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Hermanas (Bárbara e Irene).
Bárbara Lennie e Irene Escolar, en 'Hermanas'. Foto: Vanessa Rábade/Teatro Kamikaze

Teatro

Palabras mayores

Las palabras son todo lo que tenemos, solía decir Samuel Beckett; una fuente inagotable tanto para infligir daño como para remediarlo

El silencio previo al comienzo de la función es el único momento no amenazante de los siguientes, aproximadamente, noventa minutos. Mientras que los instantes posteriores a la atronadora ovación prometen destinarse a la reflexión, a rendirse también a lo que acaba de verse. Joder, h**** o madre de Dios son algunas de las palabras liberadoras, de gratitud y, ante todo, merecidas, acompañadas por gestos de estupefacción, que se escuchan cuando los focos se funden a negro. Valió la pena. No sucede en todas las salas, aunque sí casi siempre en la principal del Teatro Pavón Kamikaze. Debería ser, si ya no lo es, el espacio referente, de cabecera, para cualquiera que guste ir al teatro en Madrid. Esta vez, la culpa la tienen, principalmente, el reputado dramaturgo francés Pascal Rambert, autor y director de Hermanas, y Bárbara Lennie (Madrid, 1984) e Irene Escolar (Madrid, 1988), dos de las mejores actrices españolas visibles de su generación que, sin embargo, trabajan juntas por primera vez sobre un escenario. Y lo eclipsan, como cabía esperar. Ya han anunciado que se han agotado las entradas para todas las funciones (del 10 de enero al 10 de febrero). Privilegiados aquellos que hayan adquirido la suya. Imaginar que el mejor teatro del año podamos haberlo visto en los primeros días de enero suena incluso hasta apocalíptico, osado también, pero puede ser más que cierto.

La mejor sinopsis de Hermanas es su título, y todo lo que eso conlleva. Entre hermanos, hermanas en este caso, o más bien enemigas, en muchas ocasiones, decirse te odio es lo más parecido y lo más cercano a regalarse un te quiero. Hay muchas visiones del amor, supongo. En el texto representado, Bárbara e Irene, desde que suben al proscenio, empiezan como un ciclón y pisotean desde el minuto cero, como el combate dialéctico acelerado, a la par que inagotable, que interpretan de principio a fin dos personas salidas del mismo cuerpo capaces de desearse la muerte. En el guion, no hay apenas comas y puntos con los que tomarse un respiro.

Hermanas (Bárbara e Irene).

Irene Escolar y Bárbara Lennie protagonizan ‘Hermanas’. Foto: Vanessa Rábade/Teatro Pavón Kamikaze

Bárbara es la que estalla y, por tanto, quien comienza el enfrentamiento tras la irrupción inesperada de Irene en su lugar de trabajo, un salón en el que tiene previsto dar una conferencia y que de forma improvisada se convierte en un cuadrilátero de boxeo (blanco, decorado con sillas de colores). En principio, parece que no hay un suceso claro del pasado que haya podido desencadenar el conflicto, tan solo viejas rencillas, envidias y la no comunicación por parte de Bárbara a Irene de la muerte su madre, ya que es su sangre prácticamente lo único que las une.

Sus armas: el lenguaje. “Si destruyo tu lengua, te destruyo a ti. Si destruyo tu lenguaje, destruyo tu mundo”, le dice una de las hermanas a la otra. Las palabras son todo lo que tenemos, solía decir Samuel Beckett; una fuente inagotable tanto para infligir daño como para remediarlo. Con ellas podemos emocionar, hacer reír o llorar… En el caso de Bárbara e Irene, ninguna de las dos tiene afán de resolver sus problemas, sino de todo lo contrario; ambas ponen altavoz a todos los pensamientos que pasan por sus cabezas.

A pesar de tratarse de un combate verbal, desesperante y asfixiante, el desgaste es, sobre todo, emocional, pero también físico. En demasía para las dos actrices. Al terminar el pase, el primero que hacen con público en la capital, a Irene se le nota visiblemente afectada, con la cara marcada por el surco de las lágrimas. Y eso no pertenece únicamente a la ficción. Memorizar todo el texto no es lo más difícil, que también; lo peor es interiorizarlo, llevárselo de la cabeza a las entrañas, dejar entrar al papel en tu casa. La propia Irene confiesa que para aprender dos frases tardaba un día. Aunque Bárbara ya había trabajado en una ocasión con Rambert (La clausura del amor), aceptar este encargo tan exigente era un riesgo para ambas. Precisamente por eso, lo que consiguen, y viene al caso, son palabras mayores.


Periodista vigués. No trabaja en el Daily Planet, ha estado en el decano de la prensa nacional y ahora va A la Contra, buscando siempre la mejor opción. Colabora con Radio Marca. Su debilidad no es la kryptonita, sino la Cultura y el Deporte, pero en el buen sentido. No vive en Smallville. Su nombre no es Clark Kent, tampoco es Superman, solo es periodista. Le tiene mucho respeto al crío que fue y no le piensa defraudar.

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