¡Síguenos!

Opinión

Houseman, el rey de la gambeta

Era un inventor de ilusiones, de él se dijo que era el único que gambeteaba en el aire. Pícaro, astuto, villero, símbolo del mejor Huracán de la historia y campeón del mundo con Argentina en 1978, René Houseman ha fallecido a los 64 años.

Huracán estaba concentrado para jugar al día siguiente su partido de la Primera División argentina. César Menotti, su técnico, estaba inquieto. En el hotel permanecían alojados todos los jugadores menos uno, el mejor de todos. El paso del tiempo acrecentó la preocupación de Menotti, que agarró a Poncini, uno de sus colaboradores, y le pidió que le acompañara. Creía saber dónde podían encontrar a René Houseman. Se dirigieron a Bajo Belgrano, a la villa de la que procedía Houseman, y al llegar advirtieron que se estaba disputando un picado, el partidillo de barrio. Menotti observó a todos los jugadores y aliviado no encontró entre ellos a Houseman. La tranquilidad le duró lo que tardó en dirigir su mirada al banquillo de suplentes.

Allí estaba sentado Houseman. Menotti se acercó a él y le preguntó qué hacía allí. René le contestó: «¡Viste cómo juega el titular!» Pensaba que Menotti le estaba reprendiendo por su suplencia y no por haberse ausentado de la concentración del equipo. Esta anécdota que cuenta Ángel Cappa en su delicioso libro La intimidad del fútbol refleja cómo era El Loco, para quien la vida fue como el fútbol, un juego.

Houseman fue un gambeteador extraordinario, un inventor de ilusiones, señalado como uno de los mejores extremos derechos de la historia del fútbol argentino. «A Pelé lo enfrenté y le hice un caño», contó René. Coleccionó tantas anécdotas como elogios. Menotti lo definió como una mezcla de «Maradona y Garrincha» y para Carlos Babington, otro histórico de Huracán, era «el jugador más talentoso de todos». Pero ninguna definición como la que hizo de él Miguel el Gitano Suárez: «Para mí nunca existió un jugador del estilo de Houseman. Pelé, con todo su talento, no es capaz de inventar en velocidad como René. Es el único que gambetea en el aire, sin tocar el piso. Aun admirando a Pelé, René es más dotado, más loco, más genial, más inventor con la pelota«.

Los elogios a ese fútbol tan desequilibrante, imaginativo y transgresor desaparecían cuando se hablaba de su vida, que la consumió a la misma velocidad con la que jugó. Una vida atropellada, disfrutada al máximo, desordenada y siempre imprevisible. Nunca tuvo un peso y cuando lo tuvo, lo perdió o lo regaló.

Pícaro y astuto dentro del campo, Houseman presumió con orgullo de ser villero, de su origen humilde, y nunca interiorizó lo que significaba la responsabilidad. Nunca cambió, porque nunca quiso hacerlo. Jamás fue capaz de poner en valor su enorme talento y nunca le interesó todo lo que conllevaba el profesionalismo. Y lo que menos, la disciplina.

Nació en La Banda (Santiago del Estero) y de niño se trasladó a Buenos Aires, a una villa de Bajo Belgrano. Y esa condición de villero parece ser que fue la razón que esgrimieron en Excursionistas para no admitirle en el equipo. René pasó entonces a su rival, Defensores de Belgrano, y de ahí a Huracán, donde vivió los mejores años de su carrera y con el que salió campeón en 1973. Campeón del mundo en 1978, en 1980, con sólo 27 años, inició la cuesta abajo en su carrera con un viaje que le llevó a River Plate, Colo Colo de Chile, de nuevo Huracán, Amazulu de Sudáfrica y Excursionistas. Sí, cerró su carrera en el club que le había despreciado años atrás.

Dicen que no soportaba las concentraciones y menos pasarse las noches de los viernes y de los sábados encerrado en un hotel. Cuentan que se escapaba para jugar picados en el barrio y para salir de fiesta. Realidad o leyenda. O realidad alimentada de leyenda. Una de esas veces se le fue la mano. Se cuenta que salió de la concentración a celebrar el cumpleaños de un hijo y regresó en no muy buenas condiciones poco antes de que Huracán se midiera a River. Sin apenas tiempo para dormir, Houseman saltó al campo y vagó sobre el césped hasta que cerca del final le llegó la pelota. Se deshizo de los centrales Perfumo y Ártico y en le mano a mano superó a Fillol. River tuvo tiempo para empatar, pero el encuentro siempre será recordado por el golazo marcado por René al poco de llegar de fiesta. Fillol habló de lo sucedido: «Me parece terrorífico que eso haya pasado. No habla bien de Houseman ni del cuerpo técnico». Houseman contó después que tras convertir el gol se hizo el lesionado, pidió el cambio y se fue a dormir.

Así era René Houseman, un futbolista especial y una persona generosa, con un corazón enorme, que lloró la muerte de su admirado Juan Domingo Perón y se lamentó toda su vida por haberle dado la mano al dictador Jorge Videla después de ganar el Mundial: «Me arrepiento de eso».

Disfrutó tanto la vida que le tenía miedo a la muerte, a irse como se fueron sus padres. «Tengo miedo de morirme. Estoy con problemas, dolores estomacales… Mi viejo y mi vieja murieron de cáncer. Hace bastante que estoy con este miedo», confesaba hace años en una entrevista en El Gráfico. Un cáncer que le atacó directo en 2017 ha acabado con su vida. Sólo tenía 64 años.

Y es que Houseman quiso gambetear a la vida y la vida le terminó regateando a él.

En 1994 empezó a vivir el periodismo en AS, formó parte de la familia de PC Fútbol y en 2002 comenzó a navegar por Internet con AS.com. Vivió el triunfo en la Eurocopa de 2008, aunque para ello tuviera que alejarse durante un tiempo de Moratalaz.

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más en Opinión

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies