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Hoeness y Breitner. imago/ActionPictures

Fútbol

Incendio en Múnich

En el Bayern hay una disputa interna entre Hoeness, presidente del club, y Breitner, una de sus leyendas más grandes. Son amigos desde hace 40 años.

Después de que el Bayern de Múnich volviera a vencer en Bundesliga tras tres tropiezos consecutivos, el diario local TZ publicó una extensa crónica del partido en la que solamente se leía: “El Bayern es super, super, super…”. No es que el conjunto bávaro hubiera jugado tan bien, sino que el texto fue una irónica respuesta a la rueda de prensa que los dirigentes del club muniqués habían protagonizado unas horas antes. Uli Hoeness, presidente del Bayern, Karl-Heinz Rummenigge, presidente del consejo directivo, y Hasan Salihamidzic, director deportivo, dispararon con bala de cañón contra los medios de comunicación que, durante la mala racha que atravesó el equipo, publicaron informaciones “escandalosas, irrespetuosas y polémicas”.

A la palestra salieron los nombres de Neuer, Hummels o Boateng, muy criticados por su rendimiento dentro del campo, pero Hoeness no explotó hasta que se nombró a uno de los que ya no estaban: “Cuando jugamos en Sevilla, Bernat fue el único responsable de que estuviésemos a punto de ser eliminados. Ese mismo día se decidió que lo venderíamos por su partido de mierda”. Preguntado por si la venta del lateral izquierdo español había sido un error, teniendo en cuenta las lesiones de Alaba y Rafinha, el presidente del Bayern no se mordió la lengua. De hecho, hace bastante tiempo que dejó de hacerlo. Cuando Mesut Ozil abandonó la selección alemana alegando haber sufrido insultos racistas por parte de los aficionados germanos desde su polémica foto junto al presidente turco Erdogan, Hoeness no ocultó su satisfacción por el retiro internacional del mediapunta del Arsenal: “Estoy contento de que haya terminado la pesadilla. Hace años que su juego es una basura. El último duelo que ganó fue antes del Mundial de 2014. Y ahora se esconde él mismo y su porquería de juego detrás de esta foto”.

La falta de respeto del presidente del Bayern de Múnich al actual futbolista del PSG, vendido este verano por 15 millones de euros, no tardó en tener respuesta. Juan Bernat contestó de forma elegante: “No tengo nada que comentar al respecto. Desde bien pequeñito me enseñaron que es de bien nacido ser agradecido y, por tanto, siempre estaré agradecido al Bayern de Múnich y a todos los fans por los cuatro años que pasé allí”. Vicente Fores, el representante del lateral izquierdo español, fue todavía más lejos y afirmó que, hace unos meses, Hoeness intentó renovar a su representado por “cinco temporadas más”. “Creo que las declaraciones son desafortunadas y no son apropiadas para un presidente de un gran club”, declaró Fores a la agencia de representación InterStar Deporte.

A estas alturas de la película, resulta difícil de imaginar a Uli Hoeness llorando en su mansión de Baviera por las declaraciones de Bernat y su representante. Lo que es seguro es que al presidente del Bayern le hicieron menos gracia las críticas de Paul Breitner, una de las leyendas más grandes en la historia del club y su amigo personal desde hace 40 años. Es más, según el diario Bild, estas cuatro décadas de amistad podrían estar viviendo sus horas más bajas desde que Breitner cargará en la televisión pública BR contra la actitud victimista que la junta directiva del Bayern ha adoptado en los últimos días, sobre todo tras la rueda de prensa que inició este incendio: “En 48 años que he estado en el Bayern nunca imaginé que el club mostraría esta debilidad”. Una de las cosas que hace especial al Bayern de Múnich es que, a diferencia del resto de grandes clubes europeos, está dirigido por gente que viene del fútbol y no de los despachos. Es la idiosincrasia de un equipo cuyo eslogan es: Mia San Mia (Nosotros Somos Nosotros), una declaración de intenciones para esa parte de la sociedad germana, aproximadamente la mitad, que desprecia al conjunto muniqués por el ser el más laureado del país. De ahí el enfado de Hoeness con Breitner: la imagen de ese Bayern que proyecta al exterior confianza, orgullo o unidad queda en entredicho cuando uno de sus ex futbolistas de mayor categoría hace pública una crítica tan severa.

Hoeness y Breitner en 1973. Fuente: Twitter

Paul Breitner y Uli Hoeness aterrizaron al mismo tiempo en Múnich, en el año 1970. Para cuando Breitner se marchó al Real Madrid, cuatro temporadas después, el Bayern había conquistado tres Bundesligas y la primera Copa de Europa de su historia. Por si fuera poco, la selección alemana se coronó campeona en la Eurocopa de 1972 y el Mundial de 1974. A pesar de la salida Breitner a España, consolidado como uno de los mejores laterales derechos de la época, el club bávaro se volvió a proclamar campeón de Europa por dos años consecutivos más, con Hoeness en la plantilla. La última temporada en el Bayern del que, con el paso de los años, se convertiría en presidente del club para el que jugó 239 partidos fue al lado de su íntimo amigo Breitner, que había regresado de su aventura en la capital española y de un año en el humilde Eintracht Braunschweig. En esa temporada, ambos grabaron un documental llamado Profesionales – Un año de fútbol con Paul Breitner y Uli Hoeness, en el que se refleja la estrecha relación de amistad que mantenían en el día a día estos dos compañeros de habitación en las concentraciones del Bayern.

A pesar de las similitudes, a Breitner y Hoeness también les separan diferencias muy destacables. En 2014, el máximo mandatario del conjunto bávaro renunció a la presidencia del club de sus amores después de ser condenado a tres años y medio de prisión por evasión fiscal. “Considero que cumplir con la sentencia es algo que corresponde a lo que yo entiendo por decencia y responsabilidad personal. La evasión de impuestos ha sido el error de mi vida y asumo las consecuencias”. A su amigo Breitner, esta clase de triquiñuelas fiscales no le debieron hacer ni pizca de gracia. Reconocido maoísta, el ex futbolista de Bayern y Madrid siempre fue criticado por su actitud revolucionaria, especialmente en la Alemania dividida. Como jugador del club blanco, donó medio millón de pesetas a unos obreros en huelga. En 1978, rechazó disputar el Mundial de Argentina como repulsa a la dictadura de Videla. Con su peinado rebelde y barba frondosa, el “Káiser rojo” se convirtió en un símbolo político de los años 70.

La última victoria del Bayern de Múnich en Champions League ante el AEK de Atenas ha de servir para sofocar el incendio que existe en el interior del club bávaro. Después de la polémica rueda de prensa en la que Hoeness, Rummenigge y Salihamidzic arremetieron contra los medios de comunicación, el diario Bild, lejos de amilanarse, escribió que “la impresión general permanece: la crisis del Bayern es más grave de lo previsto. El liderazgo también está tocado, ningún rastro de soberanía”. A este conflicto entre prensa y equipo, cada vez más habitual como se ha visto recientemente con Marcelo, se ha unido el enfado de Hoeness con su amigo de toda la vida Breitner, al considerar que este se ha posicionado a favor de los medios y no del club del que es leyenda y al que representó en diferentes cargos entre 2007 y 2017. En medio de este desencuentro personal, con periodistas de por medio, se encuentra Max Breitner, hijo de Paul y actual trabajador en el departamento de comunicación del Bayern de Múnich.

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