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El periodista Jesús Ordovás presenta su libro 'Fiebre de Vivir'.

Música

Jesús Ordovás: “El rollo en los setenta era ir a la contra»

El incombustible periodista musical publica “Fiebre de vivir” (Ed. Efe Eme), un viaje literario con apuntes autobiográficos en el que repasa la música y la contracultura de los años setenta a través de los personajes más “apocalípticos y desintegrados” de la década.

Jesús Ordovás (Ferrol, 1947), crítico musical, DJ, mítico conductor de Diario Pop en Radio 3 y autor de títulos esenciales para entender la música en España de las últimas cuatro décadas, confiesa sin rubor que lo que él en verdad quería en los setenta era convertirse en el Bob Dylan español: “Me compré una guitarra, una armónica, todos sus discos, las letras, incluso fui al conservatorio, pero allí me dijeron que no valía para músico, que no tenía oído. Entonces dejé la guitarra y la armónica y me dediqué a seguir a la gente que empezaba a hacer cosas a finales de los años sesenta y primeros de los setenta”. Esa supuesta falta de oído no le ha impedido, sin embargo, descubrirnos a los artistas más originales e influyentes de la música popular española a lo largo de más de cuarenta años de carrera.

– ‘Fiebre de vivir’. Un título ilusionante para una década bastante inquieta.

– Teníamos veintitantos años. Estábamos en un momento en el que tienes eso, fiebre de vivir. Entre los veinte y los treinta años tienes una gran efervescencia hormonal, muchas ganas de experimentar, de ver cosas y hacer cosas y todo eso se manifiesta a través de la música, de la poesía, de los comics o del cine. Y hay una generación en los setenta que tiene una gran creatividad y que hace muchísimas cosas. El titulo está tomado de un disco de Moris, que era un argentino que escapó de la dictadura de Videla y se plantó en Madrid en los setenta con una guitarra bajo el brazo. El disco más importante de su carrera fue ‘Fiebre de vivir’. Las letras, la música y el espíritu de aquel disco define muy bien lo que es este libro: gente con ganas de vivir al margen de la cultura oficial, al margen de lo que había que hacer, gente que buscaba sensaciones nuevas.

– Y la llegada de Moris resultó clave en el rock español de entonces.

– Moris era un desintegrado de la cultura argentina. Y fue muy importante porque mientras que aquí casi todos los grupos cantaban en inglés en los años setenta él dijo que lo de cantar en inglés era una ridiculez, porque la gente no te entiende y además ¿Cómo ibas a competir con artistas como Bob Dylan o los Rolling Stones? Dijo, soy argentino, estoy en España y voy a cantar en castellano. Estamos en un mundo en el que trescientos millones de personas hablan en castellano. Entonces, casi todos los grupos que comenzaron cantando en inglés, como Burning y otros muchos, dijeron, coño, es verdad, para qué vamos a estar imitando a los Rolling, porque los Burning empezaron queriendo ser los Rolling Stones, y se dieron cuenta inmediatamente de que era ridículo.

– Apocalípticos y desintegrados ¿Eran así los músicos españoles en los años setenta?

– Éramos, porque yo me cuento entre ellos. Éramos, sobre todo, gente desintegrada, todos a imagen y semejanza de lo que eran los Hippies o la Beat Generation. Íbamos a la contra de lo que era la cultura oficial. Ese era el rollo. Vivíamos con el afán de conocer a gente a través de la música, a través de la poesía o de la literatura. Desintegrados como Smash, un grupo formado por cuatro sevillanos que escuchaban a Jimi Hendrix, a los Cream, y a Bob Dylan por la radio americana en Sevilla y montaron un grupo para hacer lo que les gustaba. No tuvieron éxito a pesar de contar con el apoyo de productores y compañías de discos, porque ellos se dedicaban a fumar, a tomar tripis y a vivir la vida; no estaban dispuestos a ser peleles de compañías de discos.

– Todo un personaje, Gualberto García.

