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Fútbol

Informe Carvalhaes, el fútbol sin Pelé ni Garrincha

Si Havelange hubiera obedecido los consejos médicos para el Mundial de 1958, Pelé y Garrincha no habrían viajado a Suecia.

Por Fermín de la Calle

Si Havelange hubiera obedecido los consejos médicos para el Mundial de 1958, Pelé y Garrincha no habrían viajado a Suecia. El informe les calificó de infantiles y frágiles para la competición. Entre los seleccionados se extrajeron 118 dientes, diagnosticaron sífilis y diversas patologías psiquiátricas. El fútbol coronó a ese equipo para la Historia.

Nadie ha hecho más por el business futbolístico (por la pasta y por el balón) que aquel nadador ramplón de 1.500 que regresó impactado de los Juegos Olímpicos de Berlín, donde Hitler desplegó ante sus narices todo su aparato propagandístico para publicitar el nacionalsocialismo alemán y la superioridad de la raza aria. Argumento, este último, desmontado por el talento hercúleo del negro Jesse Owens. Desde 1936 al 48 la situación bélica impidió la celebración de otros juegos olímpicos, impass que aprovechó el joven Jean-Marie ‘Joao’ Faustino Godefroid Havelange para licenciarse en la Facultad de Derecho de la Universidad Federal Fluminense y hacerse cargo de la gestión de la empresa ‘Auto Viação Jabaquara’, una modesta compañía de autobuses.

Su carácter competitivo le mantuvo en la piscina el tiempo suficiente para llegar a formar parte de la selección brasileña de waterpolo en los Juegos de Helsinki, 16 años después de los de Berlín. Por entonces, además de un impetuoso deportista, Joao era un joven ambicioso con altas aspiraciones en las esferas directivas del deporte brasileño. Después de ejercer como presidente de la Federación Metropolitana de Natación pasó a ser miembro del Comité Olímpico Brasileño, llegando a encabezar la delegación brasileña en los Juegos Olímpicos de Melbourne, en 1956, desempeño que le permitió ampliar acercarse a otros deportes como el ciclismo, en el que desembarcaría en 1958, ingresando como miembro de la Unión Ciclista Internacional.

Sin embargo, este ambicioso abogado hijo de un comerciante de armas belga, tenía puestas sus miras en el fútbol, deporte rey en el mundo y qué decir en Brasil. En 1956 Joao Havelange asumió la presidencia de la Confederación de Deportes de Brasil, posición estratégica que le permitió desarrollar sus planes de futuro. La primera decisión que tomó fue implantar una estructura empresarial. La segunda, hacerse cargo del fútbol (había llegado a calzarse las botas en edad juvenil en su querido ‘Flu’) y dotarlo de una organigrama profesionalizar de cara al Mundial del 58, al que Brasil llegaba en estado casi depresivo por el fracaso del 50 en Maracaná y el fiasco ante los húngaros en el 54. Havelange puso al mando de esa ardua tarea a su mano derecha, Paulo Machado de Carvalho, exitoso empresario con el que diseñó un staff en el que incluyó entrenador, médico, dos masajistas, preparador físico, psicólogo y dentista.

La primera orden que dio fue la realización de un minucioso examen médico a los 33 jugadores ‘internacionalizables’. Revisión que comenzó con un pormenorizado examen dental de los futbolistas a cargo del dentista y cirujano maxilofacial Mario Trigo, designado por el flamante jefe de los servicios médicos de la selección, Hilton Gosling. El resultado fue dramático. Se procedió a la extracción de ¡118 dientes!, más de tres de media, siendo el lateral zurdo del Corinthians, Oreco, el que más perdió, hasta siete. Aun así, Trigo informó de que muchos no debían extraerse porque el tiempo de recuperación hacía peligrar la participación de algunos jugadores, por lo que el dentista prefirió medicarlos con antibióticos para frenar las infecciones en lugar de extraer más piezas. La situación era tan peliaguda que Trigo, que en un primer momento no estaba incluido en la expedición mundialista, acabó viajando a Suecia para continuar el tratamiento de los jugadores durante la cita. Mención especial merece el caso del zurdo del Santos Pepe, que presentaba una dentadura «con serios síntomas de albergar un cáncer».

