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Real Madrid

James y el otro Zidane

Nadie sabe qué le ha hecho James a Zidane y poco ha inquietado hasta hoy. Lo que ha dejado intuir el técnico es que no lo quiere ver ni en los anuncios.

Después de la final del Mundial de 2006, recordada por el cabezazo de Zidane a Materazzi, el diario L’Équipe entrevistó al italiano para aclarar lo que sucedió entre ambos jugadores. Negando tajantemente que haya lanzado un insulto a la madre del francés, el ex defensa central dijo: “A Zidane le dije unas palabras estúpidas que no podían provocar tal reacción”. Explicó que en el ataque inmediatamente anterior había agarrado de la camiseta a Zidane y éste le dijo “si quieres mi camiseta, te la doy luego”, a lo que respondió “prefiero a la puta de tu hermana”, sin saber si el francés tenía una hermana. “En cualquier campo de Roma, Nápoles, Milán o París se escuchan cosas bastante peores y él lo sabe”, finalizó.

El italiano expresó su sorpresa al ver que, siendo algo que pasa a menudo en los partidos, un incidente así hubiera tenido tal grado de importancia. Tiempo después se dijo que Lippi, técnico de la selección italiana, conocía desde que lo entrenó en la Juventus que la debilidad del francés era su visceralidad: que quedaba en evidencia en esas reacciones primarias que de cuando en cuando lo hacían irreconocible y que, por tanto, planeó con sus jugadores una estrategia para sacarlo del partido. Preguntado por aquella estrategia en un foro con los estudiantes de Florencia, Lippi se limitó a decir: » Zidane es una persona excepcional, pero de vez en cuando cae en ese tipo de reacciones. Con Materazzi perdió la cabeza, por mucho que las palabras de Materazzi fueran graves, no eran para justificar esa reacción».

Es fácil entender que hoy todavía se recuerde aquel incidente. ¡El protagonista era Zidane! Ese héroe galáctico y silencioso que como jugador se distinguió por cualidades inefables: calidad, sencillez, elegancia y magia en un solo cuerpo. Con tales características, la nobleza y la generosidad se sobreentendían como parte de su dossier. Mucho de esto se encuentra en el libro de Enrique Ortego titulado Zidane, la elegancia del héroe sencillo.

Además del Zidane que conocemos de su época de jugador hay otro y ese otro vuelve a aparecer ahora en su faceta de técnico. Y no me detendré en teorías parapsíquicas que explican la doble personalidad. Cambiemos los nombres: hoy no es Marco Materazzi es James Rodríguez. No conviene mentirnos, la dificultad no está en la pizarra, tal vez la pizarra ni exista en la cabeza del otro Zidane. En su primer ciclo como técnico, su apuesta por Casemiro justificó que James perdiera la titularidad. Llegaron las lesiones de Modric, del mismo Casemiro y de Bale y, sin que existiera explicación de orden técnico o físico, otros estuvieron por delante. Cuando James tuvo oportunidades en las grandes citas resolvió y aún debe estar fresco en la memoria del técnico aquel gol que significó el empate en uno de tantos Clásicos que nunca ganó. Pese a que los números del colombiano en asistencias y goles superaban los registros de quienes más oportunidades tuvieron, no contó para el técnico. Estaba Cristiano, los triunfos llegaban y nadie reparó en ello.

Nadie sabe qué le ha hecho el colombiano a Zidane y poco ha inquietado hasta hoy. Lo que ha dejado ver el técnico es que no lo quiere ver ni siquiera en un afiche promocional. Exige que se venda, pero la peor promoción la hace él al no tenerlo en cuenta en unos simples partidos amistosos. Lo que se espera de un entrenador es el empleo de la economía como aquella ciencia que se encarga del estudio y mejor aprovechamiento de los recursos escasos. Es pertinente hablar de escasez cuando la cruda realidad es que no se cuenta con los 50 goles de Cristiano, las nuevas incorporaciones no son mejores que los titulares y se tiene una plantilla desgastada. En este estado de las cosas, que no tenga sitio en este equipo un mediocampista de creación, con llegada, asistencias y goles (en 111 partidos vestido de blanco marcó 36 goles y concedió 40 asistencias), es inaudito.

A estas alturas, ni Florentino ni los periodistas de diarios deportivos de todo el mundo, ni los aficionados, ni los propios compañeros de equipo entienden la actitud del técnico. El Cholo se frota las manos. Y en Colombia las redes revientan con cada desplante.

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