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El caso de Justin Fashanu es el más trágico hasta la fecha. Foto: Cordon Press

Fútbol

Arcoíris y futbolistas

«Es imposible mostrar la homosexualidad en el fútbol«, dice Giroud. El caso más trágico fue el de Justin Fashanu.

Mezclar homosexualidad y fútbol es un buen ejercicio para comprobar lo mucho que nos queda por mejorar como sociedad. Olivier Giroud, futbolista del Chelsea, ha dicho en una entrevista a Le Figaro que es «imposible mostrar la homosexualidad en el fútbol”. El delantero francés se ha referido al caso del exfutbolista alemán Thomas Hitzlsperger, que reconoció ser gay en 2014, unos meses después de retirarse. “Cuando Hitzlsperger tomó su decisión fue cuando me dije a mí mismo que actualmente es imposible mostrar la homosexualidad en el fútbol. En un vestuario hay mucha testosterona, compañerismo, duchas colectivas… Es complicado, pero es así”, confesó Giroud, que en 2012 fue portada de una revista gay como apoyo al movimiento LGTBI.

“¿Dónde vas si quieres una rebanada de pan?, le pregunté. Al panadero, supongo. ¿Dónde vas si quieres una pata de cordero? Al carnicero. Entonces porque sigues yendo a ese maldito club de maricones”. Brian Clough, un entrenador tan genial como a todas luces homófobo, mantuvo esta conversación con uno de sus futbolistas del Nottingham Forest cuando se enteró de que frecuentaba locales gays.

Justin Fashanu no atravesaba un buen momento de forma y el Forest, que venía de ganar dos Copas de Europa consecutivas, lo había convertido en el primer jugador negro por el que se pagaba un millón de libras. Las expectativas estaban disparadas, pero el rendimiento de Fashanu en el campo nunca se correspondió con lo que se pagó por él. ¿Mala preparación física? ¿Exceso de presión? ¿Acaso no era tan bueno? No, no y no. Clough, por fin, encontró la verdadera razón de su baja forma: era homosexual.

Hace unas semanas, Héctor Bellerín reconoció en una entrevista a The Times que en los campos de Inglaterra le llamaban “lesbiana” por llevar el pelo largo. Ese rechazo del público en forma de insultos homófobos también lo sufrió Fashanu, con la particularidad de que a este le insultaron hasta sus propios aficionados. El delantero del millón de libras abandonó el Forest a la primera oportunidad que se le presentó. Clough le llamaba “nenaza”, pese a que su estilo en el campo era todo lo contrario. Tras medio año en el Southampton, Fashanu regresó a Nottingham. Aunque no al Forest, sino al otro equipo de la ciudad: el Notts County. El destino quiso que fuese allí donde relanzase su carrera. También que un año y medio después fichase por el Brighton & Hove Albion, el club de la ciudad de Inglaterra que tiene un día del orgullo gay propio.

Fashanu se refugió en la religión evangelista, aunque esta, lejos de servirle como vía de escape, le terminó por condenar. Descubrió que su Iglesia rechazaba a las personas de su orientación sexual, lo que no le hizo odiarla, sino odiarse a sí mismo. Se sentía atormentado por no poder mantener relaciones con mujeres, algo que intentó sin suerte en diversas ocasiones. “Él mismo fue su peor enemigo”, afirmó el biógrafo de Fashanu. En Brighton, Fashanu se lesionó de gravedad en la rodilla cuando parecía que su mejor versión estaba de vuelta. Tocó fondo, aunque su vida nunca fue un camino de rosas. De niño, fue abandonado frente a un orfanato junto a su hermano pequeño. Sus padres, de origen africano, acababan de divorciarse. Los dos pequeños, que nacieron en Londres, fueron adoptados pasado un tiempo por una familia de clase media del barrio de Norfolk.

Después de la lesión fue de equipo en equipo hasta que, cuando todo el mundo parecía haberlo olvidado, volvió a ser noticia en los medios británicos. No era para menos, Fashanu se acababa de convertir en el primer futbolista profesional en reconocerse abiertamente homosexual. Lo hizo en 1990, en una gigantesca portada del diario The Sun. El titular no podía dejarlo más claro: “Estrella futbolística de 1 millón de libras: SOY GAY”. Pensaba que con esa exclusiva concienciaría al resto de jugadores a salir del armario sin miedo y los aficionados por fin empatizarían con sus sentimientos. No lo logró. Es más, fue todavía más criticado. Hasta el punto de que su propio hermano pequeño John le definió como un “paria”. En 2015, además, reconoció haberle ofrecido 85.000 euros para que guardara silencio.

Fashanu, como después de su lesión, comenzó a encadenar experiencias brevísimas de club en club e, incluso, de liga en liga, llegando a jugar en países como Estados Unidos, Escocia, Canadá o Suecia. Las cosas nunca volvieron a ser como antes. El primer jugador negro por el que se pagó un millón de libras estaba muerto futbolísticamente desde hace mucho tiempo. Aunque esa fue su muerte deportiva, la definitiva le llegó en 1998. Acababa de colgar las botas e hizo las maletas a Estados Unido para empezar una nueva vida. Ese fue el principio de su final.

El 25 de marzo de ese año, un joven de 17 años de Maryland denunció ante la policía haber sufrido abusos sexuales por parte de Fashanu. El acusado estaba desesperado. Sabía que no había hecho nada malo. Volvió a Inglaterra convencido de que no iba a tener un juicio justo. Pidió ayuda, pero nadie le tendió la mano. Existían dos pruebas incriminatorias inapelables: su color de piel y sus preferencias sexuales. Un mes después, Fashanu se ahorcó en un almacén de un callejón sin salida al este de Londres. Dejó una nota en la que se leía: “Me he dado cuenta de que ya he sido condenado como culpable antes de comenzar el juicio. Yo no he abusado nunca de aquel joven. Sí, tuvimos sexo, pero basado en el consentimiento mutuo. A la mañana siguiente él me pidió dinero, y cuando le dije que ‘no’ me respondió ‘espera y verás’. Ya no quiero ser más una vergüenza para mis amigos y mi familia. Espero que el Jesús que amo me acoja. Finalmente encontraré la paz”. Hasta el último día de su vida, Fashanu defendió su inocencia.

En su día lo fue y hoy lo sigue siendo. Que un futbolista reconozca sentirse atraído por personas de su mismo sexo y no del contrario es algo noticioso casi en 2019. “Tienen miedo”, dijo Antoine Griezmann en una entrevista que publicó la revista ICON el año pasado. En la actualidad, no se conoce ni un sólo jugador de las grandes ligas europeas que se haya reconocido abiertamente homosexual. Es tal el secretismo que, en mayo de este año, un diseñador de moda de 21 años aseguró en una entrevista al The Sun haber mantenido relaciones con un jugador importante de la Premier League. Esta persona, con novia y un hijo pequeño, le llegó a ofrecer 13.000 euros y un coche por su silencio. Sentía pánico: si su amante hablaba, su vida y carrera profesional corrían el riesgo de desmoronarse. El diseñador, enfadado por cómo había terminado la relación, los rechazó, pero no se mordió lengua cuando le preguntaron por su experiencia junto a un futbolista de la Premier League: “La Premier es un ambiente muy extraño para un hombre gay o bi”.

A propósito de esto, a la casa de apuestas Paddy Power se le ocurrió una original iniciativa en homenaje a todos los futbolistas gays del Reino Unido: dedicarles un autobús en el desfile del orgullo que se celebró en Brighton en agosto de este año. El autobús fue el único de toda la cabalgata que marchó vacío. Ese era el objetivo. El primer futbolista que se reconoció homosexual en la historia del fútbol inglés fue el defensa Robbie Rogers. Lo hizo en 2013, cuando militaba en las filas del Leeds United de la Championship.

En España, es especialmente destacable el caso de la defensa del Barça y la Selección española Mapi León. Mapi fue una de las pregoneras en la inauguración de las fiestas del Orgullo de Madrid. Es lesbiana y se siente orgullosa de serlo. En una entrevista a A La Contra, dejó claro que su “intención es tratar de ayudar a quien sea, da igual que sea hombre o mujer. Es cierto que ellos dirán que para una chica que juega al fútbol femenino es mucho más fácil. Partimos de la base de que el fútbol es machista. Ojalá que sí, ojalá que salgan, que se animen y que vean que no pasa nada. Siempre tiene que haber algún valiente que dé el paso y diga: aquí estoy yo, es lo que hay y no soy menos”. Por desgracia, existen otros casos no tan agradables. El colegiado andaluz Jesús Tomillero abandonó el año pasado su carrera como árbitro profesional por los insultos que comenzó a sufrir en los campos de fútbol después de hacer pública su homosexualidad. “No voy a ir a un campo con miedo y sin motivación”, confesó en una entrevista a La Sexta.

El fin de semana del 3 de diciembre de 2016, los capitanes de varios equipos de Primera división como Rayo Vallecano, Leganés, Sevilla, Eibar o Las Palmas saltaron al campo luciendo brazaletes con la bandera del arcoíris. Esta fue una propuesta de la revista Panenka para concienciar al mundo del fútbol en la lucha contra la homofobia. En el caso concreto del Rayo, su segunda equipación durante toda la temporada 2015/16 fue una camiseta con los colores del arcoíris cubriendo la tradicional franja roja. En Alemania, estadios como el del St. Pauli se han declarado abiertamente ambientes gay friendly.

El futbolista de la MLS Collin Martin, de 23 años, anunció hace unos meses que era homosexual en un comunicado que se hizo viral en las redes sociales. La decisión del centrocampista del Minnesota United fue motivada porque “sólo había recibido bondad y aceptación de todo el mundo en la MLS y eso me ha ayudado para dar el paso de forma pública”. Martin salió del armario públicamente coincidiendo con la celebración de la fiesta del Orgullo. Los aficionados de su equipo, que jugaba un partido ese fin de semana, lo recibieron con un espectacular tifo de apoyo.

 

 

¿Por qué, como dice Giroud, es “imposible mostrar la homosexualidad en el fútbol”? O, al menos, ¿por qué cuesta tanto? Probablemente porque el fútbol sigue siendo un deporte repleto de tópicos casposos. En ese sentido, han cambiado muy poco los tiempos. Cuando al entrenador del Real Madrid le preguntaron cuál es su idea para salir de la crisis que atraviesa el equipo, respondió: «Jugar el próximo partido con dos cojones”. Por no hablar de la infinidad de ocasiones en las que técnicos de primer nivel apelan al espíritu de sus jugadores con frases como “el fútbol es un deporte de hombres”. Mientras haya gente que aplauda es clase de declaraciones, quedará mucho trabajo por hacer.

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