo fue lo más noticiable por el bando visitante.

El fútbol se jugaba en los alrededores del área italiano cuando, en el minuto 38, Iniesta conectó con Messi, pero se adelantó el gladiador De Rossi rebañando el pase con tan mala suerte que el balón terminó en la red de Allison. Harakiri. Al descanso el partido resultaba de digestión pesada. 

El segundo plato casi se le indigesta al Barça, que no dejó de bostezar. Al minuto de la reanudación Perotti cabeceó en el segundo palo un balón cargado de suspense. Cinco minutos después un balón de Florenti se topó en el palo tras un error de Umtiti (había salido). Pero la Roma es un equipo con bromuro en punta y cianuro en defensa. Un centro de Rakitic fue rematado por Umtiti al palo y el rechace rebotó en Manolas para acabar en la red de Allison. Dos a cero. Dos autogoles. Suicidio romano ante un Barça contemplativo. 

Y con Roma en llamas un contragolpe del Barça a la hora de partido terminó con un gol de Piqué a lo Sergio Ramos. Robó por anticipación, se fue arriba acompañando la jugada y empujó a gol el rechace de Allison al disparo de Suárez. El resto fue una faena de aliño. Valverde minimizó daños retirando a Sergio Busquets, al que bien podría mandar a hibernar dos o tres semanas dada la despejada situación de la Liga y la de esta eliminatoria. 

La media hora final fue un ejercicio de hipnosis azulgrana. Un fútbol narcotizante en el que solo se disparaba el pulso con los equilibrios en el alambre de Ter Stegen. Lo más ofensivo en el tramo final fue la mirada de Umtiti a su portero tras un regalo que casi le cuesta un gol. Tanto que llegó en el minuto 79, con el Barça dormido y un centro al corazón del área que Dzeko empujó a la red. El gol volvía a abrir la eliminatoria, Valverde se lamentaba en la banda y el público se lo tomaba con naturalidad. Sin embargo, la Roma se obcecó en cavar su tumba. Un centro tibio al área visitante, en el minuto 86, fue mal controlado por Manolas y el balón cayó a los pies de Suárez, que clavó el gol. El pescado está vendido. Los de Di Francesco tienen más trabajo táctico que gol. Al menos en la portería contraria… 

Como buen jugador de rugby le va el contacto, incluso cuando escribe. Lleva 20 años en el periodismo, 15 de ellos estuvo en el AS. Además ha tenido tiempo para comentar rugby en Canal +, Eurosport TV y Movistar, asomarse a Estudio Estadio, escribir para revistas como Esquire, GQ o Jot Down, y ser editor de deportes Terra y Vozpópuli. Actualmente escribe en El Confidencial y Eurosport y en la web de rugby '22'.

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