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John McEnroe comentando un partido en Wimbledon. Foto: Cordon Press

Especial McEnroe

Con un micrófono por raqueta

El lenguaje de John McEnroe como comentarista es el mismo que cuando competía: desvergonzado, valiente, incorrecto… A veces, incluso inconsciente.

En mitad de la entrevista pospartido, el entrevistador a pie de pista le confesó a Rafa Nadal que lo había visto desnudo en el cuarto de baño al final del segundo set. Las risas en el recinto de Melbourne se desataron. El tenista mallorquín, que acababa de eliminar a Stefanos Tsitsipas para acceder a la final del Open de Australia, le preguntó intrigado qué le había parecido aquella imagen. El hombre con el micrófono en la mano respondió: “Se parecía mucho a mi cuerpo”, aunque inmediatamente después pecó de sinceridad y reconoció que era “totalmente mentira”. “He pensado que ojalá tuviera un cuerpo como ese”, prosiguió. Ese entrevistador tan particular es John McEnroe.

El legendario extenista estadounidense celebra su 60 cumpleaños y, a juzgar por lo que vimos en el último Open de Australia, inaugura década en plena forma. No tanto física, sino más bien mental. El propio McEnroe reconoció sus carencias en otra entrevista pospartido con Nadal. Este acababa de eliminar a Frances Tiafoe para colarse en las semifinales del cuadro cuando el neoyorkino le retó a que imitara las celebraciones de su rival y festejara la victoria quitándose la camiseta y luciendo musculatura. El desafío dejó a Rafa patidifuso. Por no hablar de a su novia, Xisca Perelló, cuya cara era un poema desde la grada. “Para ser sincero, no tengo su cuerpo”, intentó esquivar el español. Lejos de dejarlo pasar, McEnroe contragolpeó como en sus mejores años: “Puedes hacerlo de broma conmigo y quedaría muy bien”. Nadal volvió a negarse y le pidió entre risas que lo hiciera él solo. El entrevistador utilizó el comodín del público a la desesperada, pero no surtió el efecto deseado. La reacción del número uno español, que acabó igual de abrigado como al principio de la entrevista, lo dijo todo: una carcajada abierta y un ligero toque con la mano en el cuerpo de McEnroe, como si de un colega más de Manacor se tratase.

 

 

Decir que John McEnroe es uno de los mejores deportistas de la historia es quedarse corto; es un personaje único, inimitable e insustituible. Para bien y para mal. También en el Open de Australia, le dio a entender a Lucas Pouille, que acababa de derrotar a Milos Raonic para sellar su pase a las semifinales del cuadro, que a partir de ahora más jugadores apostarían por entrenadoras y no entrenadores. El comentario de McEnroe iba en referencia a que Pouille se entrena con una mujer, Amelie Mauresmo, y no con un hombre. La respuesta del tenista francés todavía se aplaude en las gradas: “Deberían. No se trata de ser hombre o mujer. Se trata de saber lo que haces y ella de tenis lo sabe todo”.

En junio de 2017, McEnroe se posicionó claramente a favor de la igualdad salarial en el mundo del tenis. Es más, se puso a sí mismo como ejemplo de “orgullo feminista”. El neoyorkino mantiene una relación de amor-odio con Serena Williams. En una entrevista en NPR, afirmó que “Serena es la mejor tenista femenina de la historia”. Eso sí, tampoco se mordió la lengua cuando le preguntaron por qué lugar ocuparía la michiguense en el ranking del circuito masculino: “El 700… Esto no significa que no piense que Serena es una jugadora increíble. En un día concreto, podría ganar a algún tenista gracias a su fuerte mentalidad. Pero si jugara el circuito masculino, sería una historia totalmente diferente”. Williams le respondió a través de su cuenta de Twitter personal con un: “Querido John, te adoro y te respeto, pero, por favor, déjame en paz con tus declaraciones que no están respaldadas por hechos”. La respuesta de McEnroe se hizo de rogar, pero no dejó indiferente a nadie. En noviembre del año pasado, reconoció, a sus 59 años: “Si me pusiese a entrenar en serio, todavía podría ganar a las hermanas Williams”.

Podría decirse que McEnroe está igual de a gusto con una raqueta en la mano que con un micrófono. Se mueve como pez en el agua cuando las cámaras le apuntan. Tanto es así que en 2004 presentó un talk show de nombre, nunca os lo podríais imaginar, McEnroe. El programa funcionó muy mal en audiencia y a los cinco meses fue cancelado. Por si fuera poca su experiencia en la televisión, se hizo cargo de un concurso con formato pregunta-respuesta que se emitió en Estados Unidos e Inglaterra. De nuevo, las audiencias no acompañaron. Actualmente, ejerce de comentarista y entrevistador a pie de pista en algunos de los principales torneos de tenis. Sus comentarios no dejan indiferente a nadie, si no, que le pregunten a Rafa Nadal o Serena Williams.

John McEnroe fue un deportista a contracorriente. Un tipo que en una entrevista al diario El País reconoció: “El tenis es demasiado aburrido, actuaba así porque me aburría”. Su lenguaje frente a una cámara es el mismo que cuando competía en una pista de tenis: desvergonzado, valiente, incorrecto… A veces, incluso un tanto inconsciente. A sus 60 años, no tiene pinta de que vaya a cambiar. Ahora, McEnroe pega los golpes con un micrófono y no con una raqueta.

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