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Eastwood y Freeman, en Million Dollar Baby. Mínguez y Ares, en el ciclismo español. CORDON PRESS

Ciclismo

Javier Mínguez: tú eres Clint Eastwood

El seleccionador que ha guiado a Valverde a ser campeón del mundo es un hombre de 69 años que hace 18 se quedó sin volante, que a los 31 ganó como director la Vuelta y que demuestra que el cine lleva razón: «No hay hombres perfectos, sólo intenciones perfectas».

Hay gente que está por encima del bien y del mal en su trabajo. No es mucha pero la hay como él, Javier Mínguez, al que hoy se me ocurre imaginar dando un paseo, junto a Javier Ares, por la Plaza de Zorrilla o por la calle Santiago de Valladolid: el sitio, en realidad, da igual. No sé quién de los dos sería Morgan Freeman y quién Clint Eastwood. Pero entre los dos no imagino otra conversación que no sea de ciclismo y tampoco me atrevo a decir cuál de los dos tiene más derecho a apropiarse de esa frase de Clint Eastwood: «No hay betún suficiente para oscurecer mi pelo ni lija tan potente para suavizar todas mis arrugas». Quizás Mínguez, que es cinco años mayor que Javier Ares. Quizá hasta Mínguez haya sido peor tratado por el ciclismo, en el que empezó en el 64 y tuvo que dejarlo en el 2000 en contra de su voluntad. El mundo le dejó sin equipo, pero no fue una tragedia que le impidiese seguir viviendo. Regresó a esa correduría de seguros que un día montó en Valladolid, una pequeña empresa de ocho personas con la que supo ganarse la vida, regatear a la crisis y, algo más importante, ser feliz sin hacer lo que más feliz le hacía.

Javier Ares, sin embargo, siempre tuvo un micrófono. Una diferencia que le impidió pasar de moda en todos estos años lo que retrata una descomunal diferencia con el hombre al que imagino paseando ahora a su lado por las calles de Valladolid, Javier Mínguez, sin rumbo fijo. El único rumbo es el recuerdo, que es como un justificante de pago. Una puerta que se abre y que abraza a un hombre que fue uno de nuestros sindicatos más representativos. Lo vivió todo. Hasta dio la vuelta a los Campos Elíseos de París en los últimos dos Tours de Indurain. Fue uno de los nombres inconfundibles del ciclismo y si alguien merecía guiar alguna vez a un ciclista a ser campeón del mundo probablemente fuese él. El mismo hombre que hoy está a cuatro meses de cumplir 70 años, edad insuficiente para retirarle, edad que hoy sólo nos concede el deseo de arrepentirnos de no estar dentro de esa conversación entre él y Javier Ares. Las palabras las pone Ares y él la importancia de tomar decisiones con las piernas cansadas y de reivindicar que esta es su pasión, «porque de las pasiones no se cansa uno nunca», le escuché decir una vez. «Otra cosa pueden ser los viajes, los hoteles, las horas de coche. Pero cansarse del ciclismo sería como darse por vencido».

Quizá por eso el destino ha sido sabio con Mínguez. Quizá de ahí mi idea de situarlo en una de esas películas de Clint Eastwood o en uno de sus personajes. Hasta con la profecía que nos dejó aquella vez Morgan Freeman cuando nos hizo saber que «no hay hombres perfectos, sólo intenciones perfectas». Por eso esto no es una manera de juzgar a Mínguez ni su amistad con Javier Ares, sino de explicar que el ciclismo tiene un sexto sentido y que, a veces, también se parece a las películas. Las emociones tardan un poco más en llegar, hasta 18 años de espera en el caso de Mínguez. Pero tampoco piden permiso. Han llegado en un puesto como el de seleccionador nacional, reservado a un solo día al año y sin segundas oportunidades. Quién lo iba a decir y cómo explicarles a nuestros hijos que el hombre que acaba de ganar el Mundial con Alejandro Valverde es el mismo que venció en la Vuelta a España con Faustino Rupérez en 1980.

Tenía entonces 31 años, un carácter y una voz que desaconsejaba olvidarle. Su pelo, totalmente oscuro, era imposible de oscurecer. Pero dentro de él respiraba el mismo rebelde que hoy, a los 69 años, acaba de sacar la cátedra en el único escenario que le faltaba. Por eso no sólo Alejandro Valverde ha sido campeón del mundo. También lo ha sido él, Javier Mínguez, y el que lo ha vuelto a narrar, el que ha vuelto a anticiparse al futuro, como en los mejores años de nuestra vida, ha sido Javier Ares. Su paisano. El periodista. Nuestro periodista de ciclismo. El hombre que nos invita a volver al pasado y nos transporta al futuro como tal vez estará haciendo ahora con Mínguez en esa imaginaria conversación paseando por la calle Santiago de Valladolid en la que, decididamente, Ares es Morgan Freeman y tal vez siga hablando de «la magia de arriesgar todo por un sueño que nadie más que tú puede ver». Javier Mínguez dirá entonces que Clint Eastwood es él, porque «no hay betún suficiente para oscurecer mi pelo ni lija tan potente para suavizar todas mis arrugas». Pero, afortunadamente, siempre quedamos nosotros para darle las gracias.

1 Comment

1 Comment

  1. Francisco

    02/10/2018 at 10:03

    Magnífico artículo; suscribible por quien ame y entienda tan sólo un poco de ciclismo.
    Gracias, Mínguez, y gracias, Alejandro Magno…

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