El examen dental provocó que Havelange, Machado y Hosling ordenasen otra revisión más amplia con la participación de traumatólogos, neurólogos, oftalmólogos, cardiólogos y otorrinos. El grado de abandono de los futbolistas quedó retratado en los desoladores resultados que obtuvieron de ella. Había numerosos casos de anemia, alguno de helmiantiasis (enfermedad parasitaria) e incluso uno de ¡sífilis! Superado el escrutinio físico, restaba una última prueba, un examen psicológico a cargo de Joao Carvalhaes, prestigioso sociólogo especializado en procesos de selección psicotécnica. El profesor se reunió individualmente con los jugadores, con los que mantuvo conversaciones privadas durante varias semanas. Pasado el mes, Havelange recibió el llamado veredicto de Carvalhaes en su despacho. El sociólogo advertía en el informe de que los jugadores brasileños no estaban preparados intelectual y psicológicamente para la toma de decisiones en situaciones de presión y ante rivales mejor preparados física e intelectualmente. Concluía Carvalhaes: «La mayoría de los jugadores no son aptos para acudir a disputar el Mundial a Suecia». Nada que Havelange no esperase después de los resultados médicos. Sin embargo, Machado insistió a Havelange sobre las evaluaciones concretas de dos jugadores.

-«Edson Arantes dos Nacimiento presenta, a sus 17 años, un evidente perfil infantil. Le falta el espíritu necesario para luchar. Es demasiado joven para aguantar golpes o agresiones y responder a ellos de forma adecuada. No tiene el sentido de la responsabilidad necesario ni espíritu de equipo. No es aconsejable su convocatoria».

Al final del folio, Machado señaló otro epígrafe:

-«Manuel Francisco dos Santos presenta una inteligencia por debajo de la media. No tiene agresividad y eso es un problema a la hora de enfrentarse a los rivales del presente y a los fantasmas del pasado. Un jugador de difícil convivencia».

Carvalhaes aconsejaba descartar a Pelé y Garrincha, dos de los nombres que más expectativas levantaban entre la deprimida ‘torçida’ brasileña. Garrincha arrastraba una peculiar historia que alimentaba su mito. Pese a no sentir especial preferencia por ningún equipo, desde muy temprano todo apuntaba a que sería una estrella del fútbol brasileño. Y si no lo fue antes, fue porque no se dieron las circunstancias. Primero probó con el Vasco da Gama, pero el día que fue a pasar la prueba no le permitieron entrenarse porque no tenía ‘chuteiras’. Iba descalzo…

Después lo hizo con el Sao Cristovao, pero fue alineado en un equipo en el que los jugadores llevaban mucho tiempo jugando juntos y no le pasaron la pelota ni una vez durante el tiempo que estuvo en el campo. También acudió al Fluminense, donde tuvo que esperar tanto para jugar que se marchó de la prueba antes de iniciarla para no perder el tren. Finalmente, Mané decidió probar con el Botafogo, aconsejado por el histórico lateral Araty. Comenzó entrenando con los juveniles, y 20 minutos le bastaron para convertirse en la estrella del partidillo. Hasta tal punto que fue invitado a ejercitarse con los profesionales. En la primera bola que recibió, se topó con Nilton Santos, que ya por entonces era un mito, y Garrincha se lo sacó de encima con un caño. «Si no lo fichan, el que se va soy yo», apuntó Santos a los directivos al concluir el entrenamiento.

Pelé tampoco tuvo unos inicios fáciles. Su llegada al Santos no despertó grandes expectativas, pese a completar grandes actuaciones en las categorías inferiores. Su endeble complexión física sembraba escepticismo entre los entrenadores. Después de caer en el torneo sub-16 de São Paulo, donde Pelé falló un penalti, decidió irse del club. Pero le falló en el último momento la opción que manejaba y tuvo que quedarse allí. A Pelé se le conocía en el fútbol paulista, pero necesitaba una gran actuación a nivel nacional, algo que logró en un torneo en el Estadio Maracaná en el que anotó tres goles al Os Belenenses portugués, y uno en cada partido al Dinamo yugoslavo, Flamengo y São Paulo. Aquello convenció a Vicente Feola, que estaba presente y le convocó para jugar con Brasil. El seleccionador decidió llevarlo a Suecia en lugar de Luizinho, estrella del Corinthians. Días antes de marchar al Mundial se jugó un partido amistoso entre los ‘mundialistas’ y el Corinthians. Pelé, cuya elección fue muy discutida por sus aficionados, fue víctima de una violenta entrada de Ari Clemente, defensa del Corinthians, que le golpeó en la rodilla derecha, lesionándolo. Aquello estuvo a punto de costarle el Mundial, pero finalmente Feola decidió llevarlo pese a todo.