– Smash, con Gualberto al frente, fue el grupo más importante del underground de los años setenta. Gualberto, que había estado en el festival de Woodstock, recorrió Estados Unidos y trajo músicos americanos a España. Después de la separación de Smash editó un par de discos con esos músicos y es lo más interesante, creativo y alucinante que se hizo en los años setenta en el underground español.

– Y genios desintegrados como Fernando Arbex, Teddy Bautista, Pau Riba, Mario Pacheco, Sisa, Gonzalo García Pelayo…

– Arbex y Bautista fueron, además de grandes músicos, unos pioneros en la conquista del mercado internacional con Barrabás, Los Brincos y Los Canarios. Pau Riba quería ser el Bob Dylan catalán y de hecho casi lo consiguió. Es el padre del rock catalán, el músico más importante y creativo. Y sigue en activo, ha hecho muchos discos. En el sesenta y nueve hizo ‘Dioptría’, un disco doble, que es el mejor disco que se ha hecho en el rock catalán en toda su historia. Cuando estaba presentado ese disco dijo de pronto “a la mierda todo” y se fue a Formentera a vivir como un hippy durante varios años.

– Mario Pacheco fue uno de los personajes más influyentes de aquella época.

– Fue el creador del sello Nuevos Medios, que fue muy importante en los años ochenta, pero que ya en los años setenta había producido a gente muy buena. Organizó muchos festivales y fue un fotógrafo importantísimo, hizo portadas para Camarón, para Paco de Lucia, para Burning, para muchos grupos. Fue un personaje clave. Sisa continúa haciendo cosas. De hecho, el mejor disco de este año en Cataluña es el nuevo de Sisa. El cantautor galáctico, un personaje ácrata fantástico. Gonzalo García Pelayo fue un personaje esencial en el underground porque no solo estaba en prensa, radio y televisión, también era director y productor de cine, manager de grupos y productor de discos. Luego se dedicó a desbancar casinos en todo el mundo. Ha tenido una vida acojonante.

– Cuando regresas a España, en el setenta y cinco ¿Qué te encuentras?

– Me había dedicado a recorrer Europa y Estados Unidos. Quería vivir nuevas sensaciones, conocer gente, nuevas culturas, vivir cosas que aquí eran imposibles de vivir. Franco murió en el setenta y cinco y yo me fui de España en el setenta. Primero me fui a París, después a Ámsterdam, luego Londres y Estocolmo. Y después a Estados Unidos, a California. Editaba libros y escribía artículos para Triunfo o Disco Exprés, revistas en las que entonces escribía gente que quería contar lo que estábamos viviendo, como Diego Manrique, que vivía en Burgos, y aunque no viajó tanto como yo estaba muy al tanto de todo lo que ocurría en el mundo de la música. Cuando vuelvo me encuentro a una sociedad en la que hay mucha gente con ganas de vivir. Una sociedad que está esperando a que se muera Franco. Y efectivamente, Franco se muere. Y entonces la gente empieza a decir, coño, por fin ya podemos respirar, podemos hacer cosas, podemos editar discos, podemos editar revistas, podemos organizar festivales. A partir de ese momento comienza una eclosión de actividad en todo, en el cine, con Gonzalo García Pelayo haciendo películas o con Almodóvar haciendo cortos. Y nuevos grupos, nuevos dibujantes, nuevos escritores. Toda la gente que luego despega en los ochenta ya se está moviendo en la segunda mitad de los setenta. En los cines Alphaville ya se pueden empezar a ver películas que antes no se podían ver.

– Y te encuentras con Burning en La Elipa.

– Si. Fue una suerte, porque justo debajo del piso que alquilé en La Elipa ensayaban los Burning, que entonces hacían rock & roll al estilo de los Rolling Stones. Cantaban en inglés y hacían versiones. Me hice muy amigo de ellos, les entrevisté para Disco Exprés y les llevé a Radio España FM Onda 2, donde acababa de empezar a trabajar. Les puse luego en contacto con Fernando Colomo para la película ‘¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?’. Se hicieron muy famosos. Luego murieron el cantante y el guitarrista a causa de la heroína. Pero fue un grupo clave en el rock español en los años setenta y los primeros ochenta, antes de que llegara La Movida. Aunque los supervivientes siguen funcionando, con Johnny al frente.

– Y comienzas a ir de festival en festival.

– Cuando regresé, en el setenta y cinco, lo primero que hice fue ir a Canet Rock, el primer festival tipo Woodstock que hubo en España, en el que tocaron casi todos los grupos que había entonces: Pau Riba, Gualberto, Lole y Manuel, que acababan de empezar. Todavía no se había muerto Franco. Fue muy importante. Casi todos los grupos catalanes participaron, menos Sisa; le prohibieron cantar porque había hecho unas declaraciones ácratas diciendo que a él no le interesaban ni los gobiernos, ni las patrias, ni la madre que los parió.

– Y al festival de la Cochambre.

Portada de La Voz de Castilla en la que se hace mención al festival de la cochambre.

Portada de La Voz de Castilla en la que se hace mención al festival de la cochambre.

– Si, al Festival de Burgos, que fue legendario y solo se celebró uno, se le llamó el Festival de la Cochambre. Tocaron casi todos los grupos de entonces en la plaza de toros. Todos los Hippies y la gente del Rrollo fue a Burgos y el periódico La Voz de Castilla nos recibió en primera plana con el titular “La invasión de la Cochambre”, por eso el festival terminó llamándose así.

– ¿Cómo nace El Rrollo?

– Hay toda una cultura underground que comienza a salir y hay mucha gente metida en muchas cosas. Lo que se conoce como La Movida, que fue también una eclosión de artistas y bandas, tiene sus antecedentes en toda esta explosión de los años setenta que se llamó el Rrollo. Había que darle un nombre a todo lo que ocurría en el underground y Gonzalo García Pelayo y los Smash lo llaman El Rrollo. Y crean una especie de manifiesto, que está en el libro, un manifiesto en el que se dice los que están en el Rrollo y los que no están. La gente de las cuevas lúgubres, los ejecutivos, no están en el Rrollo. La gente que está en el Rrollo es la gente que va por la calle buscando la belleza.

– ¿Dónde se desarrolla principalmente el Rrollo?

El Rrollo está en tres escenas, sobre todo en tres ciudades: Madrid, Sevilla y Barcelona. En estas tres ciudades se editan revistas, se forman grupos, hay productores, hay una eclosión de creatividad y surgen cosas que tienen trascendencia porque hay muy buenos discos, revistas y comics. Surgen los primeros dibujantes, como Mariscal o Nazario, revistas como Ajoblanco o Star, los promotores comienzan a organizar festivales, a traer grupos internacionales, sobre todo en Madrid y Barcelona.

– ¿Cuáles son los discos más importantes nacidos al amparo del Rrollo?

Aunque Triana tuvo más éxito que Veneno, el disco de referencia de aquella época, el más creativo y el más fuerte, y el que a la larga tuvo más repercusión fue ‘Veneno’, el disco de Veneno, que salió en el setenta y siete. De los discos catalanes de la época me quedo, sobre todo con ‘Dioptría’, de Pau Riba, que es un disco definitivo, y ‘Qualsevol nit pot sortir el sol’, de Sisa, que son seguramente de lo mejor que se hizo en los años setenta y de lo mejor sin duda que se ha hecho en toda la historia del rock catalán. En la escena madrileña creo que el primer disco de Burning fue de lo mejor que se hizo en aquella época y fue toda una referencia, un disco clave para todo el rock que después se ha hecho en Madrid.

– ¿Fue el Rrollo la antesala de La Movida?

– En la segunda mitad de los setenta también aparece el Punk y voy conociendo a gente mucho más joven, como el Zurdo, Alaska, Carlos Berlanga, Herminio Molero o Pedro Almodóvar, lo que fue el núcleo de lo que después se llamaría La Movida. Molero forma Radio Futura, Almodóvar comienza a hacer largos, se forma Kaka de Luxe. Toda esta gente es del Rrollo.

