¡Síguenos!

Golf

Jon Rahm, ¿y ahora, qué?

Tras el éxito de Rahm en el Open de España toca hacerse algunas preguntas: ¿Por qué el golf no genera en los empresarios la confianza que sí reclama el público?

El domingo pasado, Jon Rahm levantó el título de campeón en el Open de España, un torneo que pocas semanas antes ni él mismo planteaba en su calendario, a pesar de haber sido una motivación durante toda su carrera (no solo la era profesional).

Las razones de esa incertidumbre no radican únicamente en la complejidad del calendario del flamante golfista español, sino en la dificultad que el golf español tiene para asentar un deporte que hace pocos años era el rey en los eventos internacionales entre nuestras fronteras, por delante del motociclismo y el tenis (y salvando las diferencias con aquellos deportes que reciben huéspedes internacionales casi semanalmente, como fútbol, baloncesto y balonmano, entre otros). ¿Cuándo se ha llegado a este desgaste? ¿Por qué el golf no genera en los empresarios la confianza que sí reclama el público?

Evidentemente, que Jon Rahm acudiera a Madrid la semana pasada activó las ganas de muchos aficionados de acudir a ver el Open. Impresiona ver centenares de cabezas perseguir una bola en el cielo, sintiendo con pasión cómo la bola se acerca al objetivo. Independientemente de la tensión que pudiera provocar la masiva afluencia de público en el propio Rahm, la realidad es que el golf es un deporte que tiene una cabida especial en nuestro país, con el único y ridículo estigma de ser un deporte elitista. Lo que requiere el golf es tiempo y esfuerzo, porque frustra que no sea fácil a la primera. A esto volveremos otro día.

La tremenda victoria de Rahm, un hombre que vive entre dos mundos, pegado a medias entre un palo de golf y un avión, es solo la punta del iceberg de los éxitos acumulados en la última edición del histórico Open de España. A este primer puesto, cabe añadir:

El tercero y quinto puesto que Nacho Elvira y Jorge Campillo, respectivamente, coleccionaron en Madrid. Ambos son un tema a tratar aparte, especialmente Campillo, esplendoroso en su juego, que le ha llevado a ser 12º en la Race to Dubai y sin sponsor fidelizado.

—La asistencia de casi 50.000 personas en los cuatro días que dura el torneo, con la salvedad de que los dos primeros caen en jornada laborable, imposibilitando la presencia. Estas cifras son similares a las que pueda registrar el Palacio de los Deportes en partidos del Real Madrid y muy superiores a las que contabiliza el Getafe en sus encuentros en casa, por ejemplo.

—El apoyo incondicional del Circuito Europeo, consciente de la relevancia del golf español en la escena mundial. Porque, además de la infraestructura y el componente meteorológico, casi inigualable, ¿cómo es posible que un país que puede contar con hasta tres representantes en las filas europeas de la Ryder Cup, la cuarta parte del conjunto, solo tenga dos torneos de golf de máximo nivel y ambos registrados a última hora? La primera respuesta de agradecimiento es al Tour, que nunca pierde la esperanza de que España despierte.

—Finalmente, el esfuerzo innegable de la Federación, sobre la que comentaremos brevemente, y todos sus empleados, incluidos los voluntarios que ayudaron al milagro que ha supuesto la preparación del campo.

Existen muchas sugerencias de hacia dónde llevar este movimiento. La responsabilidad recae directamente en la Federación, institución que cuenta con una impetuosa y espectacular ambición por formar golfistas y dar apoyo a aquellos que buscan hueco en el competitivo entorno profesional, pero que cojea en la comercialización de este producto. El apoyo económico que este torneo requiere debe venir del ámbito privado y, salvo contadas excepciones, este sector no se prodiga en la esponsorización de un torneo se este calibre. El peso final de este torneo ha recaído en el Circuito Europeo, circunstancia que no garantiza que el Open de España siga vigente el año que viene. Ni siquiera si vienen Jon Rahm, Rafa Cabrera-Bello o Sergio García, nuestros primeros espadas, jugadores tremendamente comprometidos con la fidelización del golf en España. ¿Seremos capaces de conseguirlo? Que no sea porque no lo hemos intentado.

No nací un bunker, pero sé bien, o eso creo, qué hacer para no pasarme la vida dentro de uno de ellos. Me gusta el golf hasta el punto de dormir en la misma habitación que mis palos, de hablarles durante la vuelta para que se sientan cómodos y de no meter una caja de bolas en la bolsa el mismo día que voy a jugar porque creo que no les ha dado tiempo a confraternizar con los hierros. Lo dicho, un friqui del golf.

Comenta

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Anuncio
Anuncio

Más en Golf

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies