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Un chaleco para Luka Modric

No os diré quién ganó, solo os contaré que el chaleco está sobrevalorado y que ver llorar de alegría a Luka Modric es sumamente placentero.

Si hay algo que ha causado furor en este Mundial (aparte de la camiseta de Nigeria) es el chaleco de Southgate, al menos en Inglaterra. Hemos de reconocer que es elegante, vamos, que es bastante inglés. Es una prenda de Marks & Spencer y si lo queréis, podéis entrar en su página y por el módico precio de 65 libras, será vuestro. Lo del éxito ya no lo puedo asegurar, menos todavía el poder llegar a jugar una semifinal de la Copa del Mundo, a no ser que vosotros también manejéis el balón parado con la maestría con la que lo ha manejado Inglaterra durante todo el campeonato. Es curioso asegurar que un equipo se vuelve mucho más peligroso cuando el balón deja de rodar y darnos cuenta de que seguimos hablando de fútbol. Los ingleses siempre inventando cosas.

Inglaterra estaba seria, pero con un aire de fiesta, la velocidad de su tridente es un arma blanca. Croacia tardó en darse cuenta de lo que se estaba jugando, básicamente, porque Modric no entró en calor hasta el ecuador de la primera parte. Para entonces, Inglaterra ya se había puesto por delante gracias a un gran tanto de falta de Trippier. Otro hijo del Tottenham por el que tenemos que dar las gracias a Guardiola. Croacia despertó cuando entendió que, gracias a su ventaja, Inglaterra se dedicaría a especular y a buscar jugadas aisladas a espaldas de su defensa con sus hombres de ataque para mandarles al purgatorio.

Croacia se tomó la segunda parte en serio, pero no trágicamente; y cuando uno llega a las semifinales de un Mundial, hace falta algo de desesperación, un toque de locura. Creo que los croatas sufrieron el desgaste de sus dos partidos anteriores (y quién no), les vi más pesados, con menos fuerza de voluntad, muy previsibles. Inglaterra olió el cansancio y dejó que Croacia fuese muriendo en su propia orilla. Southgate se atusaba el chaleco, Isabel sonreía, y en Hyde Park y en Benidorm se registraban pequeños terremotos. 

Inglaterra se conformó con poco, y Croacia se metió en el partido cuando nadie contaba con ella. Perisic levantó la pierna por encima de la cabeza de Walker (una tarea complicada, por cierto), y los croatas revivieron. Para cuando llegó el minuto 69, el de la pasión, a Inglaterra le dolía la cabeza, mientras que Croacia le pedía guerra. Fueron momentos de ida y vuelta, de vidas cruzadas en una línea muy delgada entre la gloria o la lona. Inglaterra sufrió la ausencia de Kane, desaparecido en combate en el peor momento posible, y Croacia decidió ser más valiente que los ingleses en los últimos instantes del partido, aunque no tuvo la suerte que mereció. La batalla tendría prórroga, y Croacia sacaba los tanques de oxígeno y el traje de faena, este sueño ya lo había tenido un par de veces.  La tercera sería la vencida. Ambos equipos querían que la prórroga pasase rápido, las piernas ya fallaban y todos preferían jugarse la final desde los once metros. Todos salvo Mandzukic, un jugador con el que cualquiera iría a la guerra de la mano. Un guerrero que, lejos de matarte suavemente, prefiere cortarte la cabeza cuando menos te lo esperas, y volvió a cumplir con su cometido. No os diré quién ganó, solo os contaré que el chaleco está sobrevalorado y que ver llorar de alegría a Luka Modric es sumamente placentero.

Me queda el mal sabor de boca de no haber podido ver a Modric llevando chaleco, pero estoy convencida de que le quedaría perfecto para una gala. Casi que prefiero que los ingleses se queden la prenda en propiedad y que Luka Modric siga siendo patrimonio universal.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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