Havelange tenía la pelota en su tejado. ‘El informe Carvalhaes’ recomendaba prescindir de ambos, pero Joao convocó a Machado a su despacho y le advirtió que obviarían los consejos del sociólogo cuando hablasen con Hosling, al que, en un hecho sin precedentes, habían enviado a Suecia como avanzadilla de la expedición «para elegir unas instalaciones acordes a las expectativas brasileñas». Sólo restaba superar un par de problemas: la falta de dinero para financiar la preparación y la desconfianza que generaban sus jugadores, especialmente los menos formados, los de color. France Football había realizado un controvertido diagnóstico de la verde-amarelha antes del inicio de la cita en Suecia: «Brasil posee cracks, pero son excesivamente inmaduros, de difícil adaptación a ambientes de competición, emocionalmente vulnerables. No están preparados psicológicamente para disputas de tanta envergadura». El veredicto del periodista no se alejaba mucho del de Carvalhaes, pero Havelange estaba dispuesto a apostar por aquel grupo anárquico y caótico. Para solventar el problema financiero organizó varios amistosos, entre ellos el citado ante el Corinthians que casi le cuesta el viaje a Pelé. Además, una vez llegados a Suecia, los brasileños tuvieron que jugar más amistosos porque la FIFA demoró el pago prometido a los participantes. Havelange y Machado adelantaron dinero de su bolsillo para completar aquella preparación.

Otra decisión fundamental fue la elección del seleccionador para dirigir al grupo. Eligieron sorprendentemente a Vicente Feola, discreto técnico del Sao Paulo que sufría unos problemas cardiacos que estuvieron a punto de retirarle de los banquillos a los 48 años. El favorito era Flavio Costa, miembro del staff del 50, pero era un técnico contrastado que no aceptaba ‘consejos’. Mientras que Feola era más ‘permeable’ a esas sugerencias.

Brasil inició el Mundial alimentando la desconfianza sobre los jugadores negros. En su primer partido, ante Austria, solo alineó a un negro en el once titular: Didí. Pelé estaba aún renqueante de la patada de Ari Clemente, y Garrincha y Zito iniciaron el partido en el banco. En el segundo encuentro, aún sin Pelé, Feola volvió a dejar en el banco a Garrincha apostando por Joel, jugador del Flamengo más disciplinado. Empate a cero final y a jugarse el pase en el tercer encuentro ante la URSS. El técnico propuso alinear de inicio a Pelé, Garrincha y Vavá, «para cansar a los superatletas soviéticos», idea que aprobaron Havelange y Machado. Las crónicas de la época hablan de «los mejores minutos de la historia del fútbol» debido a la avalancha brasileña con la que doblegó a los soviéticos. Pelé y Garrincha deslumbraron.

Desde aquel día, Feola apostó por ‘el equipo de los meninos’, Garrincha se convirtió en el diablo de las piernas torcidas y Pelé se coronó a sus 17 años. El día de la final, Havelange se mostró especialmente nervioso. Al coincidir con Suecia, Brasil se vio obligada a vestir de azul, circunstancia que dada la superstición del dirigente, resultaba algo más que inquietante. La tensión se disparó cuando a los pocos minutos del inicio, Suecia se adelantó en el marcador. Sin embargo, Brasil empató apenas cinco minutos después y acabó conquistando su primer título mundial goleando a los escandinavos (2-5). El primer once campeón del mundo de Brasil estaba formado por Gilmar; Orlando, Bellini; Djalma Santos, Zito, Nilmar Santos; Garricha, Didí, Vavá, Pelé y Zagallo. Seis de los once titulares no habrían estado aquel 29 de junio de 1958 sobre el césped del Rasunda Fotbollsstadion si Havelange hubiese hecho caso al ‘informe Carvalhaes’. Y el fútbol se habría perdido a Pelé y a Garrincha.

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