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Hay vida en Marte

El peor pecado del Madrid no es la soberbia, es la pereza.

Pocas cosas hay más neuróticas que un Real Madrid llamando a las puertas del infierno. Quien se aburra con este equipo, no sabe divertirse. En cada pretemporada, el Madrid nos da lo mismo…pero distinto, la máxima por la que debería regirse cualquier buen guión cinematográfico según Blake Snyder en el libro Salva al gato. Primero, todo parece formar parte de un farol perfectamente preparado para que se tome Concha Espina por la fuerza y se pida que varias cabezas pasen por la guillotina. En el nudo hay idas y venidas, caídas, renacimientos; y en el desenlace, inquina por el desastre o alegría desmedida cuando se tira la Liga pero se gana la Champions por obra y gracia de un Espíritu Santo —una vez se hizo corpóreo en Cristiano Ronaldo— que la temporada pasada se hartó de alimentar la leyenda urbana.

Ese es el pan nuestro de cada día, no entender que existen grises, y que entre una pretemporada ridícula y afirmar que ya todo forma parte del pasado, apenas han transcurrido 24 horas. Al Madrid —y a los madridistas— nos encanta el caos. La alineación que presentó Zidane ante el Celta nos sonaba de algo, pero el empaque y la estructura apretada y poco porosa del equipo era algo que no recordaban ni los más viejos del lugar. El Madrid, entendido como un amalgama de caracteres muy diferentes, decide por sí mismo el cuándo y el cómo, y aunque Zidane quiera creer que tiene poder sobre este dogma, no es así.  Al entrenador blanco le honra la titularidad de Bale, porque al ser humano le cuesta mucho dejar los problemas personales en la puerta del trabajo. Pero Bale no hizo tan buen partido por devolverle el favor, sino porque Gareth es así de bueno y ayer tenía ganas de demostrarlo. Igual que Marcelo, que al no verse exigido en defensa, convirtió su anarquía en virtud. Igual que Kroos, que de repente, se quitó los cables que le inyectaban oxígeno y echó a andar por los pasillos del hospital corroborando que no estaba enfermo, que solo necesitaba unos mimos. El peor pecado del Madrid no es la soberbia, es la pereza.

Hay algunas señales que invitan a pensar que este equipo nos ha vuelto a engañar, pero tengamos prudencia por aquello de que el camino es largo y las vidas se agotan con facilidad. Solo ordenamos nuestros pensamientos, pero jugar bien es otra cosa. No sabemos si este Real Madrid de las segundas oportunidades cambiará el próximo fin de semana la máscara de hierro que llevó ante el Celta, por una de un anciano cansado y apesadumbrado. En ese intervalo de tiempo volveremos a subirnos a una montaña rusa de emociones. No sabemos vivir de otra manera.

 

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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