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Fútbol

Con el recuerdo de la huelga de las botas caídas

Este parón fue el primero en la historia del fútbol español. Casi 40 años después, la AFE ha amenazado a LaLiga con emularlo en caso de que no se les escuche.

El enfrentamiento está servido. El polémico acuerdo cerrado por Javier Tebas con una empresa americana para jugar partidos de Liga en suelo estadounidense ha tenido respuesta en una amenaza de huelga de la AFE, si el presidente de LaLiga no da marcha atrás a sus intenciones de trasladar el fútbol español a 7.000 kilómetros de distancia.

La huelga de las botas caídas fue el primer parón en la historia de la Liga. El fin de semana del 4 de marzo de 1979 no hubo fútbol en España. Los futbolistas dijeron “basta” y reclamaron el final del derecho de retención, su inclusión en el régimen de la seguridad social y la derogación del límite de edad de 23 años para jugar en tercera división. Las presiones de la época fueron brutales. El país estaba en pleno proceso de Transición y, en muchos ámbitos de la sociedad, la huelga se veía como algo desproporcionado y completamente fuera de lugar.

Las amenazas de despido y represalias estuvieron a la orden del día. Si el parón terminó siendo un éxito fue, en gran parte, gracias a la solidaridad de las estrellas del momento, que encabezaron las protestas para que no fueran los jugadores más humildes los que terminaran pagando las consecuencias. Uno de los muchos que se movilizaron fue el centrocampista del Real Madrid Vicente Del Bosque, que se negó a jugar en San Mamés ese fin de semana.

Siete días después, la competición se reanudó con el triunfo de los futbolistas, que vieron como comenzaban a satisfacerse sus condiciones. Los grandes derrotados fueron la RFEF, que comenzó a entender que los tiempos habían cambiado, y los clubes españoles, que hasta el último momento intentaron que el parón no saliese hacia adelante, obligando a viajar a los estadios el día de partido a sus jugadores.

La huelga de las botas caídas forma parte de la historia del fútbol español. Aquel parón fue fundamental para la mejora de las condiciones laborales de los futbolistas, en clara desventaja frente a sus equipos y la Federación. Un acontecimiento pionero en España que serviría de ejemplo para los parones de 1981, 1982, 1984 y 2011. Casi 40 años después, por condiciones muy distintas pero con la misma sensación de que las decisiones más importantes se toman a espaldas de los que se visten de corto, los cantos de sirena de huelga vuelven a sobrevolar los despachos del fútbol español.

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