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Melenudos, sensibles y horteras: los heavys tenían su corazoncito

No vamos a tratar ninguna de Whitesnake y similares ya que el encanto de este fenómeno está en lo sórdido y a ello nos aplicaremos. Porque la balada heavy, como las bodas y la navidad, tienen que ser horteras, si no, es perversión de su esencia.

Vamos a hacer un ejercicio de nostalgia para revivir aquella época en la que los grupos heavies ochenteros por una regla no escrita tenían que incluir una gran balada en sus repertorios. Qué momentos cuando en los conciertos los mecheritos paraban de quemar costo durante unos minutos para elevarse por encima de los sobacos sudorosos haciendo mover de lado a lado su llamita. Resultaba enternecedor ver a aquellos cafres melenudos ataviados cuales fieros alanos sedientos de sangre a los que los tiempos lentos de aquellas baladas les hacían recordar que en el fondo solo eran machotes sensibles capaces de emitir amargas lágrimas y lamentos desgarrados por la pérdida de su amor o por la incomprensión de la sociedad que los censuraba.

Todo el mundo reconoce como canon indiscutible de este fenómeno el Still Loving You de los Scorpions pero van a permitirnos omitir esta composición por estar más que manoseada. De hecho hubo un tiempo en que en los barrios de nuestras ciudades había gente que solo escuchaba a música de rumba suburbial y el Still Loving You. Era el fenómeno conocido como los Chichos Maiden. Tampoco vamos a incluir baladas posteriores del tipo More Than Words de los Extreme porque aquello ya fue algo mucho más exportable que se desmarcaba totalmente del canon de la balada heavy que hoy tratamos. No vamos a tratar ninguna de Whitesnake y similares ya que el encanto de este fenómeno está en lo sórdido y a ello nos aplicaremos. Porque la balada heavy, como las bodas y la navidad, tienen que ser horteras, si no, es perversión de su esencia.

Para sentar las bases vamos a comenzar con una de los Twisted Sister –también conocidos como Tute Fuiste entre los menos anglófonos– que representa con total fidelidad este objeto de estudio. Hablamos de un grupo de animalotes de los suburbios neoyorkinos que se pintaban y vestían como bailarinas del Whiskey a Go Go, mezcla esta de marginalidad y travestismo que sería algo asimilable a haber visto aquí a los Calis vestidos de lagarterana. Pero lo que también es cierto es que los Tute fueron los verdaderos representantes del Heavy-Glam muy por encima de los afamados Mötley Crüe ya que eran mucho más duros que nadie y además contaban con una bestia, un vocalista total, Dee Snider dotado de un timbre y una potencia como para derribar muros de hormigón. Hay dos profesiones para las que conviene ser muy feo, una es la de defensa central y otra la de cantante Heavy. Bueno, pues digamos que Dee Snider podría acabar él solito con todos los problemas defensivos de los que adolece el Real Madrid. Esta canción, titulada The Price, se hace una pregunta filosófica sobre si merece o no la pena dejarnos la vida por nuestros objetivos, casi nada para la época. El caso es que es un temazo incontestable que difícilmente podrá ser superado:

Y ya metidos en materia tendremos que citar a los representantes del Heavy por antonomasia, los Judas Priest –también conocidos como Judías Prietas en contextos más coloquiales–. Abanderados del cuero y el metal, resultó gracioso que cuando su icónico vocalista, Rob Halford, salió del armario en 1998 toda la comunidad heavy reaccionase conmocionada por la noticia. Vamos a ver, ¿es que nadie se lo olía? Pero si no tenías más que verle para saber que su hábitat natural se hallaba en los oscuros rincones de La Ostra Azul. Como grandes maestros del género podríamos incluir varias de sus aportaciones al momento balada pero nos vamos a quedar con el Before The Dawn por cumplir sobradamente con los requisitos de letra de abandono del amorcito, arpegio lastimoso, horterez y solo de guitarra épico. La canción pertenece a su pedazo de disco del 78 Killing Machine con el que muchos caímos rendidos a sus pies:

Y ahora vamos con los Quiet Riot, un grupo que tras sacar dos discos en Japón y perder al genial y añorado Randy Rhoads –que les abandonó para irse con Ozzy Osbourne– reaparecieron en 1983 partiendo la pana con su Metal Healt. Como para entonces el citado guitarrista ya había fallecido, le dedicaron este disco. Y dentro de él encontramos una balada disfrutona que no puede faltar en nuestra lista. Thunderbird es un temazo redondo y su letra, que se supone habla de una chica a la que dejas volar para que experimente otros horizontes y a la que esperas volver a ver algún día, nos recuerda demasiado a la partida de Randy. Y como el tema va de despedidas, también añadiremos que el cantante, Kevin DuBrow, nos abandonó en 2007:

Y le llega el turno al inefable y ya citado Ozzy Osbourne –no es primo de Bertín, no teman– del que se puede decir que es la Lola Flores del Heavy Metal, “no canta ni baila pero no se lo pierdan”. Cuando se vio expulsado de Black Sabbath y se propuso iniciar su carrera en solitario reclutó al inigualable Randy Rhoads –la figura de este monstruo bien merece un capítulo en solitario– con el que firmó dos discos tremendos y, tras el fallecimiento de este, resolvió sus compromisos discográficos publicando un directo con temas de los Sabbath para rearmar su proyecto con nuevo guitarrista lanzando su Bark At The Moon por todo lo alto. Al parecer los gerifaltes de la casa de discos le obligaron a incluir un tema lento de corte comercial y al bueno de Ozzy le salió este engendro titulado So Tired.

Hay que tener en cuenta que Ozzy tiene unas cuantas baladas majestuosas a sus espaldas pero suponemos que tener completamente inhibido el sentido del ridículo ayudó a crear esta. Aun así, hay que reconocer que mola y es que el tarado de Birmingham puede hacer tragable cualquier engrudo musical. Como la vida de este personaje está siempre plagada de incidentes absurdos, no podía faltar la anécdota en la grabación del bizarrísimo vídeo de este tema en el que él mismo interpreta a todos los personajes. Resulta que un espejó estalló y un trozo que salió despedido le causó heridas en la garganta. Atención al momento en el que entra la voz en la primera estrofa para decir Time has come to say goodbye, que si cierran los ojos creerán que la que canta es Olvido Gara, cuando si Ozzy ha visitado alguna vez Alaska ha sido para hacer acopio de hielo para sus vodkas con naranja:

Y como el fenómeno balada heavy también tuvo su predicamento por nuestras tierras, no podíamos dejar de incluir Al otro lado del Silencio que pasa por ser una de las banderas de la horterez heavy-ibérica. Los giputxis Ángeles del Infierno, que fueron una suerte de Judas Priest de Hacendado, arrasaron en las disco-cuadras patrias con esta balada capaz de derretir un kilo de M&M´s. La perturbadora letra nos impide saber de qué leches están hablando, sobre todo cuando dice eso de “Tu nombre escrito en una pared, con el viento hablará” aunque queremos suponer que se trata de alguien fallecido. Como apunte final, la melodía empieza casi idéntica que la de The King de los alemanes Accept. Puños y muñequeras de pinchos arriba, movimientos acompasados de cabellera y falsetes rompe-vidrios:

Todo el mundo conoce a los Iron Maiden y aun a riesgo de ser ajusticiados en plaza pública tenemos que afirmar que el cantante que de verdad molaba era el inefable Paul Di’Anno –Pablo del Culo para sus detractores–. Un tipo entrañable, generoso tanto para el exceso como para la estulticia, que dotaba a la banda de una marginalidad que luego perderían con la llegada de Bruce Dickinson y el profesionalismo. Seamos justos y admitamos que los Maiden no tienen una balada tal y como la estamos tratando aquí. Lo más cercano que podemos encontrar es el Remember Tomorrow de su primer y homónimo disco del 80. Pero es que es imposible resistirse a este frontman con muñequeras y cinturón de chapa combinado con una cadenita de comunión y una camisa de ir a una entrevista de trabajo:

Y para terminar, vamos a incluir una auténtica rareza. ¿Alguien podría imaginar que los AC/DC también participaron de la balada hortera? Pues sí señores, Love Song salió publicada como cara B del single de la versión que hicieron del Baby, Please Don’t Go allá por el 1974. Pese a su poderosa introducción marca Young, se trata de una azucarada baladita que queda de lo más propia porque al inigualable Bon Scott le podías poner a cantar una jota manchega que era capaz de salir airoso del trance. Eso sí, se echa en falta un estribillo. A propósito del llorado Scott, es de ley reivindicar que seguimos siendo muchos los que pensamos que, tras su muerte en el 80, AC/DC fue otra cosa y que, hasta que se retiró 36 años después, nos seguíamos refiriendo a Brian Johnson como “el nuevo cantante de AC/DC”.

Así que, no se hagan los indiferentes, revisen estos temas y dejen que sus lágrimas salpiquen sus pantacas de cuero porque la balada heavy en estos tiempos de impostura y frívola sofisticación es más necesaria que nunca.

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