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Isco
Isco durante el partido ante Irán I CORDON PRESS

Crónicas Matrioskas

Isco nos trae el desayuno

Han tenido que pasar cuatro años para que, al menos, vuelva a hacerle ojitos a alguien. Es ver a Isco y dejo que vuele la imaginación.

Por razones del corazón que la razón no entiende, el verano de 2014 fue complicado. En esas estaba cuando llegó el Mundial al que me aferré como a un amante pasajero. Recuerdo que la cara de Del Bosque nunca me ha generado demasiado optimismo, que le busqué tres pies al gato a Diego Costa (ahora parece que por fin ha encontrado el pie derecho) y que, volviendo al corazón, algo me decía que aquello no saldría bien. Con resaca llegamos a Brasil, con pocas luces y muchas sombras alrededor, y no nos iluminó ni el Cristo Redentor. La oscuridad se cernió sobre nosotros y nos despidieron con un bofetón, en vez de con una caricia. La Eurocopa, ni la nombro. Esa relación tampoco salió bien. No es por ti, es por mi. Y después de aquello dejé de creer en el amor. Han tenido que pasar cuatro años para que, al menos, vuelva a hacerle ojitos a alguien. Es ver a Isco y dejo que vuele la imaginación. Entiendo que Iniesta es el ex con que el nos llevamos de maravilla, pero quizá es hora de pasar página y dejarle marchar. Nos merecemos volver a empezar.

Nos tocaba enfrentarnos a Irán, una chica desesperada en la barra de un bar clamando justicia, pidiendo una carantoña y esperando un milagro. Estuvo cerca, pero el truhan se marchó con otra. Lo volverá a intentar con Portugal. La suerte en el VAR le sonrió a España y acabó la noche de manera apasionada. Entre las mil formas de ganar que existen, la auto destructiva es la más española. Ya lo avisaría Otto von Bismarck: «España es una nación tan fuerte que lleva siglos tratando de autodestruirse y no lo consigue. Si acabaran esos intentos de autodestrucción, volvería a ser la más importante del mundo». España es guapa, pero sin excesos; un poco predecible en sus gestos y con pocos recursos cuando la cosa se pone fea. Irán estuvo a punto de darnos un revolcón, que por cierto, no hubiese resultado ni mucho menos placentero.

Además, hemos pasado de querer dar en adopción a Diego Costa, a que nos haga daño plantearnos una vida sin él. Los caminos del Señor con inescrutables. Volvamos a Isco. Empiezo a pensar que el malagueño no nos conviene, es un vicio. No es que España vaya a sufrir en su ausencia, es que se cortaría las venas. Isco se ha hecho un hombre. Cuando aparecen los momentos del partido donde otros jugadores quieren pasar de puntillas, Isco empieza a derribar todo lo que encuentra a su paso, iraníes, compañeros, o la absurda teoría de que recurre demasiado al retruécano para salirse con la suya.  Cuando termino la jornada demasiado cansada o deprimida, mi madre entra en mi habitación a primera hora del día siguiente con un platito de comida y la deposita suavemente en mi cama; gira sobre sus tobillos y se marcha pensando que ya me ha servido en bandeja las herramientas para encontrar el camino hacia la felicidad. Fíjense en Isco, hace lo mismo.

Periodista. Si suena Ella Fitzgerald, mejor. LaLaLandera. Tiene carácter, talento y, para colmo, nació cuando la mayor parte de nosotros ya teníamos media carrera hecha (o deshecha). Posee una gran habilidad para salir al corte en el fútbol y en la redacción, aunque es más de ponerla en la escuadra. Emperatriz de la batcueva.

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