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Cine

Por qué la bajada del IVA no aumentará el interés por el cine

La solución no es tan sencilla como reducir el IVA. Será bienvenida para los que iban, pero no va a convencer a nuevos espectadores.

Fachada del cine Doré (Filmoteca de Madrid) | @radio3_rne

Fue el lunes cuando me llamó un amigo para decirme que quería ir al cine, porque tenía muchas películas pendientes. Entre nosotros: eso le pasa por dejar de ir una semana, que se le acumulan. Cómo se le ocurre. Si por él fuera, iría todos los días, aunque a veces, créanme, ya lo hace. Pocas personas conozco, por no decir ninguna, que lo vivan con tanta intensidad, entusiasmo e interés. Estoy seguro de que él lo llamaría un acto de amor.

El caso es que le dije que sí, que me apetecía. Tampoco resulta muy difícil convencerme. Lo cierto es que yo también me considero un bicho raro de esos a los que les gusta esa experiencia, la de adentrarse en una sala con una pantalla grande durante el tiempo que dure la película (porque ese ya es otro debate). No es que me evada de la realidad, es mucho más que eso, enriquece mi existencia. Pero, a decir verdad, lo hago con menos frecuencia de la que me gustaría. Desde luego, mi asiduidad es mucho menor a la de mi amigo. Llamémosle Adrián.

No contento con ir a ver una, cogimos carrerilla y acabamos asistiendo al pase de dos. Total, cola no había y las entradas tampoco estaban agotadas. Lo contrario sería una quimera. Ahora, estaréis pensado que me he dejado una pasta, pero no. Entre descuentos y promociones (sí, las hay), pagué 4,80 euros por entrada; 9,60 en total. Insisto en que era lunes y no miércoles, día del espectador. Porque el cine no es un servicio de lujo, ni mucho menos. Aunque entiendo que debería de ser más accesible, sobre todo, llamar la atención de aquellos que no están familiarizados (véase la Fiesta del cine). Lo que encarece su experiencia son los elementos que la rodean (las palomitas, las gominolas o la Coca-Cola). Pero, de todas formas, el precio depende del gusto. Por eso la bajada del IVA del 21 al 10%, efectiva desde el 5 de julio, no aumentará el interés por el cine. Ni la asistencia, evidentemente. En su primer fin de semana, ha mejorado los datos del anterior y el de hace dos (el peor del año), pero eso no debería de ser ningún consuelo.

Es cuestión de preferencias, y en España, el cine está al final de la lista. En 2017, el precio medio de una entrada fue de seis euros, según el Observatorio Audiovisual Europeo. Durante los fines de semana de 2018, cuando más escasean las ofertas, de 7,31, según Facua. Por dos horas de ocio y entretenimiento. Es hora de admitir que somos más propensos a gastarnos ese dinero en una terraza, en comer o cenar fuera de casa, en salir de noche, en una copa, en un partido de fútbol o en apuestas deportivas. Ir al cine no es más caro que todo eso, incluso puede ser bastante más barato. Pero, probablemente, a esa falta de interés haya que sumarle un cierto desconocimiento. Es más fácil excusarse diciendo que es prohibitivo.

Este no pretende ser un artículo romántico. Desde luego, no una defensa a ultranza del cine. De hecho, es la industria quien debe poner urgentemente en marcha soluciones en colaboración con las diferentes instituciones. Simplemente, me gustaría aclarar que la reducción del IVA no es la panacea, ni el remedio. Será bienvenida para los que iban, pero no va a convencer a nuevos espectadores. En otras palabras, que el precio de la entrada sea 70, 80 o 90 céntimos menor, no va a hacer que Adrián vaya más veces, pero tampoco va a conseguir que quien no haya asistido nunca, o lo haga esporádicamente, se decida a hacerlo. No pido que todos seamos como Adrián, aunque si todos nos pareciésemos a él en una cuarta parte, nos iría mejor. La solución no es tan sencilla como reducir el IVA. La vida no es como las películas, es bastante más difícil, y es demasiado corta para estar siempre cabreado.

Periodista vigués. No trabaja en el Daily Planet, ha estado en el decano de la prensa nacional y ahora va A la Contra, buscando siempre la mejor opción. Colabora con Radio Marca. Su debilidad no es la kryptonita, sino la Cultura y el Deporte, pero en el buen sentido. No vive en Smallville. Su nombre no es Clark Kent, tampoco es Superman, solo es periodista.

2 Comments

2 Comments

  1. margarita

    29/07/2018 at 15:54

    Creo que debería cuidarse mucho la gramática del castellano entre los periodistas. Hasta ahora el verbo ir en tiempo pasado no es «iban» sino IVAN. Por una falta de ortografía se puede suspender un curso universitario.

  2. Pingback: Miki Esparbé: "Tenemos mucho miedo, nos cuesta cada vez más relacionarnos" - Entrevistas - A la Contra

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