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El Capitán del XV de la Rosa, Owen Farrel, mira desafiante la Haka de los All Blacks en la semifinal del Mundial. CordonPress

Fotomatón

Inglaterra y el desafío a la Haka

Lo que tiene delante es una cultura, una identidad, un carácter, un sistema de creencias. Algo que supera a todo lo que se ha enfrentado hasta ese momento

Una V de victoria empezó a engullir al mejor equipo de rugby. Ocurrió el pasado sábado en la otra punta del Planeta, en el Mundial de Japón.  Fue en los instantes previos al choque de semifinales entre Inglaterra y Nueva Zelanda, cuando los kiwis comenzaron con su tradicional Haka. La respuesta del XV de la Rosa se hizo viral a los pocos segundos. Los ingleses formaban en V con su capitán, Owen Farrel, en el vértice y con miradas que iban desde el desdén al desafío, con ese perfume flemático que se respiraba en los mejores días del imperio británico. Todo respondía a una estrategia perfectamente orquestada por su entrenador, el australiano Eddie Jones, que llevaba cuatro años preparando este partido, los mismos que lleva en el cargo.

En Legacy, James Kerr profundiza en el corazón del equipo más exitoso de la historia de cualquier deporte, la Selección de Rugby de Nueva Zelanda, para revelarnos 15 lecciones de liderazgo a partir de las enseñanzas de los All Blacks. La danza tribal con la que abren sus partidos ocupa un lugar destacado en esas páginas. Explica Kerr que los maoríes creen que la haka arrastra a nuestros ancestros fuera de la Tierra y los atrae hasta nuestra alma. Los invoca para que nos ayuden en nuestra lucha aquí en la Tierra. El contrario sabe en su interior que está ante algo más que un simple puñado de hombres. Lo que tiene delante es una cultura, una identidad, un carácter, un sistema de creencias. Algo que supera a todo lo que se ha enfrentado hasta ese momento. Cuando la haka llega al punto culminante, el equipo contrario ya ha perdido. Eddie Jones, el primer seleccionador extranjero de Inglaterra, ha leído ese libro y no quería perder toda una semifinal de un Mundial nada más empezar.

Y es que un partido de rugby también puede ser una partida de ajedrez, donde cualquier movimiento resulte trascendental. Así lo entendió Jones que durante la semana previa al encuentro urdió el plan mental para sacar del mismo a los All Blacks. El seleccionador inglés se encargó de recalcar que el favoritismo recaía en los neozelandeses y que estos eran los preferidos de los aficionados japoneses. Nada excepcional, si se hubiera quedado ahí. Pero Jones fue más allá, lanzó dardos a la prensa de Nueva Zelanda (a la que conoce bien como aussie), e incluso denunció que había visto espías de Inglaterra en sus entrenamientos. La última provocación de Eddie no salió a la luz hasta instantes antes del partido.

«Queríamos mantener una distancia respetuosa, pero no queríamos pararnos en una línea plana y dejar que vinieran a nosotros», dijo el Capitán Farrel nada más terminar el partido, «todos queríamos mostrar que estábamos listos y juntos. Fue algo diferente que surgió de Eddie». En la misma línea que su capitán ahondó Mark Vunipola, otro de los referentes de ese vestuario: «Él nos dio la idea. Queríamos ser respetuosos, pero también queríamos asegurarnos de que entendieran que estaríamos listos para la pelea. Sabíamos que los irritaría, probablemente sintieron que no los respetamos». La respuesta llega desde el otro lado: «Estaba mirando al tipo justo enfrente de mí y ese era Owen Farrell. Me estaba guiñando un ojo, así que estaba tratando de asustarle tanto como podía», reconoció el medio de melé de Nueva Zelanda y capitán de los All Blacks Aaron Smith.

La batalla psicológica cayó del lado de Inglaterra que por primera vez en su historia ganó a Nueva Zelanda en un Mundial. Los All Blacks, entrenados por un viejo amigo de Eddie Jones, Steve Hansen, pusieron fin a un ciclo glorioso en el que han alzado dos títulos mundiales y han cosechado 92 triunfos y solo 9 derrotas. La contundente derrota (19-7) demostró también que Jones había preparado el partido más allá del atrezzo inicial. El XV de la Rosa florecía de nuevo tras haber hecho posible lo imposible. Habían sembrado la duda en los All Blacks. Y esa es una ventaja insalvable para cualquiera, incluso para la Selección más laureada del mundo del deporte.

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