– Pero La Movida se recuerda y se repasa mucho más que los setenta o El Rrollo.

– La Movida es más reciente y, fundamentalmente, es una época en la que ya no hay censura. Los grupos salen en televisión, en los medios escritos y en las emisoras de radio. Se crea Radio 3, también El País y Diario 16, La Luna de Madrid tiene mucho éxito, Madrid me mata también tiene mucho éxito, y todos los periodistas le damos voz a esa Movida incluso desde los medios públicos. Y claro, es una eclosión acojonante, y todos esos grupos, aunque no saben tocar muy bien, empiezan a ser muy conocidos. En los setenta era muy difícil que una banda saliera por televisión, eran grupos subterráneos, no se hablaba de ellos en los medios, mientras que en los ochenta salían en un montón de programas, eran estrellas. La Movida fue sin duda una época floreciente, pero tuvo sin duda una gran repercusión mediática a todos los niveles, en prensa, radio y televisión, nacional e internacional, porque, claro, España es una nueva democracia y todo el mundo pone su vista en lo que está pasando. En los setenta nadie ponía su vista en España salvo si había fusilamientos o cuando ocurría alguna catástrofe. En los setenta la música se movía por el underground, pero no dejaba de ser interesantísimo todo lo que se hacía, aunque solo nos enteráramos unos cuantos miles.

– ¿Era difícil hacer periodismo o crítica musical en los años setenta?

– En los setenta, cuando estaba en la radio, me daban una lista de canciones prohibidas, te daban un montón de hojas y te decían: Todas estas canciones están prohibidas. Aun así intentábamos poner canciones que queríamos poner. A más de uno lo echaron de alguna emisora por poner canciones que estaban prohibidas. Había una censura bastante fuerte, a pesar de ello, los que estábamos haciendo prensa, radio o televisión intentábamos dar a conocer lo que nos parecía más interesante, los grupos, las ideas. Si en los años setenta hubiera puesto en la Radio “Todos los ahorcados mueren empalmados” o “Hoy voy a asesinarte, nena”, pues me hubieran metido en la cárcel.

– ¿Cambiaron mucho las cosas en los ochenta?

– La libertad que nos llegó a los periodistas a principios de los años ochenta fue bestial. Sobre todo los dos primeros años, en los que hay una gran efervescencia y absoluta libertad. Además, en aquella época nadie te prohibía nada, todo el mundo tenía miedo a prohibirte algo. Habíamos comenzado el periodo democrático y nadie de arriba se atrevía a decirte nada, por si acaso. Ponías barbaridades, entrevistabas a quien fuera y nadie te decía nada. Hasta que un día salen Las Vulpes en televisión y se forma un escándalo. A partir de ese momento comienzan a censurarse los contendidos en televisión, quitan la Edad de Oro, quitan La Bola de Cristal, echan a Carlos Tena de la televisión pública, hay un mayor control sobre los grupos que llevas.

– Porque en los setenta algunos hacían radio con los grises en la puerta.

– Sí, Mariscal Romero emitía desde Radio Centro, un edificio donde estaban los sindicatos franquistas, frente al museo del Prado. Allí, en un piso, hacía su programa con dos policías en la puerta, había dos Grises en la puerta del estudio, por lo que pudiera pasar. Un día llegó Kiko Veneno de Sevilla para participar en el programa y cuando vio a los dos grises, dijo, coño ¿Esto qué es? ¿Una cárcel? Entonces Mariscal Romero se mosquea y le dice, tío, esto no es una cárcel, esto es mi programa. Entonces hay un rifirrafe entre Kiko Veneno y Mariscal, los dos compitiendo por ver quién era más chulo y pasota, lo que provoca el mosqueo y la marcha de Veneno, que dice que con esos dos monigotes allí, no habla.

Ha pasado por todos los sitios habidos y por haber, públicos y privados, desde que en 1999 comenzaron estas cosas digitales. De todos se fue. En 'A la Contra' aspiramos a que aguante mucho con nosotros. Exresidente en Londres y apasionado de la música, también escribe historias que a veces se convierten en libros.

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